Como es bien sabido, hoy en día todo evento, moda o comportamiento social compartido por más de cinco personas es susceptible de ser capitalizado por la industria editorial, así que no es de sorprenderse que Grupo Planeta haya encargado a Luciano Wernicke este volumen, especialmente pensado para que el aficionado mexicano vaya entrando en calor previo a la justa de Rusia 2018.

Digo que se lo encargaron porque, seamos honestos, ¿qué más llevaría a Wernicke —un connotado escritor deportivo de Argentina— a enfocar su mirada en una selección que no sólo es inferior a la suya, sino que tampoco es lo suficientemente mala como para llamar tanto la atención? No es un proyecto de pasión pura, vaya. Un breve vistazo al perfil de Twitter del autor revela su reciente escritura de un libro similar para la selección de Colombia, por ejemplo, así que el tipo ha estado muy ocupado últimamente.

No se entienda que mi relativo desencanto de romántico acerca de los orígene$ pecuinario$ de este libro equivale a un desprecio completo del mismo. De hecho, lo que uno encuentra en Historias insólitas de la Selección Mexicana es un ameno y casi siempre bien informado anecdotario que va a funcionar muy bien con los lectores de cosas ligeras y los aficionados al futbol quienes trabajan y no tienen mucho tiempo para hundirse en, digamos, una historia cultural del futbol en Europa del Este.

El libro fluye al ritmo rápido y desenfadado que compete a un anecdotario pop: en su mayoría está compuesto por breves cápsulas de información de una o dos cuartillas, agrupadas en capítulos más grandes cuya división, he de decirlo, a veces no tiene mucho sentido.

Dentro de unas expectativas razonables, el libro comienza muy bien. El pequeño prólogo de Christian Martinoli no está mal, lo cual —créanme— es raro dentro del microuniverso de los cronistas deportivos que escriben en el periódico y etcétera, y las primeras 100 páginas del texto de Wernicke resultan en verdad divertidas. Uno ha crecido escuchando versiones y referencias a muchas de estas historias por parte de algún abuelo, un padre, los mismos deportistas en alguna entrevista o cuando los narradores de un partido aburrido se ponen a recordar cosas, pero tenerlas (casi) todas en un solo libro, bien detalladas y estructuradas, resulta gratificante al menos para mí, que me gusta el futbol, pero no tengo la edad para recordar gran parte de este relato tal y como pasó.

Me gustó leer sobre las primeras copas del mundo, por ejemplo, en que la Selección llegaba al evento en barco y entrenaba en jardincitos de colegios, todo ello sólo para que la suerte aciaga y la falta de fogueo a menudo depararan la eliminación después de dos golizas. Me gustó leer sobre aquel mítico cuadrangular eliminatorio en Haití, donde la Selección quedó fuera de Alemania 1974 tras ser víctima (según ellos) de una maldición vudú. Me asombró averiguar las simpatías nazis del capitán francés que enfrentó a México en 1930 y la doble carrera de Vittorio Pozzo como entrenador de Italia y columnista deportivo al mismo tiempo. Todo esto conducido por Wernicke en una prosa limpia, ágil y dotada de una investigación hemerográfica sólida.

Todas estas ya son historias y virtudes suficientes para no descartar al libro como una simple baratija oportunista de temporada. Vaya, sí es de temporada, pero también es un producto de calidad.

Sin embargo, al pasar de los capítulos, he de admitir que la lectura se hace menos divertida y comienzan a asomarse algunas limitaciones. En parte no es culpa del escritor; he observado fenómenos similares en otros recuentos deportivos: las épocas antiguas son muy entretenidas como narración porque están llenas de amateurismo, peligro y romance. En cambio, el deporte moderno es una arena profesional, de negocios, dónde sobre todo pululan hombrecillos burocráticos trajeados y chicos de 23 años semialfabetizados que están jugando Battlegrounds y subiendo el video a Instagram cuando no se encuentran jugando un partido. Personajes así no capturan la imaginación igual que los atribulados hombres de antaño, que llegaban al torneo desnutridos, con ampollas en los pies y sin patrocinio de Coca-Cola alguno.

Pero hay otros aspectos que sí delatan, cuando menos, la prisa del autor al escribir este libro. Uno de ellos es que varias de las historias ni siquiera son sobre la Selección Mexicana, sino sobre rivales de grupo o incluso equipos que compitieron en el mismo torneo sin enfrentarse al Tri. Hay tangentes no justificadas, pues. Otro problema, quizá este más grave a lo largo de las 200 páginas, es que el texto se limita casi en exclusiva a los Mundiales y alguna que otra Copa América. De nuevo, tal vez esto no moleste a nadie en la primera parte del libro porque uno entiende que de 1960 para atrás hay poca información documental y poca gente viva que recuerde las cosas, pero ya en el ámbito moderno cualquier aficionado promedio recuerda varias historias pintorescas que le ocurrieron a la Selección en algún amistoso o torneo molero. De eso Wernicke menciona poco y nada. Esta limitación esquemática a ir Mundial tras Mundial tras Mundial se vuelve algo monótona, además de que uno no sabe muy bien si está leyendo un anecdotario o una breve historia mundialista de la escuadra tricolor.

Sea lo que sea, este volumen ligeramente confundido es una lectura disfrutable y pulcra que vale la pena tanto para el aficionado de hueso colorado que gusta de coleccionar todo lo relativo a la Selección, como para el principiante que apenas se acerca a los orígenes deschavetados de nuestro tan odiado y amado futbol.

 

Historias insólitas de la Selección Mexicana

Luciano Wernicke

Ed. Planeta, 2018

210 pp.

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D. Arce García

D. Arce García

(n. 1993) Estudió Letras Inglesas en la UNAM porque parecía buena idea en ese momento.

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