por Mónica Hoth


¿Ya les dijeron algo?  ¿Ya les van a entregar a su difunto?

Pero pidan que no se los den incinerado, porque cobran más y están dando gato por liebre.

Eso no es correcto. No es correcto lo que están haciendo. Es un batidillo. No hay consideración ni respeto.

¿Y sabe cómo nos dimos cuenta de lo que están haciendo? Fíjese, le voy a contar desde el comienzo. Usted conoce cómo se celebra la fiesta de la Santa Cruz aquí en San Luis de la Paz. Bueno pues mi patrón, ahí en San Miguel no quería que yo viniera por lo del coronavirus,  pero ya sabe cómo es uno y me viene y estuvo muy bonita; hubo música, danzas, se levantaron xuchiles, vinieron Los Locos y todos bailamos, y tomamos mezcal y comimos carnitas, muy bonito todo, y luego pasados unos 15 días, me habla mi tía para contarme que habían hospitalizado a mi primo Paco, aquí, en este hospital, porque se había sentido mal, con síntomas del canijo COVID. Y tres días después, que ya estaba muerto.

Mi tía se desmoronó y mis primos y todos, y vinieron por él y se los entregaron en una bolsa de plástico. No la abran porque se contagian, les dijeron los de la morgue, y ni lo velen. Entiérrenlo, pero ya.

Y ahí vengo de vuelta, para el entierro de mi primo Paco.

Y qué cómo que no lo vamos a velar, dijo mi tío,

Y a velarlo,  como debe de ser, con música y café y mezcal

Ahora sí había cañitas para todos, no como en la fiesta, donde todos tomamos de la botella, por lo que estábamos espantados, y seguimos estándolo.

No, no se preocupe, estamos a más de un metro de distancia.

Y no estamos por eso aquí, sino porque el problema fue que afortunadamente mi tío Copitas, en abierta demostración de su sobrenombre, a la sexta cañita de mezcal se abalanzó contra la bolsa de plástico, llorando a mares, y diciendo

¿Cómo no me voy a despedir de mi sobrino favorito? ¿Cómo lo voy a dejar ir?  ¿Sin un abrazo?  ¿Sin un adiós? ¿Sin una bendición?

Y todos estuvimos de acuerdo en abrir la bolsa, porque así es la familia.

Y al abrirla, zaz, que descubrimos que el cadáver que estábamos velando, el cadáver que estaba en la bolsa, no era el de nuestro Paco.

Pero Copitas, como estaba tan briago, no se daba cuenta y le daba de besos al desconocido. A jalones lo tuvimos que alejar porque él no entendía. Y luego nos vinimos de regreso para acá, al hospital, con la bolsa para reclamar a nuestro difunto.

Y ahora están ahí abajo, entretenidos porque el de la morgue les dijo; llévense el que quieran, que aquí hay más de 30 cuerpos, esperando que los recojan.

Pobre de mi tía, está allá abajo, y ahí hace tanto frío y ella ya está estornude y estornude, a ver si no la contagian, pero quiere encontrar a Paco para enterrarlo en su lugar. Porque figúrese, estuvimos así de cerca de enterrar a un desconocido en la tumba familiar y se imagina ¿qué hubieran dicho mis ancestros? Porque, aunque la tierra es una y a todos nos va a acoger, yo no le voy a llevar flores a un desconocido. ¿O usted que piensa?



Mónica Hoth Von der Meden, Mixcoac, CDMX 1958. Dramaturga, titiritera y gestora cultural. Por su labor ha recibido varios premios y reconocimientos. Desde hace más de 20 años radica en San Miguel de Allende, Gto.

Arte: John Everett Millais, El artista acompaña el duelo por una joven

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