por José Ricardo González Sánchez

 

Como toda orden iniciática, Delasphère exigía a sus adeptos renunciar a algo para integrarse a su sagrado seno. Si bien es cierto que en algunas sociedades se solicita a los neófitos jurar, ante la divinidad, so pena de severos castigos en caso de romperlos; o en otras, padecer el castigo eterno si no se cumplen los preceptos de la institución, es verdad también que la ambigüedad de las exigencias permitía a los iniciados conducir su vida ajeno a los dogmas de la orden. Eso no ocurría en Delasphère, porque la promesa espiritual estaba directamente relacionada a una proyección física, material, por lo que la renuncia era visible: renunciar a las manos para las artes mágicas.

Por ello era común observar a los iniciados de Delasphère con las manos envueltas en pañuelos, como si de delincuentes se trataran, la diferencia estribaba en que vestían de blanco y que la supresión era simbólica, pues en caso de peligro podían usarlas; también se les permitía comer, trabajar y asearse con ellas. Algunos extremistas interpretaban los textos literalmente, haciéndose amputar las manos para cumplir sus juramentos.

Cabe preguntarse como diablos hacían estos iniciados para hacer magia o adivinar el futuro sin las manos, elementos indispensables para conjurar, acomodar el arroz, mover el café o barajar los naipes. Pero bien, aquí aparece otro elemento interesante. La orden nació denominándose como De La Sphère, que en francés significa “De la Esfera”, pero la vulgarización pasó cuenta, por lo que después fueron conocidos como Delasphère. Los primeros magos de este arte observaron que al privarse de las manos la conexión con la magia y el tiempo eran superiores, por eso establecieron rituales con los pies para optimizar estos vínculos. Derivado de ello a sus iniciados se les conoció como ceux de la sphère dans les pieds, “los de esfera en los pies”, pero más tarde, por el mismo motivo, se les denominó simplemente como sphèrepieds o esferianos.

Los rituales se hacían en privado, pero no falto el que reconociendo la estética y espectáculo de los mismo comenzó a hacerlos en las plazas y bosques, así, tomando una esfera de cristal, que más tarde pasó a ser de cuero, para comodidad de los ejecutores, rodeaban con los pies y las piernas a la esfera, la lanzaban por los aires y la retenían antes de caer al piso, en cada ida y vuelta la energía se acumulaba en la esfera y de pronto, la suspendían entre los cielos y la tierra y ejecutaban su arte, daban vida al muerto, salud al enfermo, riqueza al pobre y alegría al melancólico. Más tarde, aprovechando la blandura del cuero, pasaban la esfera desde sus pies, hombros, cabeza, todo, excepto las manos, y hacían del arte mística, de profundo significado, pero de singular hermosura, digna de las más bellas puestas en escena.

Con el tiempo esa mística orden se perdió entre el olvido y la vulgaridad. Personas ajenas a ésta mística profesión se dedicaron a realizar solamente lo que se asemejaba a las espectaculares piruetas, desconociendo su mágico origen. Nadie supo lo que ocurrió con la augusta institución de Delasphèr, tampoco la historia recoge su existencia, pero lo que es cierto es que todavía hoy se ve en las calles, en la televisión y en cualquier medio posible a los niños, jóvenes y adultos, hombres o mujeres por igual, emulando los augustos rituales arcanos de la orden de Delasphèr.

Y aunque ignorando el misticismo que conlleva, de cuando en cuando, un ilusionista aparece con esfera entre las piernas, haciéndolas danzar cual ritual, levantándola como aquellos sphèrepieds, ejecutando el hechizo de encantar a las masasen una explosión mágica de euforia y alegría. Y de cuando en cuanto, también, tiñen con milagros, la acerba vida de los mortales.

 

 

José Ricardo González Sánchez. Abogado y escritor. Como escritor es autor de la columna “Trópico de Sagitario” que se publica semanalmente en el periódico Noticias Voz e Imagen de Oaxaca, desde abril de 2016. A partir de abril de 2017 colabora quincenalmente con la revista digital Monolito. Dedica su tiempo libre a escribir cuentos y, recientemente, minificciones, rubros en lo que ya cuenta con publicaciones. También es articulista legal.

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