por Fabricio Mándola

 

Antes que nada, una breve historia:

17 de mayo de 2014. Santa Fe, Estadio Brigadier López. Partido Colón – Olimpo por la 19a fecha del Torneo Final 2014. Tres chicos están sentados en las butacas de la platea norte tratando de asimilar lo que acaban de ver. A los 49 minutos del segundo tiempo, Lucas Alario, después de una carambola imposible, mete el segundo gol de Colón dándole la posibilidad de jugar un desempate frente a Atlético de Rafaela para definir quién debía descender a la Primera B Nacional.

Los tres se miran entre sí, sonrientes, y ninguno puede decir una palabra. A unos pocos metros, un hombre de unos cincuenta años también sonríe mirando hacia la cancha. Salvo ellos y algunos grupos dispersos, prácticamente no queda gente en la tribuna.

–¡Yo no te puedo creer que siempre tengamos que terminar sufriendo así! – dijo uno de ellos, pasándose las manos por la cara y mirando a los otros dos, que sonríen y asienten en silencio.

–¡La historia nuestra es así, pibe! Una buena y una mala. – le responde el hombre, acercándose – Y se resume en un solo fin de semana: el sábado perdimos con Platense y el domingo le ganamos al Santos de Pelé.

Una semana antes se había cumplido el 50º aniversario de uno de los batacazos más impensados de la historia del fútbol a nivel clubes: el 10 de mayo de 1964, en ese mismo estadio, Colón de Santa Fe, un equipo de la segunda división del fútbol argentino le ganaba al Santos de Pelé, bicampeón intercontinental, cortando con un invicto de 43 partidos. Pero antes de llegar al partido en sí, repasaremos la trayectoria previa de ambos equipos, no sólo para llenar de caracteres la reseña, sino conocer el contexto de la hazaña.

Para el momento de aquel partido de 1964, el Santos vivía el momento más importante de su historia. De la mano de Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé, en menos de diez años el Santos FC paso de ser un equipo del montón dentro del reñido campeonato paulista (sólo había ganado una de las 42 ediciones que disputó entre 1913 y 1955) a ser el club más poderoso a nivel mundial, gracias a una de las generaciones de jugadores más impresionantes de la historia, entre los cuales, además del ya nombrado Pelé, se encontraban el arquero Gilmar (campeón del mundo en 1958 y 1962), los mediocampistas Zito y Mengalvio y los atacantes Coutinho, Dorval, Lima y Pepe, cuyo juego asociado y vistoso les hizo ganar el apodo de “El Ballet Blanco”.

Pelé debutó en primera en 1955, y con él se inicia la historia del Santos hegemónico de la década de 1960. De su mano, el club ganaría cinco campeonatos paulistas (1956, 1958, 1960, 1961, 1962) y cuatro campeonatos brasileños (tricampeon entre 1961 – 63), siendo él, goleador, figura y estandarte del equipo en la mayoría de las ediciones.

En el plano internacional, el debut en las copas internacionales se haría esperar hasta 1962, ya que, hasta la creación del Campeonato Brasileño en 1961, la clasificación para la Copa de Campeones de América (hoy Copa Libertadores de América) correspondía al campeón de la Copa De Brasil, los cuales habían sido Palmeiras (1960) y Bahía (1961). Un dato curioso sobre este torneo es que, a pesar de su poderío, el Santos tendría que esperar hasta 2010 (¡!) para poder llevarse el trofeo.

A partir de esta clasificación, el Santos se alzaría con la Copa de Campeones de América en dos ocasiones. La primera, en 1962, donde vencería en la final a Peñarol de Uruguay, hasta ese momento bicampeón continental e intercontinental. Con esta victoria, el equipo brasileño clasificó para la Copa Intercontinental, enfrentando al campeón de la Copa de Europa, el Benfica portugués, quien venció al Real Madrid de Puskas por 5 a 3 en la final. Cabe destacar que en el Benfica se destacaba la figura del inconmensurable Eusebio, quien pasaría a la historia como uno de los mejores delanteros de la historia.

El Santos se alzó con el trofeo en una serie final donde Pelé ofreció una de las actuaciones individuales mas desequilibrantes que se han visto dentro de un terreno de juego, metiendo 5 goles en ambos partidos, y llevando a su equipo hasta lo más alto del fútbol mundial. Al año siguiente, el Santos repetiría el título continental enfrentándose en la final a Boca Juniors. En una serie reñida, los brasileños lograron imponerse en ambos partidos, logrando incluso levantar un resultado adverso en la vuelta para coronarse campeón por segundo año consecutivo, lo que demostraba que la mística copera, como la alegría, sólo era brasileña. En la final Intercontinental, Pelé y sus muchachos se enfrentaron al poderoso Milán italiano que, luego de vencer al Benfica por 2 a 1, se alzaría con el título de campeón europeo.

Aquellos dos partidos frente al Milán representaron una de las grandes series que esta competición nos ha legado, ya que ambos equipos dieron muestras de una gran juego colectivo en ambos cotejos, obligando a jugarse un desempate donde, en un partido peleado y con una enorme cantidad de llegadas para ambos equipos, finalmente, el Santos se impondría ajustadamente con un gol de penal a cargo de Dalmo, logrando cerrar la serie. Cabe destacar que Pelé no pudo jugar los dos últimos partidos por una lesión.

El poderío del Santos no sólo se cimentaba en los logros futbolísticos o las individualidades, sino que mostraba algo novedoso para la época: el fútbol como espectáculo. No sólo era hacer goles y jugar asociadamente, dominando al rival, sino que la propuesta se centraba, además, en lujos, gambetas, paredes y jugadas imposibles que uno puede llegar a ver en una exhibición, pero que en aquel equipo se mostraban todos los fines de semana. Luego de su victoria ante el Milán, el Santos inició una gira mundial enfrentando y ganándoles a casi todos los equipos que se le pusieron en frente, alcanzando un invicto de 43 partidos. En el marco de esta gira, el equipo brasileño llegaría a la ciudad de Santa Fe para enfrentar a Colón.

 

La situación de Colón antes de aquel partido contra el Santos no era demasiado buena. El año anterior, el Sabalero aún militaba en la tercer división del fútbol argentino, a la cual había descendido después de la pésima campaña de la temporada 1959. Durante 1963, Colón se ubicaría en el décimo lugar de la tabla, con una campaña mediocre. Sin embargo, a fines de ese año se lograría el tan ansiado ascenso, aunque no de la manera usual. Las gestiones de varios presidentes de clubes, encabezados por el presidente de Colón, Ítalo Jiménez, y el deseo de la AFA por reestructurar la Primera B, hicieron que para ese año se modificara la estructura del torneo a partir del ascenso inmediato de 10 clubes de la C, llevando a 24 el número de participantes. Todo muy legal… (?)

El 9 de mayo, en el marco del torneo de la Primera B de 1964, Colón tenía una dura parada contra el poderoso Platense, apenas un día antes del partido contra el no tan poderoso (?) Santos. En un muy mal partido, Colón perdería 2 a 0 frente al Calamar con goles de Orlando Garro y Horacio Medina, volviendo a Santa Fe en avión a fin de intentar llegar lo más descansado posible al partido del domingo.

La llegada del Santos generó una enorme expectativa en Santa Fe, ya que era imposible ver a los grandes equipos del mundo por fuera de alguna reseña fortuita en los diarios o los comentarios por la radio. Por tanto, la tarde del 10 de mayo de 1964, con un estadio lleno, el Santos de Pelé pisó el césped de Brigadier López con la seguridad de que aquello era un trámite. No es necesario aclarar que todo el mundo daba por descontada una victoria de proporciones épicas por parte de los brasileños.

 

COLÓN VS. SANTOS

Colón: Juan Luís Pérez, Carlos Larpín, Juan Bareiro, Alberto Raúl Poncio y Edilberto Pérez; José Luís Broggi, Cilenio López, Luís Cabaña y Norberto Serenotti: Luís López y Fernando López.

DT: José B. Canteli.

Santos: Gilmar; Lima, Modesto, Joel y Giraldinho: Almir y Zito, Peizinho, Coutinho, Pelé y Pepe.

DT: Luis Alonso (“Lula”).

El partido inició a las 15:00 h, y durante los primeros ’10 minutos se vio un partido parejo. En la primera jugada del partido, una conexión entre Almir, Zito y Peizinho termina con un centro de este último al área. Almir la recibe de nuevo y habilita a Pepe, cuyo tiro fue desviado por Bareiro al corner. Inmediatamente después Colón contraataca con Broggi y L. López quien ingresa al área y conecta con Bareiro. Pero la pelota fue interceptada por Modesto. La primer jugada de Pelé fue un intento de conexión con Almir, que terminó despejando Larpín.

Promediando los ’10 minutos, Pelé llego al borde del área, gambeteó a un jugador de Colón (Bareiro) y pateó al arco, siendo bajado por Edilberto Pérez. Tiro libre de Pepe, desviado por Poncio.  Luego de eso hubo un tiempo de relativa calma, donde el Santos hizo despliegue de todas las armas ofensivas pero fue incapaz de llevar peligro al arco defendido por Juan Pérez.

A los ’30 minutos, en una gran jugada, Serenotti conecta con Cabaña, rematando éste al arco obligando a Gilmar, quien no puede evitar dar rebote. Luis “Motoneta” Lopez toma el rebote y dispara, pero Gilmar se recupera y la manda al corner. Tres minutos después, un disparo de Peizinho pega en el palo y todo el estadio queda en silencio.

A los ‘37 se produjo la lógica. Pelé, después de una pared con Coutinho, penetró por el medio de dos jugadores de Colón y tiro un disparo bajo, inalcanzable para Pérez, poniendo el uno a cero y vaticinando una lluvia de goles, amagues y humillaciones con sello carioca. El primer tiempo terminó, y lo esperable sucedía, el Santos ganaba y seguramente lo terminaría de cerrar en el segundo tiempo.

Ya iniciada la segunda parte, los primeros minutos parecieron dar fundamento a lo anterior. Primero fue Pepe, ingresando por el costado del área para mandar un centro estéril. Inmediatamente, Pelé logra ubicarse en una gran posición y patea al arco, pero el tiro fue contenido por J. Pérez.

A los ‘6 minutos se produjo el HORROR. Después de quitarle la pelota a Lima en la mitad de la cancha, Serenotti entra a la carrera al área y manda un centro preciso para que Fernando López se vistiera de Schiaffino en el ’50 y empatara el partido. Uno a uno. Inmediatamente, el Santos acusó el golpe, deseoso de castigar la insolencia de ese ignoto equipo que se atrevía a mojarle la oreja. Pero cada uno de los ataques fue rechazado por un funcionamiento defensivo impecable, que contuvo cada cosa que le tiraron.  A pesar del empuje y la potencia de Pelé y Coutinho, el Santos no fue capaz de encontrarle la vuelta al partido.

Finalmente, a los ’43 del segundo tiempo, se produjo algo que sólo Luís “Motoneta” López puede contar: “Yo le decía a Poncio que nos juntemos a tener un poco la pelota y al salir un poco me la metiera en profundidad. Cuando arranco amagando, veo que uno de ellos se cae. Llego al fondo y tiro el centro. El arquero del Santos, Gilmar, choca con uno de sus defensores que quiere cerrar y sacarla, entonces aparece Demetrio y se encuentra con la pelota servida en bandeja. Se tuvo que agachar para cabecearla. Yo seguí corriendo, después del centro y lo levanté a “Ploto”. Él no sabía lo que había pasado: era gol, era 2-1 y por más que después Pelé se enojó reventando el travesaño, Colón le ganó al Santos y quedó en la historia”.

La reacción del Santos fue instantánea, pero al mismo tiempo ineficaz. Pelé, afectado por el gol, comenzó a bajar prácticamente hasta su área para tomar la pelota y llevar adelante el ataque. Desesperados por empatar, terminaron desordenándose frente a un equipo que, con ventaja, se dedicó a mantener circulando la pelota en mitad de cancha a través del trabajo de Poncio y L. López.  Sin embargo, la historia de Colón dicta que las cosas no se ganan con tranquilidad. Poco antes del final del partido, Pelé pateo un remate violento que termino impactando en el travesaño y cayendo casi en la mitad de la cancha. Pitazo final. Colon 2, Santos 1.

Muchas son las historias que se cuentan de lo que sucedió después. Se dice que el club había organizado una comida para agasajar al Santos después del partido. Sin embargo, fue tal la calentura del equipo brasileño que inmediatamente terminado el partido se fueron del estadio y volvieron a Brasil. Apenas terminado el Partido, Luis Alonso “Lula”, director técnico del Santos, se contactó con Ítalo Giménez ofreciéndole jugar la revancha nuevamente en Santa Fe o llevar a la delegación de Colón hasta Santos (Brasil) acordando, además, una muy buena suma de dinero para la institución, pero éste se negó en rotundo. Y en medio de los festejos en el vestuario, le dijo a su tesorero: “No hay plata en el mundo que me pueda hacer cambiar de opinión para jugar la revancha. Colón volvió a ser grande otra vez y estos muchachos quedarán para siempre en la historia porque le ganaron al mejor equipo del mundo de todos los tiempos”.

 

 

Fabricio Mándola, (06 de Abril de 1991), nacido y criado en Santa Fe, República Argentina. Escritor poco disciplinado pero insistente, fanático de la literatura del siglo XX (Saer, Joyce, Borges, Kafka, entre otros), la música, el futbol y la política. Amante de la ciudad como espacio social, pero mucho más como entidad literaria. Cuenta con menos publicaciones de las que quisiera, pero con muchas más de las que merece.

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