Stanley Martin Lieber pasaba por apuros, la editorial de cómics para la que trabajaba estaba contra las cuerdas, ya que no lograban levantar las ventas. La esposa de Stanley, Joan, le sugirió que si ya se iba a ir todo al demonio, escribiera un cómic que lo dejara satisfecho a él, sin pensar en editores ni lectores. Stanley aceptó el consejo, solo que como entre sus planes estaba escribir la gran novela norteamericana del siglo XX, decidió firmarlo como ‘Stan Lee’. Y así logró su inmortalidad uno de los universos ficticios más importantes de todos los tiempos.

 

Es necesario hacer una puntualización: Stan Lee no creó el universo Marvel; antes de que él escribiera su primera letra en los cómics, ya coexistían personajes como Capitán América y Namor; pero si todavía hoy estamos hablando de este mundo fantástico, con sus jerarquías, cohesión y coherencia, es en buena medida al trabajo como guionista y editor de Lee, de cuya prolífica mente salieron los X-Men, Daredevil, Spider-Man, los Avengers, Fantastic Four, Doctor Strange, entre otros, creados ¡en menos de una década!

 

Hay mucho que decir del estilo de Stan Lee, si bien es cierto que varios de sus diálogos y caracterizaciones pueden resultar ahora pasados de moda, su principal fortaleza es, creo yo, la incorporación de los grandes temas de la literatura (es decir, en este caso, novela y cuento) al cómic hasta el punto de su apropiación. Por ejemplo, Hulk es simultáneamente el doctor Jekyll/mr. Hyde y la bomba atómica; y Thor es Jesucristo vikingo con un martillo volador.

 

Es por ello que a partir de Lee vemos en la historieta de superhéroes estadounidense que, como en el caso de Spider-Man/Peter Parker, las buenas acciones muchas veces tienen su castigo. Para decirlo con claridad, se trata de un paso adelante de las historias contadas por la editorial DC, en aquel entonces, más parecidas a los mitos de la Antigüedad, en el que el héroe vivía en un mundo armónico al que había que restablecer su equilibrio.

 

Mientras que Superman, Batman y Wonder Woman vivían encumbrados por su heroísmo, el universo Marvel es siempre imperfecto e ingrato con personajes como los X-Men o Spider-Man. De modo que no es exagerado decir que el trabajo de Stan Lee es crucial para la evolución del género más popular de los cómics por tratarse del punto de partida de un proceso de maduración que otros autores continuarían en los setenta y ochenta.

 

No es de extrañar que por primera vez, durante los sesenta, los centros de estudios universitarios en Estados Unidos voltearan a ver con seriedad a las comiquitas. En esos años se dieron ponencias que analizaban la pelea entre los Galactus y los Fantastic Four como una alegoría del conflicto entre Dios y la ciencia. El propio Lee fue instrumental en esa época en que Marvel fue el equivalente a lo que años después sería la línea editorial Vertigo en términos de sofisticación y relevancia.

 

Y es que Lee, como varios de los grandes artistas de la naciente posmodernidad, tenía un colmillo retorcido para los negocios y la mercadotécnia; promovió el trabajo del sello editorial a su cargo en televisión, cine y hasta revistas como Playboy. La imagen de su persona es aún hoy sinónimo de Marvel, pese a que hace décadas que no tiene control creativo de la empresa.

 

Basta retomar una anécdota relatada por el también guionista Brian Bendis: por lo años en que se iba a lanzar la película Spider-Man de Sam Raimi, Lee y Bendis fueron invitados expresamente para que dieran su opinión de la realización de la cinta; conocieron escenarios, vestuario, trama, etc. Mientras que Bendis tuvo algunas objeciones atinadas del traje vestido por el villano Duende Verde, Lee aceptó complaciente todo el trabajo de los cineastas. El caso es que Stan sería el consentido de los estudios de cine hasta el día de su muerte, y Bendis no volvería a ser invitado por la casa Sony.

 

Existen claroscuros en la actitud negociante de Stanley Lieber (Stan, para los lectores), por años, rechazó dar crédito a sus ilustradores −Jack Kiby y Steve Ditko, entre otros− como co creadores de los personajes. Su argumento era que Iron Man y todos los demás fueron ideas de él, mientras que Kirby y los demás fueron ejecutores de sus ideas. Incluso, cuando Jack Kirby quiso reclamar el arte original que realizó para Marvel, Lieber no movió un dedo por él. Siempre a la orden de los intereses de su empresa.

 

Pero volvamos al lado creativo del asunto. Del estilo de Lee también sobresale su capacidad para envolver al lector en la historia y formar una verdadera comunidad de seguidores a la que él llamaba ‘The Merry Marvel Marching Society’, y es que al inicio de cada cómic, Lee como narrador omnisciente, invitaba por medio de cartuchos de prosa breve a entrar a un mundo plagado de héroes, villanos y poderes derivados de accidentes relativamente afortunados.

 

Finalmente, a los interesados en apreciar la escritura de Stan Lee les recomiendo Fantastic Four 1-125# ilustrado por Jack Kirby, donde se aprecia su inmensa creatividad, y The Amazing Spider-Man 1-118#, con Steve Ditko y John Romita Sr., probablemente su trabajo más entrañable.

 

Stanley Lieber nunca escribió la gran novela norteamericana, en su lugar, dejó ni más ni menos que un legado de historietas del que emana una cultura vibrante hasta el día de hoy. QEPD Stan Lee.

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Marco Antonio Ortiz Carrillo

Marco Antonio Ortiz Carrillo

Interesado en lo mismo que la mayoría, se dedica a algo parecido a lo que tú haces pero por menos dinero.

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