por Alan Armas de la Rosa

 

PRÓLOGO

La presente guía le ayudará a usted, comprador en potencia, a sobrevivir al Buen Fin y no perecer en el intento. Si usted gusta de vivir experiencias alocadas, batirse en riñas, y volverse frenético en esos días del año, le encarezco se deshaga de esta guía tan pronto le sea posible; arrójela al fuego, tírela al inodoro: hágala desaparecer de la forma más práctica. Debe evitar seguir leyendo a toda costa, ya que su espíritu incauto podría ser arruinado. Una vez advertido, el autor no se hace responsable por los daños irremediables que este manual pueda provocar en el lector.

 

  1. LA LLEGADA

Serénese, mantenga la calma, no baje las ventanas del auto de no ser extremadamente necesario.

La primera impresión del lugar puede ser desconcertante y en muchas ocasiones desalentadora. Intente no seguir la fila interminable de autos: le aseguro que ellos, como usted, tampoco tienen idea de lo que hacen. Limítese a seguir a las personas. Sea precavido y no presione, manténgase a raya. De ser necesario asome la cabeza por la ventana y, esbozando una ligera sonrisilla, pregunte a las personas si van a salir.

Una vez estacionado el auto, asegúrese de cerrarlo bien y llevar consigo el boleto del estacionamiento. Preferentemente anote en un pedazo de papel el lugar donde deja su auto; no confíe en usted, le garantizo que no funcionara.

Al bajar del auto es normal que sus rodillas tiemblen y sufra de estrés pretraumático; descuide, ira mejorando. Camine a la entrada. Por ningún motivo se arroje al suelo y permanezca en posición fetal.

 

  1. LA ENTRADA

Si usted logra llegar a este punto satisfactoriamente, permítame felicitarlo, ha superado un complicado filtro. Es usted grande entre los grandes.

Recuerde que lo más importante en estos escenarios es apelar a la sobriedad. Si sus rodillas aún tiemblan, aproxímese a algún extremo del lugar y permita el flujo de tránsito. Tome un par de minutos para analizar detalladamente el lugar. Localice los puntos cercanos a usted por los que podría caminar más libremente. Estudie meticulosamente las condiciones a las que se enfrenta. Sea preciso y rápido. Siga la dirección de la oleada. Mantenga los brazos pegados al cuerpo en todo momento, de lo contrario podría perderlos. Respete el paso de la gente, no se precipite, y por ningún motivo intente rebasar.

Al encontrar su salida simplemente tómela; no es necesario anunciarlo en voz alta, a no ser que vaya acompañado.

 

  1. LA TIENDA

No titube en la entrada, diríjase con paso firme; los animales indecisos son los primeros en ser devorados.

Al caminar, modere su velocidad, no es necesario correr, pero tampoco permanezca inmóvil en un sitio por más de cinco segundos.

Se requiere de suma concentración  y observación una vez dentro. Observe detenidamente a los otros compradores, haga contacto visual, ejerza presión, no vuelva la cara.

Vaya sin vacilación al lugar deseado. Use ambas manos para escarbar entre el montón de objetos desperdigados sobre la mesa. Bajo ninguna circunstancia se dirija a los probadores; un error de principiante que usted debería evitar.

Una vez escogidos sus artículos, tómelos y estrújelos contra su pecho. No levante los brazos, aférrese a ellos como si su vida dependiera de ello.

Condúzcase con cuidado entre los pasillos. Mantenga la vista siempre al frente. No responda a sus instintos; contrólese. Si ha olvidado algún objeto, le encarezco no regrese a buscarlo, se ha extraviado para siempre y ahora le pertenece a un fulano más.

 

  1. LAS CAJAS

Ubíquese en la fila. Con el fin de evitar situaciones incómodas, no empiece una conversación con la persona de junto. No responda a provocaciones. Sea paciente, esconda los colmillos.

Al percatarse que una persona inicia una discusión con la cajera, abandone la fila de inmediato; no hay razón para permanecer allí; créame, estas situaciones nunca mejoran.

Entregue las cosas a la persona detrás del mostrador. Sonría delicadamente y pague sin chistar. Revise que todo se encuentre en orden; de no ser así, evite lanzarse como una fiera, desvencijando a la persona que atiende.

Una vez saliendo de la tienda volverá a ser parte de la multitud, agobiado por la congestión.

 

  1. LA COMIDA

Es usted un gran comprador, por ello se merece una gratificante porción de alimento.

Aproxímese al lugar con menos gente. Tenga a la mano el cambio exacto para pagar su orden.

Busque entre el océano de mesas algún lugar disponible. Cuando lo haya atisbado, diríjase a él. Es menester cruzar la frontera atestada de mesas; si intenta llegar por alguno de los extremos podría ser demasiado tarde. Sostenga la bandeja con suma firmeza. Recuerde que es usted el comensal y no la comida. Espante con la pierna a cualquier bellaco que intente robar su lugar.

En caso de notar que olvido lavar sus manos, temo informarle que ya es demasiado tarde.

Disfrute sus alimentos.

 

  1. LA SALIDA

Ha llegado al punto culminante de este emocionante viaje. Seguirá sintiendo leves estremecimientos por los próximos días; descuide: ira recuperando su color habitual paulatinamente.

Salga despavorido del lugar, agitando los brazos en el aire y gritando. Conforme se aleje de la algarabía, sus síntomas irán mejorando.

 

EPÍLOGO

Al llegar a casa, déjese caer pesadamente contra el sillón. Siéntase orgulloso, ha sido capaz de sobrevivir a un mal interminable, está usted preparado para el apocalipsis.

Deléitese desenvolviendo sus nuevas y preciadas adquisiciones una y otra vez. Relájese, quítese los zapatos y olvídese de su miserable y tortuosa existencia. Pruébese de nuevo aquel abrigo que lo hace ver tan único y diferente a usted y a veinte mil personas más. No permita que nada y nadie inmute su tranquilidad. No deje que lo insulten. Disfrute, no piense en el dinero que tendrá que desembolsar; pagará hasta en seis meses.

Para una mejor y más prolongada sensación de placer, acuda de inmediato con algún vecino, restriéguele en la cara sus nuevas y agradables pertenencias. Ya verá cómo se le chispan los ojos. 

 

 

Alan Armas de la Rosa, colaborador habitual de la Marabunta. Realizador de profesión, escritor por vocación.

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