por Nicolás Rodríguez


Lunes 11 de Marzo 2018,

Los noticieros internacionales llegaron de madrugada, ninguno de los ciudadanos sabía qué pasaba, todos se habían preparado para un lunes cualquiera, pero tan pronto salimos de nuestras casas y vimos el periódico estatal a nuestros pies supimos lo que ocurriría. El titular rezaba “Profesor de Física de la Universidad de Leicester ha creado la máquina del tiempo”; debajo del diario encontré una carta del instituto de física.

Estimado Sr. Serrano,

Como estudiante del Doctor R se le invita cordialmente a la exposición de su más novedosa invención “La máquina temporo-espacial de R”, dicha máquina promete cambiar el mundo como lo conocemos por lo que se le pide al asistente que vaya con una vestimenta formal. La exposición se realizará en el aula magna de la universidad de Leicester a las 9:00 am.  Anexo a la carta encontrará el pase especial que le ha otorgado el Dr. R con su nombre, número de asiento y un pin conmemorativo de la universidad que marca a éste como un acto único e inigualable en la historia de la universidad.

Esperamos contar con su asistencia, le mandamos los más cordiales saludos.

Atentamente el rector Sir W. Wallace.

Estaba asombrado, volteé en todas las direcciones buscando a alguien que compartiera mi asombro, el pasillo estaba vacío, había sido el primero en despertar de mis compañeros de piso, me dirigí a la cocina compartida en busca de alguna creatura viviente, estaba solo. Tomé la ropa más elegante que poseía, me dirigí a la ducha y giré la llave del agua fría, quería despertar, saber que estaba soñando. Justo cerré la llave cuando oí cómo se abría una puerta en el pasillo, después silencio, me vestí sin escuchar sonido alguno, supuse que la persona despierta leía la nota como yo lo había hecho, finalmente alguien corrió a la cocina y de regreso golpeó en cada una de las puertas de mis compañeros.

––¡Tíos, joder! ¡Despertad!

Salí de mi cuarto y vi a cada uno de mis roomies leyendo el periódico que habían puesto en frente de su puerta durante la madrugada, analicé los gestos de todos, algunos estaban asombrados, una chica tenía cara de que se le venía el mundo encima; finalmente todos voltearon, me miraron, les tomó unos segundo entender por qué estaba tan formal.

––Joder tío, te han llamado. Y yo que pensaba que estudiar física era una locura ––me dijo Santiago, un estudiante de ingeniería industrial que pasaba un semestre de intercambio.

––Pues sí ––me reí––; supongo que en efecto sirvió de algo estudiar física, ya les contaré cómo me va.

Caminé a la estación de autobús que se encontraba justo enfrente de los dormitorios, esperé unos minutos y por primera vez en los tres años que llevo en esta ciudad vi el camión que iba directo a la universidad lleno, había una gran cantidad de personas en el autobús, de todas las edades, con ropa formal y con cámaras colgando del cuello. Decidí ponerme el pase que me habían mandado para mostrar mi relevancia, subí al camión, el conductor mencionó que yo sería el último pasajero pues ya estaba a tope el camión. Muchos me miraron, incluso una chica a mi lado me ofreció una suma alta por mi boleto, la cual rechacé.

La entrada a la universidad estaba llena con camionetas de los noticieros, CNN, Fox, incluso había camionetas con logos en chino de noticieros que ignoraba que existían. Caminé más rápido, aunque iba con tiempo de sobra, mis ansias y nerviosismo estaban a tope, no podía creer que presenciaría una máquina del tiempo, necesitaba llegar y sentarme. Como todo mundo, me mantenía escéptico respecto al acontecimiento, me parecía imposible que alguien por fin pudiera manipular el tiempo y me parecía todavía más increíble que lo hiciera de manera tan abierta, sin embargo la importancia que le dieron los medios y la misma universidad me mantuvo con los pies en la tierra y me ofreció esperanza.

Faltaba media hora y yo me encontraba ya sentado en mi lugar, mordiéndome las uñas y mirando por quinceava vez el reloj. El profesor no salía y en la sala se escuchaban miles de susurros que repetían lo mismo: “¿Crees que sea cierto?”.  El asiento a lado mío estaba vacío, me preguntaba quién se sentaría a mi lado y sólo deseaba que fuera Lorena, otra chica mexicana que se encontraba estudiando física conmigo, somos amigos pero sólo eso, mas eso no significaba que no me muriera por invitarla por un café sólo los dos, sin nuestro grupo de amigos y con la intención de eventualmente formalizar algo; es cierto, ya varios me habían dicho que había química entre nosotros, pero nunca hice nada al respeto. Analicé toda el aula, la estaba buscando y esperando encontrar la mirada de algún conocido, fue ahí cuando sentí una mano en mi hombro, giré y la vi, hermosamente maquillada con un vestido color vino; la he conocido por varios años y nunca vi ese vestido, ni a ella tan arreglada, me sorprendió, sí era posible que se viera todavía más bella.

––¿¡Quién diría que me sentaría a tu lado!? ––dijo asombrada y con esa sonrisa que me derretía––. Si no nos hubieran mandado justo hoy las invitaciones y los pases, apostaría que tú pediste sentarte a mi lado para evitar que cualquier extraño intentara hacer conversación. Te ves bien, por cierto, eso de usar traje te queda.

––Ah… sí… ––le dije con nerviosismo, pues no tenía idea de qué contestar–– bueno, obviamente tan pronto supe del suceso y de las invitaciones, le marqué a todo el mundo para conseguir el número de tu asiento y luego buscar al suertudo que tenía el asiento vecino al tuyo. Mira, hasta me di la comodidad de sentarme en el pasillo como me gusta. Por cierto tú te ves hermosa, como siempre.

––Yo hermosa ––rió–– es increíble cómo ustedes se vuelven locos por un poco de maquillaje. Bueno, sé lindo y déjame pasar.

Lo había decidido, faltaban cinco minutos y no quería esperar más, el mundo estaba a punto de cambiar por completo, nuestro profesor había logrado lo imposible y yo no podía invitar a una amiga a salir, lo decidí, me armé de valor y le dije.

––Oye, Lorena, me preguntaba, si saliendo, después de todo el evento, ¿te gustaría ir conmigo por un café? Yo invito.

Mis manos sudaban y miraba fijamente al suelo, evitando sus ojos.

––Me encantaría. Tardaste bastante, hasta pensaba que te acabaría invitando yo.

Apenas había aceptado, y yo me preparaba para entablar una conversación o preguntarle a dónde quería ir, cuando en el escenario se apareció el rector de la universidad con un traje negro y el mismo broche que se nos había entregado, acercó a su boca el micrófono y empezó a hablar:

––Estimados alumnos, docentes, personal de la universidad y medios de comunicación, ciertamente el homo sapiens sapiens es una especie peculiar y especial entre todas las existentes, creamos armas, tenemos tendencias bélicas y nos equivocamos más seguido de lo que acertamos, pero hoy no, hoy el profesor R y la universidad de Leicester nos muestra que la característica más relevante del humano es su conocimiento y sus sueños. La especie humana desde su creación no ha dejado de soñar, quisimos volar y lo hicimos, temíamos de las enfermedades y creamos los medicamentos, pensamos que la última frontera sería el espacio y llegamos a la luna. Sin embargo, siempre hay imposibles o más bien había, hoy el profesor demostrará que el tiempo ya no será limitante para la raza humana y que incluso la inmortalidad es alcanzable. Sin más, denle un fuerte aplauso y una cálida bienvenida al doctor R.

La audiencia enloqueció, estallaron los aplausos, era realmente ensordecedor, todos y cada uno de los  ahí presentes aplaudían arrítmicos y con gran fuerza.  Podría jurar que sentía mi corazón en la garganta, nunca antes había sentido tanta emoción, deje de aplaudir y sentí la mano de Lorena que apretaba con fuerza la mía, la mire, estaba llorando y yo ahora, también lo hacía. Un hombrecillo de sesenta y cinco años de edad, de 1.60 m, con un traje azul, lentes de fondo de botella y nariz larga se acercó con un portafolio a la mesa que se encontraba en el centro del auditorio mientras saludaba a todos los ahí presentes. Un joven con una gorra se acercó corriendo a darle un micrófono, el profesor lo golpeó un par de veces para probar que estuviera prendido.

––Los he citado a todos aquí en mi alma mater, porque he podido vencer al único verdugo del hombre, lo único que no habíamos podido resolver ni controlar: el tiempo. Ayer mientras probaba teorías y formulaba hipótesis he logrado encontrar la solución a la vida y he construido el cáliz de la vida eterna. El trabajo de toda mi vida se resume en el pequeño aparato que se encuentra dentro de mi portafolio  ––puso su portafolio en la mesa con gran delicadeza y lo acarició con sus dedos temblantes––. Me alegro que mis estudiantes estén aquí, quiero que sepan que todo es posible y yo soy la prueba de ello ––abrió el portafolio y le dio la vuelta mostrando su contenido al público––. Ahora para demostrarles a todos que mi máquina es funcional, regresaré en el tiempo cinco segundos.

El doctor empezó a mover un par de palancas y botones, hubo luces dentro del portafolio y una voz femenina dijo: “Programando para cinco segundos”, hubo un estruendo en el salón, los periodistas tomaron fotos, la gente empezó a aplaudir, le susurré en el oído a Lorena: “no puedo esperar a salir contigo esta noche”.

––Ahora para demostrarles a todos que mi maquina es funcional, regresaré en el tiempo cinco segundos.

El doctor empezó a mover un par de palancas y botones, hubo luces dentro del portafolio y una voz femenina dijo: “Programando para cinco segundos”, hubo un estruendo en el salón, los periodistas tomaron fotos, la gente empezó a aplaudir, le susurré en el oído a Lorena: “no puedo esperar a salir contigo esta noche”.

–– Ahora para demostrarles a todos que mi maquina es funcional, regresaré en el tiempo cinco segundos.

El doctor empezó a mover un par de palancas y botones, hubo luces dentro del portafolio y una voz femenina dijo: “Programando para cinco segundos”, hubo un estruendo en el salón, los periodistas tomaron fotos, la gente empezó a aplaudir, le susurré en el oído a Lorena: “no puedo esperar a salir contigo esta noche”…



Mi nombre es Nicolás Rodríguez, me apasiona escribir y junto un grupo de amigos creamos un podcast llama Historias Para No Dormir, el cual puede ser encontrado en SoundCloud e Itunes Podcast. En este podcast recibimos y escribimos historias de terror y las narramos. Actualmente soy estudiante de Medicina.

Arte: Durshit Bhaskar

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