por Elizabeth González Pardo

 

El monstruo de Ecatepec no tiene rostro, pero si nombres: machismo, sistema patriarcal o misoginia, son los nombres que no hay que olvidar, debemos pensarlos no como definición sino como sujetos que deambulan en la realidad. Por eso cuando pienso en Ecatepec me duele pensar en las condiciones en las que sobrevivimos cada día. Siento dolor al ver las calles por las que caminé de niña con mis hermanas y mi mamá marcadas por la violencia. La huella del feminicidio está en parques públicos, domicilios y familias enteras. Camino por esos lugares con la esperanza de no ser yo la que aparezca dentro de una bolsa de plástico con el cuerpo destrozado y la vida deshecha.

Me estremece pensar en los puntos marcados como referencia donde se arrebató la vida de tantas mujeres. No existe una distancia grande entre estos lugares y el punto donde espero mi transporte para regresar a casa cada día, me sitúo sólo a unos pasos de donde se encontró uno de los domicilios de un feminicida. Al mismo tiempo siento una gran impotencia de no poder hacer más por mis amigas, mis primas, mis hermanas y mi mamá. Ellas merecen ser libres, no deberían sentir miedo de salir a la calle por las noches pensando que podrían no regresar; merecen vestir la ropa que les guste sin sentirse acosadas, hostigadas, sin miedo de expresar su sexualidad libremente o incluso de sentirse atractivas.

Años antes de la captura del llamado “Monstruo de Ecatepec” se declaró un toque de queda en Jardines de Morelos y colonias aledañas, no dicho oficialmente, pero decidido por los habitantes, como una medida emergente para no exponer a las mujeres en una situación de peligro habitual que ofrecen las calles durante la noche en espacios con poca iluminación porque el alumbrado público es insuficiente. A las 8:30 p.m. terminan las actividades cotidianas y por lo tanto la posibilidad de salir a la calle; aventurarse a salir o regresar después de las 11:30 p.m. es casi arriesgar la vida.

Hoy esta pequeña franja de Ecatepec no es diferente, el toque de queda continua, sólo que ahora con operativos policiales con hologramas en las camionetas donde puede leerse “policía de género”, la Marina y el Ejército también están en las calles. Los anuncios de Alerta Amber y CAPEA aún se distribuyen alrededor de estas colonias y en todo el municipio. En los últimos años se han realizado diferentes acciones por parte de las mujeres, entre los años 2014 y 2018 se han hecho diferentes performance para denunciar la violencia de género. Se han visto manifestaciones convocadas por las familias de quienes nos faltan e incluso se han elaborado esténciles en las bardas de algunos parques que permanecen abandonados, lo más sobrecogedor son las cruces colocadas recientemente por el llamado “Caso del Monstruo de Ecatepec” en el camellón de la Av. Nicolás Bravo en la colonia Jardines de Morelos de este municipio.

No se habló de otro tema durante semanas, las escuelas, las charlas vecinales o el transporte público fueron los principales medios locales de difusión. La noticia ocupó la primera plana en periódicos, las redes sociales se saturaron con posts sobre los feminicidios y las entrevistas al sujeto responsable de las pérdidas. En las colonias se convocaron asambleas urgentes y se establecieron nuevas medidas de seguridad, con la convicción de detener los ataques. Todavía no es exacta la cifra de los feminicidios cometidos como tampoco la confianza de sentirse a salvo.

Ecatepec es uno de los municipios más poblados del Estado de México, en su mayoría por mujeres; permanece marcado por el dolor y la impunidad dado que las muertes y desapariciones no han sido esclarecidas; sin embargo, se resiste a olvidar la masacre y las vidas que el machismo ha cobrado. Las mujeres no se rinden, caminan codo a codo con sus compañeros de vida, con sus hijos, con ellas mismas acompañándose, solidarizándose con otras mujeres.

Detesto ser yo quien escriba estas cosas, pero creo que si estoy ahora, si vivo aquí, si existo, no es para cubrir mis ojos y cerrar mi boca. Estas palabras son apenas aproximaciones de lo que vivimos cada día, vagos pensamientos que tengo de vez en vez. Sé que no se compara con el horror, el miedo o la inseguridad que vivimos en este lugar. Si escribo esto es porque necesito decirlo, busco cualquier espacio para poder reflexionar sobre la realidad fría, injusta y asfixiante que el sistema nos ha destinado. La voz de una es la de todas. No somos un botón rojo de emergencia, no somos números dentro de las cifras, no somos sólo casos ni la basura de los feminicidas. Me niego a ser una víctima.

El monstruo de Ecatepec no está preso, continúa libre, a la espera de que caiga la noche o llegué el día para tomar la siguiente vida. En la periferia del Valle de México, la sombra del machismo se encuentra adherida a la vida de todos, es este el verdadero monstruo. Los feminicidas son el resultado de esta sombra, que se incrusta por los poros de nuestro cuerpo, nos eriza la piel, nos hace sentir terror. Nuestra tarea es convertir el temor en fuerza, la rabia en indignación y mantenernos vivas.

Sigamos en lucha en memoria de quienes nos hacen falta: Arlet Samantha, Evelyn, Nancy Noemí, Mariana Joselyn, por todas.

¡VIVAS Y LIBRES!

 

Ecatepec 3/12/18

 

 

Elizabeth González Pardo es estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Estudiante de Portugués e inglés en la ENALLT. Bailarina en los Talleres Libres de Danza UNAM y en los cursos sabatinos en la Escuela del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández. Anotadora en el proyecto PAPIIT IN400415 en el Instituto de Investigaciones Filológicas.

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