por Zaid Díaz

 

En el distrito se corrió un rumor: en los años siguientes la reproducción entre los seres humanos ya no existiría. Las personas oían este rumor a la volada y lo asumían  solo como una ingenua broma creada por algunos fanáticos de la ciencia ficción. Otros pensaban en líderes religiosos, culpándolos por haber inventado esa profecía para evitar la promiscuidad y enfermedades incurables como el sida, pero muy pocos,  empezaron a creer en dichos vaticinios. En el mayor de los casos, nadie tomó el rumor en serio porque sencillamente era un rumor.

En una esquina se erguía un hotel como un falo erecto.  Una pareja ingreso, pidió una habitación; les tocó en el tercer piso, al llegar, buscaron el número del cuarto como animales amaestrados buscando su jaula; al encontrarlo, abrieron la puerta e ingresaron. “Escuché por ahí que ya no podremos reproducirnos”, dijo el hombre mientras se desvestía. “Tonterías…” respondió ella tirada en la cama, “fue igual con lo del fin del mundo y ves nunca llegó”.

El macho desnudo, sobando el cuerpo de su hembra se acostó en la cama, “Mientras tanto, disfrutemos” le susurró en el oído con tono varonil, mientras le ajustaba toda su entrepierna gruesa en el muslo tibio y limpio de la mujer, ella dijo “¡sí!” con una mirada húmeda. Ambos se babearon hasta el cabello, los cuatro labios recorrían todo los espacios, solo se encontraron esporádicamente, frente a frente, para devorarse.  Las pieles empezaron a emanar un olor a jadeo y a gemido, combinados, se convertían en un concierto animal. Ella en un gesto exigió la penetración a su hombre; sin reprocharle nada,  la consintió al instante. Su espada atravesó la tela tibia, escondida entre pliegues sensibles y  permaneció ahí, reposando. Los movimientos se crearon solos como el sudor, la música se iniciaba sola; El cuerpo. El sonido. El cuerpo. El sonido. El cuerpo. El sonido. El cuerpo el sonido. El cuerpo el sonido. El cuerpo el sonido. El cuerpo el sonido. El cuerpo el sonido. Cuerpo sonido cuerpo sonido cuerpo sonido cuerpo sonido cuerpo sonido cuerpo sonido cuersonidocuersonidosonidosonidosonidosonidosonido….

 La espada se retiró para escupir, pero se sorprendió al no expulsar nada. Ella lo miró escéptica. Él se indignó; nunca le había pasado algo como lo sucedido ahora, incluso cuando se masturbaba antes de cada baño se mojaba toda la mano, pero esta vez todo fue seco. Consternados por el hecho, decidieron retirarse del lugar.

Un perro con una mancha negra en el lomo andaba descansado por ahí, al ver a la pareja decidió seguirlos. Ninguno de los dos se dio cuenta, estaban abstraídos de la realidad. “¿Por qué no eyaculé nada?”, dijo el hombre consternado, “¿si apenas había empezado?”. “De seguro es por cansancio…”, respondió la mujer para apaciguarlo…“¡Cojudeces!”. Siguiendo su conversación, se perdieron doblando una esquina, el perro se había detenido antes, pero se volvió a perder en otra dirección para seguir la bolsa negra que cargaba otro tipo en la mano.

Al día siguiente, el hombre asustado fue al hospital para saber si lo ocurrido el día anterior, en pleno acto, pudo haber sido producto de algunas alteraciones internas. Él era joven y sano, con toda la virilidad encendida, propia de su edad. Después de largos exámenes y una semana de espera, salieron los resultados. El doctor miró fijamente al muchacho y le dijo con toda fluidez: “nunca más podrás producir esperma, su órgano reproductor no presentaba ningún daño, pero por motivos inexplicables, los testículos se le habían secado”. Asustado, el hombre ante la afirmación seria y clara del doctor, llenó de ira se levantó, empezó a lanzar infinidad de groserías y se arrojó hacía el doctor para pegarle, pero inmediatamente se le fue impedido por agentes de seguridad del hospital, al instante, lo sacaron del establecimiento. Desesperado, fue a una clínica para corroborar el diagnostico anterior, pasó nuevamente por largos exámenes y una semana después, le dieron los resultados; testículos secos. El muchacho, decepcionado, se encerró en su casa, por varios meses no se supo nada de él. Un amigo lo visitó una mañana. Agraviado, lánguido y triste, decidió contarle su historia al visitante… al terminarla, murió.

En los meses siguientes, al amigo, igual de joven y viril, le sucedió lo mismo y en la misma situación. Preocupado, se fue al hospital para averiguar sobre su mal, está vez los resultados fueron:

 

SEQUEDAD TESTICULAR POR CAUSAS DESCONOCIDAS

SEQUEDAD TESTICULAR POR CAUSAS DESCONOCIDAS

SEQUEDAD TESTICULAR POR CAUSAS DESCONOCIDAS

SEQUEDAD TESTICULAR POR CAUSAS DESCONOCIDAS

 

Ante el imprevisto, decidió contarle a un amigo lo ocurrido, pero increíblemente a él también le estaba pasando lo mismo. Ambos sorprendidos, se llenaron de pánico y tuvieron miedo por los meses siguientes.

Sucesivamente los casos en  varones con testículos secos fueron más frecuentes. Primero, en unos meses, todo un distrito de 26 000 habitantes, con el 45% de varones ya estaban infectados. El alcalde de dicho lugar, también estéril, promulgó su preocupación en una conferencia de prensa, prometiendo encontrar la causa de todos estos problemas con apoyo del gobierno. A los días siguientes el presidente respondió, cuando todos pensaban en su apoyo a  la causa, sucedió todo lo contrario, ordenó, para desgracia de toda esa comunidad, ponerlos en cuarentena, nadie podía salir ni entrar en ese distrito, por estar en riesgo la reproducción de nuestra especie. Todos en el país se alarmaron, pero antes de finalizar su discurso, el presidente ordenó también, descubrir la causa de dicha epidemia. Otros meses pasaron y nadie halló, ni remotamente, el causante del problema.

En el trimestre siguiente, empezaron a oírse casos iguales en el interior del país. La cosa iba en aumento. La población se alarmó, el pánico generado en las masas se elevó al máximo, empezándose a reportar casos de suicidios.

Inexplicablemente, los infectados hasta ahora eran hombres de 15 años en adelante, pero para sorpresa de la gente fueron reportándose hombres de toda edad. Al cumplirse el año, en todo el país, con 26 000 000 millones de habitantes, 12 500 000 varones estaban infectados.

La comunidad internacional se alarmó, en todos los noticieros del mundo divulgaron la desgracia del país sudamericano. Enviaron investigadores para analizar las causas de la sequedad testicular, pero difícilmente encontraron algo al respecto.

Al siguiente mes, se oyeron casos iguales en otras partes del mundo. En cada país había al menos una persona infectada, lo cual fue suficiente para azotar al mundo entero. Para el año siguiente, más del 50% de la población masculina en el mundo ya no podría tener hijos nunca más. Todos los líderes del mundo se reunieron, decidiendo juntar a los infectados en un solo continente. Todas las mujeres residentes de los lugares infectados, con urgencia, fueron trasladadas a zonas aún sanas para poder procrear, y de paso para protegerlas, pues nadie sabía si la epidemia (ahora pandemia) podría atacar a mujeres.

El mundo se había divido en dos partes sumamente distintas entre sí, solo en dos años. La parte seca solo la habitaban los hombres resignados a la muerte, porque según ellos todo terminaría si todos los infectados morían. La parte sana la habitaban los hombres aún eyaculadores, pero en esa parte había una sobrepoblación de mujeres de un 70%. En este lugar, lo primordial era procrear y procrear. Pero no salió del todo bien, el primer caso de sequedad testicular en la parte sana se había diagnosticado, se propagó por todo el mundo apenas el hombre se había enterado. Las masas cayeron en pánico y ahora sí empezaron a creer en su extinción.

Solo pasó un año más.En todo el mundo no quedaba hombre de cualquier edad, color o género, que eyaculase; todos estaban completamente secos.

Se habló ahora sí con firmeza sobre la extinción, y muchos fanáticos se suicidaban en masas. Oleadas de hombres, mujeres y niños, se arrojaban desde cualquier parte, edificios, puentes, cualquier altura, hacía el vacío. Otros se amarraban piedras en los pies y se aventaban al mar. Hubo personas que tenían tumultos de gente bajo su cargo y por el pánico asesinaban a todos; luego, al darse cuenta de su error, se suicidaban. En todas partes del mundo se hablaba de suicidio caos suicidio caos suicidio caos… fin de la especie… la extinción estaba empezando.

El perro con mancha negra en el lomo, seguidor  del primer caso, observaba lo ocurrido desde un punto desconocido del mundo. Este animal presenciaba los suicidios más grotescos y los asesinatos más crueles, y nadie podía hacer nada al respecto. Cuando todos hubieron muerto en su lugar de origen, anduvo por todo el mundo. Al darle una vuelta completa, solo quedaba un hombre en pie, y el perro ya estaba viejo.

El último hombre en pie miró fijamente al perro. En todo el espacio no se olía ningún aliento de vida humana; en su reemplazo, vagaban fragancias eternas de carne putrefacta y soleada. En todos los suelos, de todos los lugares, infinidad de cuerpos con variedad de tamaño, color y género parecían alfombras multiformes y hediondas. El hombre recogió una pistola, apuntó a su cabeza, y mirando al perro, se disparó. El perro se acercó al cuerpo caído, olfateó el cráneo, lamió sangre fresca por un rato, volvió su cuerpo hacía atrás para mirar el horizonte e, irguiéndose en dos patas, se alejó.

 

 

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