por Alberto León

 

Jurassic World: Fallen Kingdom es la quinta película de la franquicia Jurassic Park. En esta nueva entrega tenemos la historia de Mills, un bien parecido burgués ultracapitalista que aprovecha la destrucción de la isla Nublar, lugar donde habitaban los dinosaurios, para traficar con especies en el mercado negro, y que además cuenta con el patrocinio no consentido de un anciano idealista llamado Lockwood, personaje prototípico de vejete multimillonario que experimenta con la genética y se cree dios, común en esta saga. Desde luego, Mills verá sus planes frustrados gracias a Claire, la mujer que en la entrega pasada escapaba polémicamente de un T-Rex (¡Por dios, corría en tacones!), y a Star-Lord, domador de velociraptores. Ellos y un par de chicos irrelevantes como personajes, pero necesarios para dar humor y seguimiento argumental a la película, son engañados por Mills, ya que este quiere tener viva a la última velociraptor, Blue, amiga incondicional de Star-Lord. Para capturarla elabora un plan rebuscado (de lo contrario no habría historia) y en el camino gana unos cuantos millones de dólares en una subasta del bajo mundo.

Mills no está solo, ya que para esta entrega vuelve a aparecer el Chino, el científico loco que también se cree dios desde la primera película y que ahora saca su lado más vil al diseñar un nuevo bicho con los genes de Blue. Este nuevo ser es letal e inteligente, más aún que el entrañable indominus rex. Además, Mills se hace de los servicios de un cazador furtivo y mercenario, interpretado por un sujeto que creí era Robert De Niro más de la mitad de la película.

Al igual que en las películas anteriores hubo un menor en problemas, un cuello largo o dinosaurio herbívoro que asombra a los que por primera vez contemplan uno de estos bichos, la ayuda siempre puntual y más que conveniente del T-Rex (qué buenazo es), balas y pseudomilitares que solo sirven de carnada para las bestias, además de varias referencias, fórmula segura para mantener a los fans callados y a los nuevos no tan despistados.

Con muchos tropiezos y resoluciones fuera de las posibilidades mortales e intelectuales se resuelve la película. Con cosas inverosímiles y rebuscadas, pero bueno, el tema es “dinosaurios en la era moderna”, así que supongo ser inverosímil y rebuscado es legal. En fin, los hechos pasan unos tras otros, gratuitamente y sin una congruente lógica, pero insisto, la lógica es lo de menos cuando el tema es traer a la vida a los dinosaurios, por ello la máxima que propongo es: “En Jurassic Park que se joda la lógica, ¡toma, más balas, más dinosaurios, más ayudas del humanizado T-Rex!”. Se agradece que no hay falta de acción en la película, los momentos aburridos son los menos y los disparos y dinosaurios son los más.

Por desgracia la película es altamente predecible, desde que inicio ya sabemos cómo va a terminar, no hubo ninguna sorpresa. Al final salvan a la menor que resulta ser un clon de ella misma; el nuevo bicharrajo que no recuerdo cómo se llama muere; Blue sobrevive; el T-Rex ayuda; los pocos dinosaurios que traficaron escapan para hacer su vida ahora en la sociedad yanqui, con lo que se da por sentado una nueva entrega; también escapa el Chino y con él todos los códigos genéticos y experimientos y no sé qué tanto ocupe para seguir haciendo dinosaurios; desde luego muere Mills (ese carnal ya estaba muerto, nomás no le habían avisado); muere Robert De Niro, y triunfa la heterosexualidad de Star-Lord y Claire. Todo previsible.

Puntos a favor: la sutileza de los temas tratados como la cuestión del mercado y su supremacía ante cualquier tipo de gobierno, organización mundial o el mismísimo Jebús; el megacomercial pro-vida que nos tragamos con toda esta cosa de que la vida es vida y debe prevalecer; el mensaje descarado de que la raza humana siempre se supera en ser peor, dicho por el maravilloso Dr. Malcolm, el único sujeto con sentido común en el universo de Jurassic Park.

Jurassic World: Fallen Kingdom es una mala película, pero de esas malas películas que son disfrutables, palomeras, nada trascendentes pero entretenidas como las de Marvel y las de The Rock, se disfrutan en el momento y se olvidan a los quince minutos, nada en ella es memorable, salvo la escena donde todos los dinosaurios en la isla mueren.

 

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