por Joana Medellín Herrero


1
Háblame,
háblame ahora de tus ojos afilándose como el puñal de la noche,
de las memorias de futuros imposibles,
marchitos como tus cabellos sobando la arena
mezclándose con el sabor de la fruta verde.
Háblame,
háblame de la verdad de tu ocaso,
de tu resistirte a la muerte
mientras flotas jugando a Ofelia sobre las aguas.
Mira,
mira tu ternura deshacerse
castígalos con el golpe de la ola.
Te estamos extrañando desde siempre.
Mira,
mira cómo me deshaces
cómo se seca el calendario de fechas para vernos que plantaste.
Cómo te transfiguras en espina que se pincha y prende a la carne.
cómo tus ideas están iluminadas por una corona de incendios
que aniquilan los pesares.
Cómo tu voz se hunde,
nos hunde un mar que se bebe para regresar sedientas,
hirsutos los labios rotos por tantas sales.
La comisura de mis ojos sólo sabe rendirse a los cuarzos que te lloro.
Cerros volteados me van naciendo como agujeros
porque tú querías viajar y ya no volviste.
Porque el camino se te ensancha
más allá de la preñez del mundo.
No verás nacer al hijo de melodías que nos prometiste
y sin embargo, tu grito,
sin embargo, tu canto,
sin embargo, Sirena…
Ahógame con tu grito para que se apague la tormenta
aunque sé que la montaña sabe
y viene a regalar la lluvia porque la tierra estaba sedienta.
Eres tú con tu baile de sirena.
Has invocado a todas las aguas
como en un rito para que no te olvide.
Mira cómo nos rodea la niebla.
He prendido la copalera y una vela danza con tu nombre.
Ahoga mi rabia en lo vaporoso de tu nube.
La cima está despierta y dice desde lo alto
que su hermana de las aguas cuida tu naufragio
y la pesadez de la realidad viola mis cavilaciones.
Nunca pensé en estar despierta para ver de nuevo la muerte.
Siempre creí que llegaría de nuevo cuando estuviera cansada,
destruida por los años,
las experiencias contadas a las hijas de mis hijas,
los trastes limpios, la casa vacía.
El hacha pulida y la corazona repleta de esperanzas.
Siempre quise pensar en que cuando llegara la muerte de nuevo
yo ya no estaría.

2
Mar, te pienso Mar y se me agolpa el desierto,
Natalia viene a besarme la frente,
una turquesa me nace del recuerdo y te la enseño.
Sabes el nido donde oculta su cariño,
dices que puedes llevarme
quiero verle nacer las alas a mis dolores.
Te persigo en mis pesadillas donde caigo colina abajo
ramas y tierra se agarran a mis crines que jinetean el aire
estoy perdida en el camino hacia los venados.
La montaña me traga con tu augurio de escama,
truena en escándalo la fiereza de tu brillo.
La ausencia de tus destellos acribilla con balas fantasma la posibilidad de vernos de nuevo.
Me habita dolorosa la certeza
de que las únicas que se encontrarán como ninfas corriendo,
riendo, volando,
son tú y Natalia
y todas las demás guerreras que las van siguiendo.
Colina abajo, adentro de la gruta donde me pierdo
donde se me rompen las piernas
y ya no puedo,
no puedo escalar hacia más adentro.
no puedo reptar hacia más abajo.
Las estoy perdiendo,
oigo su aullido a la distancia y no llego.
Ustedas prenden la fogata de los misterios,
calientan el fuego inmenso del aquelarre con sus senos
dan de comer a la herrumbre de mi duda existencial
que florece
y sé
que me estoy mintiendo.
Abajo
donde su tumba eclosiona
sólo queda
esta cruel ausencia
ya no toca a quienes tienen los ojos abiertos
Esta cruel presencia
de cascarón del sueño
nos están soñando allá libres y
una aguja que zurce todos los anhelos,
vendaval que castañea los horizontes
estoy sangrando…
Y odio.
Odio mi odio descolocado,
nacido de la muerte,
quiero arrancar las pieles de los malditos
que osaron detenerte.
Siento mis incoherencias atravesarme
tan simple y agridulce como que
los quiero muertos
para detener tu muerte.
Lo definitivo de ese trazo
es una cadena al nadir del planeta.
Pienso en lo que nos mueve,
un profundo olor a amor de tierra,
nace de nuestras venas,
se encandilan las tumbas que no se cierran
es una herida que palpita como tu canto de sirena.

3
Me dijeron Está muerta,
y toda mi yo te vio despierta,
bajando por los ríos
trepando el más alto risco,
sintiendo el riesgo,
esperando la erupción de alguno de nuestros ancestros,
la magma corriendo y tu prisa sin llegar a puerto,
pensé la quiero plena,
la quiero feliz, sonriendo.
En un amor inmarcesible,
en un nudo geiser de amor hirviendo.
Me dijeron está muerta
y luego:
La mataron.
Mi ardid giró en el bucle del encono,
mis pestañas ladraron cuatrocientas lenguas
todas las memorias de mis ancestras te reclaman,
con una torrencial lluvia
que me hace más que nunca estar despierta.
No detengo mi trote,
mi paso busca pronunciar tu nombre,
aquí y en Costa Rica,
soy una fiera que baja del monte y reniega de tu ausencia,
todas nuestras madres lloran con su corazona de agua.
Hay una rabia que no se parece a ninguna.
Viene como la sal de todos los mares.
Lame las orillas de la Sirena transfigurada en espuma.
La montaña llora.
Mi corazona llueve.
El aire truena en el paladar del cielo.
El cielo de mi boca retumba,
hace eco de tu nombre.
Hace días que la tierra tenía sed.
Ayer lloviste con tu baile de Sirena.
le diste de beber a la montaña.
Hoy el agua astilla nuestros corazones inundados.
¿Por qué?
¿Por qué matan la libertad y la hermosura?
¿Por qué matan todo lo que es mujer?
Mujer arena, mujer que baila,
mujer desierto, Sirena
¿Por qué?
Mira tu ternura deshacerse
castígalos con el golpe de la ola.
Te estamos extrañando para siempre.
Mira,
mira cómo me deshaces
cómo se seca el calendario de flores que sembraste para verte.
Rompe tu signo, vivifícate en el estandarte mío,
en esta lucha que persigue tu rostro,
que no olvida tu cuerpa
tendida en la arena como una concha nacarada de abulones.
Mira, mira tu huella,
no es un dibujo que lava la playa con tu ausencia
es el vestigio de tu vida creciente,
de tu danza de estrellas,
es tu ombligo saludando al astro que nos calienta,
son tus piernas uniéndose a las hierbas,
son esquirlas de nebulosas que las pieles nos impregnan,
dormitaremos junto al incienso y el cempazuchitl
hablaremos a las serpientes del comienzo,
vendrán a revelarnos la verdad
y una calaverita de dulce nos hará más fácil este noviembre
que se tiñe con el rojo de tu carne inerte.
Voy a callar,
con este silencio de sepulcro,
voy a callar.
Voy a gritar,
con este puño que se alza a lado izquierdo,
voy a gritar.
Voy a rememorar tus sueños como joyas en alhajero.
y te prometo, Mar
que lo inmenso de tus olas,
que lo arbóreo de tus alas
serán un pentagrama siempre al vuelo.
Por mi madre y mis hermanas
que no olvidamos
que no perdonamos
habremos de encontrarte
juntas cantaremos tu canción de vida
y poco a poco,
tus huesos regresaran de lo incorpóreo
vas a renacer
más Sirena, más dueña de ti y de nosotras,
más viva que nunca,
y hasta ese entonces
nosotras volveremos a cantar.


Dos canciones de Mar Matus:


Joana Medellín Herrero (Tlalpan.oct.91) Poeta, sembradora, ecofeminista. Vive entre burros, gallinas, borregos y perritos porque le cuesta identificarse con su especie. Crece hierbas medicinales, kales y lechugas. Cuando sea grande quiere ser bruja. Es miembra de Hilanderas. Su más reciente publicación es la poemaria Recetas para vivir en el incendio (2018).

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