Por Sergio Daniel Andrade

Nota: Pişmiş se pronuncia «pishmish»

Pişmiş era una patita muy curiosa a la que le gustaba preguntar, preguntaba acerca de todo, que si las hormigas caminaban en fila ella decía ¿Por qué?
Qué si las ranas eran muy resbalosas, ella decía ¿Por qué?
Qué si una roca se hundía en el agua y una rama de árbol flotaba, ella decía ¿Por qué?
Qué si el cielo es azul ¿Por qué?
Qué si el sol se oculta ¿Por qué?
Qué si las estrellas brillan y son hermosas ¿Por qué?
Qué si esa mancha a mitad del cielo es, ¿Qué es?
A veces sus hermanos, sus amigos, sus maestros y hasta sus papás se desesperaban de lo preguntona que era la patita Pişmiş.

En la escuela en la que estudiaba la patita Pişmiş, había un profesor que parecía tener muy mal genio, el cual tenía fama de ser muy estricto y de pedirle tareas imposibles a sus alumnos.

El profesor era un oso grizzly, se llamaba Herrán. Herrán el oso era un genio para construir aparatos y se pasaba días enteros haciendo sus propios inventos, una vez construyó un robot para que sus alumnos aprendieran a programar computadoras. Herrán el oso construía sus propios telescopios y los llevaba al salón de clase, pero ninguno de sus estudiantes se atrevía a tocarlos, porque pensaban que Herrán el oso los regañaría o que ellos mismos terminaría arruinando los aparatos.

Un día, casi al finalizar el año escolar, la patita Pişmiş estaba persiguiendo a su profesor, el pingüino Peña. Lo perseguía porque quería saber qué era esa nube gigante llena de estrellas que se ve al anochecer. Pero el pingüino Peña le decía a la patita que no tenía tiempo de explicarle, porque tenía una reunión muy importante con animales muy importantes. Pero la verdad era que el señor doctor profesor pingüino no sabía responder a las dudas de la patita Pişmiş, porque él sólo sabía de un tema, el cual empezaba con: «México es un país megadiverso…». De repente, el doctor pingüino se metió en su oficina, así que la patita Pişmiş, muy triste, comenzó a caminar hacia la salida del edificio a través de un solitario pasillo.

De pronto, la patita Pişmiş se detuvo de golpe, ya que se había encontrado de frente con el profesor Herrán. El oso había visto y escuchado toda la escena del doctor pingüino y la estudiante patita. El oso Herrán se quedó viendo fijamente a la patita, la cual estaba nerviosa, pensaba que la regañaría por molestar con tantas preguntas al doctor pingüino.

Pero lo que le dijo el oso la sorprendió. Herrán sacó un libro de su saco y se lo dio, diciéndole, la nube que se ve al anochecer es parte de nuestra galaxia. Si quieres aprender más, estudia el libro y, si tienes dudas o preguntas, ven a mi salón de clase, para que así pueda explicarte. Después, el oso Herrán continúo caminando.

La patita Pişmiş se dio cuenta de que el oso estaba cargando un tubo muy largo. No pudo contener su curiosidad, así que preguntó muy fuerte, ¿Para qué es ese tubo que lleva cargando?

El oso Herrán, con voz alegre, le dijo, Es un telescopio y antes de que me preguntes, ¿qué es un telescopio?, te diré que esa explicación viene en el libro, averigua para qué sirve un telescopio y si tienes ganas de aprender a usarlo, te espero mañana al atardecer, en el parque, ven con tus papás.

La patita estaba emocionada y llegó a su hogar corriendo. La patita Pişmiş arrojó su mochila al suelo y le mostró el libro que llevaba debajo del ala a su mamá. Cuando la mamá se acercó a ver el libro, quedó impresionada al percatarse que era un libro sobre astronomía, así que le dijo, Vaya ahora resulta que quieres aprender a predecir el futuro.

La patita Pişmiş le dijo con calma y tranquilidad que no era sobre el futuro de las personas de lo que trataba el libro, sino de estrellas y el espacio exterior, después le explicó que la astronomía es muy distinta a la astrología y que no tienen nada que ver, porque la astrología son cuentos inventados para querer engañar a algunas personas, mientras que la astronomía busca explicar, por medio de la ciencia y la razón, la forma en que se comporta nuestro universo. O al menos lo que hasta el momento se puede comprender.

Después de eso, la mamá de Pişmiş se quedó con su hija y juntas comenzaron a leer el libro, buscando el apartado que hablara sobre telescopios.

Al día siguiente, los papás de Pişmiş, aprovechando que no había clases, decidieron acompañar a su hija al parque. Pişmiş no había parado de hablar sobre estrellas y telescopios desde la noche anterior.

Cuando la familia por fin llegó al parque, notaron que un enorme oso estaba ajustando un aparato ya conocido por ellos, se trataba de un telescopio.

Ambos padres saludaron al profesor, el cual se veía muy contento de verlos y más aún al notar el gran interés de la patita, que no paraba de señalar las partes del telescopio al tiempo que decía, Mira mamá, éste es el tripié y mira papá, éste es el contrapeso y allá adentro hay un espeeejoo.

¡Es un telescopio reflector! Grito la patita Pişmiş

Herrán el oso le dijo que estaba en lo cierto, que se notaba lo mucho que había estudiado.

Al llegar la noche, la familia, Herrán el oso y algunos curiosos se encontraban observando a través del telescopio, mirando a las estrellas.

Al finalizar el día, justo antes de marcharse, la patita Pişmiş corrió a darle nuevamente las gracias a Herrán el oso, la patita le abrazó y le dijo, Muchas gracias, amigo, nunca me habían explicado tanto sobre las estrellas y el universo.

Sin quererlo, ni darse cuenta, de uno de los ojos de Herrán el oso brotó una lágrima, porque después de tanto tiempo ya tenía una amiga, alguien que, al igual que él, disfrutaba de aprender del universo y no le ignoraba ni se burlaba de él.

FIN

De París Pişmiş y de José de la Herrán sólo tomé sus nombres.

Pero París Pişmiş es considerada la primera astrónoma mexicana.
Y José de la Herrán es un super ingeniero mexicano.
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La Nuit

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