por David Manangón

Wait for sleep
-Kevin Moore

 

Estoy sola en casa. Tu cuarto sigue igual. No quité los cuadros de payasitos, ni las estrellas del móvil. Huele a nuevo, a talco y aceite. Tu ropa se siente muy suave. La dejo sobre la cuna y me siento en la mecedora. Me duelen los pechos y más adentro incluso. Siempre serás mi bebé. Apago la luz y fijo mis ojos en tu almohada. Esta noche no hay luna ni beso de buenas noches.

Hoy tu papá no enciende el televisor. Me dice que saldrá a tomar algo. Dejamos de ser una familia. No lo detengo. Me da un beso en la mejilla.

En tu habitación pienso cómo habrías crecido. Tu padre habla menos. En casa, nada más ha sonado el televisor estas semanas. Su distancia duele. No quiero olvidar nada de ti. Hace tiempo leí que algunas madres chimpancé mueren de pena cuando pierden a su cría, se arrancan mechones de pelo y dejan de comer.

Tu padre insiste que todo está en mi cabeza, que debo olvidar. Le doy la espalda y me cubro con la sábana para que no me vea llorar. Él se levanta y baja a la sala. Volvió a fumar. Miro al tumbado. El color blanco me recuerda a ti. Tu habitación podría tranquilizarme.

Busco algo para comer. Esteban volvió al trabajo. Extraño las sopas que me preparaba. Encuentro unas galletas y atún. Tengo que bañarme, pero no hallo fuerza para quitarme el pijama. Corro a mi cuarto y me acuesto boca abajo. Pasan las horas y no duermo. Me duele la espalda en cualquier posición, igual no quiero salir de la cama.

Las caricias de Esteban me reconfortan. Tu papá se hace cargo de todo. Aún no comprendo por qué la vida de la madre es más valiosa que la del bebé. Tomo la sopa que me lleva y él espera a mi lado. Pregunta cómo me siento y cuando no le puedo contestar me abraza de inmediato. Tu papá es muy bueno, pero no sé si lo perdone del todo por escogerme en tu lugar.

De regreso en casa no dejo que tu papá me abrace. La decisión con los médicos, ese terrible funeral, el ataúd blanco lleno de ángeles y la gente que no paraba de condolerse. Ellos no saben nada. Pregunta si me pasa algo. No tengo respuesta. Quiero gritarle que me devuelva a mi bebé. Pero callo y subo a la habitación. Él va tras de mí. Me cobija y me da un beso en la frente. A pesar de todo, me agrada que tu papá se quede a mi lado.

La enfermera me observa en silencio. Tu papá se acerca. Me toma de la mano. La suelto y le doy la espalda. Él no entiende. Se justifica y eso no me anima. Le clavo la mirada y apenas me sale la voz. ¿Por qué no lo escogiste a él? Me abraza y llora, ruega que le perdone. No sé por qué eligió así, por amor o pereza. Se sienta junto a mi cama y no suelta mi mano.

Al despertar me siento húmeda. Trato de levantarme y un dolor agudo no me deja. Tu papá está en el baño, sale con la cara llena de espuma. Nervioso levanta las cobijas y vemos todo manchado de sangre. La ambulancia llega antes de que termine de vestirse. Mientras me bajan, tu papá me dice que todo va a salir bien. Yo le creo, por eso me dejo llevar. Él sube a la ambulancia. Siento mucho frío.

Las cosas no van bien con tu papá. Aunque diga que es por mi salud, yo no pienso detenerme. Él es muy inseguro y tiene miedo. Quiero verte crecer. Cuidaré de ti. No es imposible. Soy fuerte aún. Los médicos se equivocan también. Te amo y eso basta para una madre. No piensan en lo que yo quiero y siento. Tú eres mi hijo. Dejaré el trabajo desde el lunes.

Vamos a casa de tu abuela. Mientras conduce, tu papá intenta explicarme las opciones que dio el médico. Me duele que piense interrumpir el embarazo. Habla de mi edad y los riesgos. Tu papá debería ser más sensible. Pero dice que se preocupa por mí. Estaciona el auto. Menciona tu enfermedad, será mucho trabajo para los dos. Es una puñalada. ¡El que debería abandonar eres tú!, le grito. No sabe qué decirme. Apaga la radio, pero ninguno habla. Miro a través del cristal a un niño jugando con su perro. Seguro Esteban también los observa. Siento que me acaricia el cuello y susurra que continuemos.  Me besa y le correspondo. Seca mis lágrimas y vamos a casa de tu abuela.

Tu papá me abraza antes de entrar al consultorio. Me tiemblan las piernas al ver al médico. Hasta ahora no tengo claro qué pasa. Me entrega un sobre con los resultados. Al sacar los papeles sigo sin entender. Aprieto la mano de Esteban. Pasa una eternidad hasta que el doctor se ponga los lentes y explique unos datos incomprensibles. Escucho un pitido que lo hace más difícil. Le pido que sea más claro. Síndrome de Down,

Estamos listos para ir al consultorio. Los resultados están listos. Esteban me tranquiliza con sus palabras. Todo saldrá bien, repito. Los doctores son así, se toman todo el tiempo para asegurarse. Besa mi vientre y canta un poco. Lo amarás apenas lo veas. Acaricio su cabello. Desde que nos enteramos de tu llegada me siento más enamorada de él. En unos meses verás tu cuarto, quedó precioso. Al fin nos pusimos de acuerdo y escogimos los cuadros de payasitos. Él quería caballos, pero al final cedió. Es muy dulce. Lo amo mucho. Casi tanto como a ti.

 

 

Ilustración de Egon Schiele.

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