por Ivette Pradel

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome
Alejandra Pizarnik


Anoche llovió a cántaros. Estaba sentada en la cama, arropada y con una taza de té en la mano. El cielo se iluminaba cada pocos minutos, pero la negrura parecía cada vez más impenetrable. La temperatura bajaba al mismo tiempo que mis pezones se endurecían, pero mi cuerpo también era impenetrable. Tanta lluvia me pone triste, así que encendí la computadora para reproducir música. Me quedé dormida con el sonido de las gotas que golpeaban la casa, el ruido era tan fuerte que era casi imposible escuchar la canción que sonaba y que yo recitaba de memoria: Thought I had an answer once / But your random ways swept me along / Colossal signs so I got lost / With so many lovers singing soft.

Estábamos en la calle. Nos detuvimos en una exposición escultórica, aquella a la que nunca asistimos y que ahora era el sitio que nos contenía: un horizonte negro y a lo lejos un eco. And it’s too late / the damage is done / the damage is done. Había lenguaje pero para nosotros no existían las palabras, éramos cuerpos enmudecidos que caminaban en un extraño oleaje de lo que se sentía como pavimento, guiados por un camino de seres majestuosos de bronce y acero. Te detuviste ante un estatua y la miraste por lo que parecieron horas. No tenía ojos pero veía, no tenía boca pero decía; repetía una y otra vez, tan rápido que tenía que estar muy atenta para distinguir:

no vayas a creer que estoy muerta
no vayas a creer que estoy viva

Me asusté y ya no estabas. Eras sin mí. Tal vez no podías verme o tal vez huías. Creí que el horizonte negro era la noche pero en realidad era una caja; estábamos encerrados y éramos ajenos. El eco había cambiado y ahora cantaba: Sharpen my body like a pen / Come on I need to show it / Something too small for a lense / If I rub it if I wipe it. Busqué alcanzarte, empecé a dudar de que tuvieras un rostro y que si lo tenías no iba a ser el tuyo, pero cada vez que llegaba a ti y tocaba tu hombro para que voltearas, te deslizabas tan lejos que dejabas de ser visible. 

Exhausta, me di cuenta de que lo que pensé que era el sudor por perseguirte, eran lágrimas. Tal vez te cansaste de torturarme o tal vez hasta entonces me notaste, pero flotaste una vez más para llegar a mí, te giraste y en lugar de un rostro había un agujero. Tú podías verme, y cuando al fin encontré tus ojos intercambiamos imágenes. Así vi cómo tocabas el piano, vi el umbral de tu mirada y un cuadro azul. Tú viste Saturno, y creo que escuchaste lo mismo que yo. We stood beside / A frozen sea / I saw you out / In front of me / Reflected light / A hollow moon / Oh, Orpheus / Its over too soon.

La caja se quedó vacía. No había nada más que oscuridad. No más eco, no más tú. Fui consciente del movimiento de lo que casi fue un cuerpo por la crepitación de una respiración fantasma que era la mía.

                                                            A mi  m e m o r i a

                                             vuelan y se posan

                                                                las palabras del sur:

                             Ya no es mágico el mundo.

                                                               Te han dejado.

Termino la sentencia y me doy cuenta de todo. El ciclo se repite. Veo la caja habitarse de nuevo, formarse de las esculturas y estatuas del lugar al que nunca fuimos. Te veo acercarte, con tu agujero en lugar de rostro; me miras pero yo ya no puedo verte. No tengo boca pero digo y repito desesperada:

no vayas a creer que estoy muerta
no vayas a creer que estoy viva

El eco ya no volverá para mí. Me veré en las otras, las veré entrar y perderse. Pensaré que en algún lugar existe la lluvia y rezaré las canciones en murmullos que nadie oirá, ni siquiera yo, y que olvidaré haciendo una y otra vez lo mismo. Cruel words he’s compelled me to sing / Sing them I will no longer sincerely / Just drink yourself to death / So I never have to see you again.



Ivette Pradel (Ciudad de México, 1989) estudió letras y le obsesionan las canciones tristes. Twitter: @ivettepradel

Arte: Richard Serra.

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