por Mauricio Martiarena

 

Kim You había vivido toda su vida consciente de cuál era su destino, él era el séptimo hijo de un séptimo hijo de la línea de Khan en su tribu, esto sólo podía significar una cosa, al alcanzar la mayoría de edad o a la muerte de su abuelo, el actual Chisha, debía entrar a la cueva al pie del volcán, internarse en sus abismos y encontrar a Yao-Li, el espíritu dual, destructor y creador, inicio y fin. Kim debía hablar con él y demostrarle que era un hombre puro de corazón, debía jurar que deseaba vivir para cuidar a la tribu Negumo en nombre de los Khan, debía estar dispuesto a dar su vida por ellos y lo más importante de todo, sus sentimientos debían ser honestos y desinteresados, no podía haber orgullo, ni obligación, ni duda en él ó Yao-Li lo destruiría, usando su sangre para alimentar al volcán y su carne para darse cuerpo y vestido con la carne de Kim, saldría por la boca del volcán alimentado y  despierto, montando una ola de fuego y lava que arrasaría con los Negumo y se esparciría por el mundo aniquilando a todos los demás habitantes de la tierra, hasta cubrirlo todo con su corteza incandescente, sólo para enfriarse formando un huevo, del cual nacería un nuevo mundo y una nueva raza andaría la tierra y Yao-Li tendría nuevas pruebas para ellos y esto se repetiría una y otra vez hasta que el mundo fuera perfecto, a pesar de esto y de todos los privilegios de que había gozado en su vida, Kim no estaba seguro de que su gente estuviera en lo correcto, no estaba seguro de poder convencer a Yao-Li de unir su esencia a la suya, brindándole el poder y la sabiduría para proteger a la tribu, tampoco se sentía seguro de su pureza de corazón, pero como aún faltaban años para que fuera mayor de edad, decidió no pensar en esto al menos por el momento.

Sucedió un día, a dos lunas de que Kim cumpliera años y a dos años de alcanzar su mayoría de edad, que su abuelo cayó enfermo y mando llamar a Kim, todos sabían lo que estaba por suceder, el anciano quería estar seguro de que su nieto estaba listo para Yao-Li antes de morir, Kim entró apresuradamente a la cabaña del Chisha para encontrarlo ahí, recostado en unas tablas amarradas forradas en piel, que aparte de cama hacían las veces de camilla si surgía la necesidad de trasportarlo, la habitación estaba iluminada por una pequeña fogata en el centro que nadie se había preocupado por alimentar y se encontraba luchando por mantenerse encendida, dando así una luz mortecina que crispaba con el quedo sonido de los leños al carbonizarse, una piel de oso y una serie de tapetes bordados y cabezas de caza coronaban la decoración del lugar, junto con una mesa y un baúl llenos de hierbas, frascos y algunos escritos que el Chisha mismo había hecho cómo legado para su nieto y sucesor, quien desde pequeño había sido educado para leerlos y comprenderlos, Kim se acercó a su abuelo que dormitaba pero se esforzaba para mantenerse consciente ante la expectativa de la plática que tenía que llevar a cabo con Kim.

‒Acércate muchacho‒, le ordeno su abuelo a Kim enderezándose un poco, Kim corrió a colocar una almohada detrás de su abuelo, para que este pudiera mantenerse recostado pero viéndolo, luego se colocó frente a él arrodillándose con las piernas juntas, sentado sobre sus talones, bajó la cabeza y apoyo las manos en sus rodillas en señal de respeto. ‒Abandona la formalidad hijo mío ‒dijo el anciano sonriendo‒ un moribundo no la necesita y menos cuando viene de aquel que es su igual ya que se convertirán en uno mismo.

Kim levantó la cabeza, forzó una sonrisa ya que pasar por alto las formalidades lo incomodaba, pero por respeto y obediencia a su abuelo puso sus prejuicios a un lado y se levantó avanzando hasta la cabecera donde su abuelo había palmeado la cama/camilla indicándole que ahí era donde debía sentarse, pero eso ya era mucho pedir y el anciano lo sabía, así que no se sorprendió cuando Kim se quedó de pie, en el fondo era lo que esperaba y su pecho se inflamó de orgullo antes de continuar: ‒Hoy partiré del mundo de los vivos, Kim You, y te convertirás en Chisha Khan, me marchare a vivir al volcán juntó con Yao-Li y nuestros predecesores Khan.

Kim sintió un gran deseo de asentir, pero el anciano no le estaba pidiendo permiso, ni le importaba si Kim entendía a que se refería, así que Kim se contuvo y dejó sus ojos clavados en un punto al azar en el pecho de su abuelo.

‒Confío en que estés listo para enfrentarte a Yao-Li, ya que al morir yo, despertará, tendrás una luna, no más, para ir a la cueva y unir tu alma al espíritu de Yao-Li, para proteger la tribu y el mundo, esa es la tarea del Séptimo hijo del Séptimo hijo de la familia Khan, así también al regresar de la cueva contraerás nupcias con tres mujeres de la tribu y engendraras para que la tradición permanezca en nuestro linaje ya que está carga es tan dura, que a nadie hay que deseársela y a nadie hay que pedírsela.

Kim deseaba decir algo para tranquilizar a su abuelo, para garantizarle que protegería a su gente, quería hasta garantizar que su séptimo hijo sería varón y que el séptimo hijo de este también, pero la duda inundaba su corazón y no podía mentirle al anciano, esa sería la peor falta de respeto, así que se quedó callado, solamente levantó la mirada para ver al anciano pues se había quedado en silencio, dormía plácidamente con respiraciones espaciadas, Kim sabía que su abuelo no volvería a despertar, sabía que si salía de ahí ya no lo vería vivo una vez más y supo que las normas y la formalidad eran ya absurdas, así que apoyando las manos en las tablas e inclinándose, beso la frente de su abuelo, mientras le humedecía el rostro con lágrimas, para después salir de la cabaña, preparar sus armas y un par de comidas y visitar a su padre antes de partir.

Kim encontró a su padre al filo del barranco, desde donde se podía ver la extensión del mundo que era desconocido para los Negumo, pero que sabían estaba habitado por otros hijos menos privilegiados de Yao-Li, gente que ignoraba que había en ese lugar apartado, un joven que debía convencer al creador de no destruir el mundo, mientras los pecadores del mundo inferior, vivían una orgia de sexo, asesinatos y alcohol, estúpidos y felices, a veces Shibu, padre de Kim, los envidiaba, pero la mayor parte del tiempo se debatía entre el despreció y la compasión, cuando Kim se acercó, su padre no volteó para mirarlo, simplemente se contentó con preguntar, ‒¿Ha muerto ya? ¿O a dónde pretendes ir? ‒ A Kim siempre le había asustado como su padre parecía estar al tanto de todo cuanto pasaba, esto le hacía su tarea más difícil o ¿Más fácil? Aún no lo decidía, tal vez dejara que su padre contestara la pregunta por él, pero mientras tanto tenía que despedirse, había decidido no hablar nunca más hasta cumplir su misión, así que confiando en el poder de su padre concentró en su mente la imagen de un tigre, al no escuchar respuesta por parte de Kim, Shibu volteó hacia él, a pesar de no ser psíquico ni mucho menos, vio miedo, duda y una profunda tristeza en los ojos de su hijo, vio sus mejillas manchadas por la sal de las lágrimas que había derramado sobre su abuelo, pero vio su respiración tranquila, así que lo comprendió todo.

‒Aún está vivo, pero no quieres… más bien temes enfrentarte a Yao-Li, pero si aún no estás loco, debes saber que no tienes opción.

Kim se sorprendió una vez más, tal vez era su padre quien debía hacer la unión con Yao-Li, talvez se habían equivocado y él debía haber sido su padre y su padre él, eso explicaría todo, pero aún faltaba que supiera a donde se dirigía, así que concentró una vez más la imagen del tigre en su cabeza y sin darse cuenta descubrió el tatuaje de los Khan de su pecho y asomó sus dientes por entre sus labios en una expresión salvaje, lo cual le dijo a Shibu cuáles eran las intenciones de su hijo, así que se dirigió a este y desprendiendo de su propio cuello un collar, una simple pieza de madera, tallada con la cresta de los Khan, pero que se sujetaba con una especie de hilo transparente, Shibu puso el collar alrededor del cuello de su hijo.

‒A pesar de que este collar es una simple decoración, el hilo es el que cuenta, la pieza de madera esta enredada en un bigote del Khan, cuando en mi juventud fui a enfrentarme a él, en busca de poder, fuerza y conocimiento, solo conseguí cortarle un bigote cuando me tenía ya entre sus mandíbulas y se disponía a partirme a la mitad, llévala contigo y recuérdale que eres hijo de Shibu el de huesos fuertes, el Khan es puro de corazón y al ver que eres un Khan e hijo mío, se mostrara más dispuesto a hablar que nunca, ve con bien hijo mío y vuelve pronto, que tu abuelo acaba de fallecer ‒,y al decir esto dio media vuelta y se quedó mirando al mundo inferior. Kim sabía que esto era un gran gesto por parte de su padre, pues esperaba que se marchara sin nadie para despedirlo, como si nada fuera a cambiar, dándole así la oportunidad de regresar como si nunca se hubiera ido y si regresaba triunfal sería como si nunca hubiera dudado y así, al abrigo de la noche, Kim corrió a internarse al bosque, camino al monte donde se presumía vivía El Gran Khan, padre de la tribu de Negumo.

Kim se encontraba a escasos cien metros de la aldea cuando empezó a ver la columna de humo azulado de la pira fúnebre, mientras los tambores y cascabeles resonaban en su oído como si fueran tocados desde dentro de su cabeza, al tiempo que su corazón se acompasaba a esos ritmos que avanzaban en velocidad. Mientras más se alejaba, notó que los tambores seguían pero los cascabeles habían dejado de sonar hasta que se percató que ya no eran los tambores, sino el impacto de sus pies contra la firme tierra y el de sus manos contra sus muslos, pecho y árboles; él seguía el ritmo de los tambores mientras su corazón y su paso se sincronizaban en un intentó por distraer la mente de sus preocupaciones e infundirse valor, cosa que le había funcionado hasta que perdió la concentración. Kim tropezó con una raíz, siendo disparado unos metros adelante, hundiendo su cara en el barro de una tormenta que venía del norte y había avanzado decidida hasta alcanzar al peregrino que de inmediato termino cubierto de lodo y empapado.

Ciego por el barro y ensordecido por el impacto en la cabeza, se alzó y dirigiendo el rostro al cielo y abriendo los brazos, abrió la boca para gritar, tensó la mandíbula para liberar toda la energía en un sonoro grito para desahogar su dolor, su miedo, sus frustraciones, su odio contra si mismo y su debilidad, pero ningún sonido salió de su boca. Si algo tenía Kim, si algo le quedaba entero, era su convicción, así que no grito porque lo había prometido, si no había logrado hablar a su abuelo, no hablaría con nadie hasta fundirse con Yao-Li y tener a su abuelo y a toda la línea de Khan dentro de su pecho. Se sentó inmóvil, una estatua cubierta de barro, profiriendo un grito mudo al ambiente mientras el agua caía sobre su rostro y su cuerpo, limpiándolo del barro, pero no sólo limpiando su carne, sino purificando su espíritu, lavando las preocupaciones, los miedos y el odio, pero ni las lágrimas del cielo, ni la entrega que hacía Kim de su cuerpo a los elementos fueron suficientes para borrar la duda, una duda que para este momento ya se había enraizado en el corazón del joven.

Cuando la tormenta termino, Kim se dio cuenta de que se había despojado de sus ropas y sus armas y se encontraba recostado en un lecho de flores, mientras su rostro recibía los primeros rayos del sol, el cual pintaba un ligero arco iris por encima de los árboles, entonces se levantó y trepo a un árbol dejándose llevar por su instinto. Cuál sería su sorpresa al ver al arcoíris perderse tras la colina que era su destino, ahí donde el arcoíris señalaba debía encontrarse Khan y la respuesta, si de verdad era puro de corazón correría al volcán de inmediato, sin dudarlo un segundo, de no ser así, le pediría ayuda y consejo al Khan para purificarse antes de que pasara una luna, bajó del árbol y en plena armonía avanzó a la colina y se encontró sorprendido pues no había barreras, ni paredes, ni guardianes, ni trampas que lo separaran del Khan, aunque era lógico, éste no tenía ningún enemigo, al menos conocido, era viejo y sabio y siempre estaba dispuesto a ayudar a un hijo suyo, así que Kim rodeo el monte para buscar el punto señalado por el ahora ausente arco iris, al rodear el monte su sorpresa fue aún mayor, pues había un valle hundido, que contaba con un sembradío, una laguna, un molino, un pozo y un impresionante y vasto terreno donde se encontraban en libertad una vasta cantidad de herbívoros de todo tipo que pastaban o tomaban frutos de los árboles en una absoluta calma, al bajar al valle Kim vio a lo lejos un cerezo y al ser que estaba buscando.

Kim sabía que el tigre era el estandarte de los Khan y había escuchado las leyendas sobre el hombre tigre, además de que llevaba al cuello un colgante hecho con uno de sus bigotes, pero aun así nada lo hubiera preparado para la visión que apareció frente a sus ojos, un tigre antropomorfo yacía recostado, espalda contra el cerezo, vestía un imponente manto ceremonial y agitaba sus siete colas de forma curiosa mientras observaba al niño que ya era casi un hombre avanzar hacia el con un temor frío acompañado de una emoción estremecedora por encontrarse frente a frente con el padre de su gente, el tigre vio la excitación en Kim y lo invitó con un gesto de la imponente cabeza a que se sentara junto a él, Kim obedeció y se recostó en el gigantesco cerezo a una distancia prudente del tigre, Kim se movía impacientemente, pues deseaba obtener su respuesta, pero el tigre lo tranquilizo con una mirada.

‒Ahora descansa hijo mío, has recorrido un largo trecho, ya habrá tiempo para hablar‒, Kim entonces se dejó sumergir en la belleza del paisaje y encontró la calma hasta que se quedó dormido.

Al despertar, Kim vio frente a él un servicio de té y al tigre sentado, esperando pacientemente que despertara, al ver que este se levantaba le hizo un gesto para que se acercara y así ambos tomaron su té en silencio, pasada una hora el tigre se levantó e indicó al hombre que lo siguiera. El gran Khan se detuvo a la orilla del lago y tomando a Kim entre sus brazos lo baño en las aguas con una ternura y un cuidado que ningún hombre ha experimentado jamás; al finalizar, el tigre lo recostó en la hierba para que el sol lo secase, y ya que este estuvo seco, preguntó ‒¿Qué haces aquí Shisu Khan? ¿No deberías estar en las profundidades de la tierra buscando a Yao-Li?

Esto saco a Kim de su ensimismamiento y miró al Khan con una gran tristeza dejando entrever su duda y desesperación, tocó su pecho a la altura del corazón y con la otra mano tomo la tierra del suelo y la deposito creando una mancha negra en su pecho, ya que estaba dispuesto a mantener su promesa aún en presencia de su padre del cual sospechaba, ya conocía el motivo de su visita, el Khan asintió con la cabeza en señal de entendimiento.

‒Tendrás que realizar una serie de pruebas para confirmar que tu corazón es puro, la primera de ellas consiste en sembrar estas semillas‒ dijo el Khan tomando una bolsita de entre sus ropas.‒ Siémbralas y riégalas con agua del lago; si para mañana se ha dado la flor, habrás pasado la primera prueba; además deberás cosechar todo el trigo de mi territorio sin dormir‒ el tigre se levantó y le señalo a Kim un trigal que se encontraba del otro lado de la laguna y se alejó, dejando a Kim solo para cumplir con sus tareas.

Kim no tardó en buscar un lugar dentro del sembradío del Khan para plantar sus semillas y después corrió al pozo, de donde saco una cubeta que usó para regar sus recién sembradas semillas con agua del lago, le parecía increíble que pudieran darse al cabo de una noche, pero si el padre de los Negumo había dicho que era posible, entonces era posible, luego se dirigió al trigal y encontrando una hoz, se dispuso a trabajar. Trabajó durante toda la tarde y la noche y no parecía terminar, cada vez que juntaba una buena cantidad dejaba la hoz a un lado y se dedicaba a hacer atados, así pasó que el sol había salido una vez más cuando terminó y vio que una vez más el trigal estaba repleto, lo cual descorazonó al joven, pero ya esperaba que las pruebas no fueran tan fáciles y comenzó de nuevo, cuando iba por la mitad, ya tenía los dedos sangrantes y entumidos y al mirar hacia atrás vio que el trigo se disponía a crecer una vez más, así que tomo la hoz y abrió la boca para gritar, conteniéndose en el último segundo, pero se mantuvo con el brazo estirado hacia el trigal de forma amenazante y vio como por arte de magia el trigal tímidamente dejaba de crecer y escuchó como detrás suyo el resto se partía de forma natural y se agrupaba listo para ser amarrado. Kim estaba tan perplejo que tardó varios minutos en retomar la compostura y así disponer del trigo que luego cargo en una carretilla que estaba por las cercanías y la arrastró hasta el cerezo donde el Khan lo esperaba con un par de conejos dispuestos en una fogata para comer, al acercarse Kim notó que el tigre llevaba al pecho una flor, una bella flor morada sujetada con un alfiler, al verlo acercarse el tigre tomo la flor y se la ofreció dirigiéndole una sonrisa, al momento Kim entendió que había pasado las primeras pruebas y se sentó a comer junto con el Khan, él pensaba que estaría muerto de hambre, pero se encontró con que solamente unos pedazos de carne y algo de agua bastaron para satisfacerlo, ambos comieron y luego el tigre le indicó que debía descansar bajo la sombra del cerezo, lo cual hizo y se quedó dormido al instante.

Al despertar, Kim vio una imagen familiar, el servicio de té, así que ya sin esperar indicación alguna, se dirigió a la mesita y ambos bebieron tranquilamente, las colas seguían dejando perplejo a Kim, pues se preguntaba para que necesitaba tantas o cual era su significado, el Kahn no dijo nada, aunque Kim estaba seguro que conocía su inquietud, pero por respeto, no se atrevió a preguntar directamente. Pasados unos minutos, el Khan se levantó y le señalo a Kim la extensión de territorio donde vivían los herbívoros.

‒Si logras que uno de aquellos animales te otorgue voluntariamente su carne para que la consumas, significa que tu corazón es puro y tus intenciones buenas.

Kim salió corriendo veloz hasta el territorio de los herbívoros que al verlo echaron a correr, buscando refugio y protección contra el intruso, Kim se dio cuenta que su actitud desesperada los estaba asustando así que fue a sentarse en la sombra de un árbol y tomo una manzana entre sus manos, la limpio y se dedicó a mirarla, después de un rato, vio como los animales se acercaban a observarlo, pero como el no hizo señal de agresión, ni nerviosismo, pronto lo ignoraron y siguieron con sus actividades normales, Kim no sabía cómo iba a obtener que un animal se sacrificara para él, así que estuvo caminando entre ellos, acariciándolos, facilitándoles la comida, jugando con las crías, todo en busca de algún indicio sobre que era lo que debía hacer, se internó en el territorio herbívoro, y más de una vez quiso hincarle el diente directamente a algún animal, sólo para recibir una patada o alguna mordida de regreso y luego ver como el animal huía despavorido. Pasados un par de días, Kim ya moría de hambre y no sabía que hacer, cuando de pronto escucho movimiento pesado, demasiado pesado para los pequeños animales que vivían ahí, asomándose detrás de un árbol, vio como el Khan estaba ahí, de pie, calmado, mirando alrededor, y dejaba oír un quedo gemido, después de un par minutos, Kim vio a un venado acercarse al Khan tímidamente, avanzaba lentamente pero con paso firme, hasta ponerse frente a él, luego alzo el cuello para dejar que el Khan lo acariciara, vio como el tigre le daba las gracias al animal y como su poderosa garra caía despedazando la cabeza del venado y matándolo al instante, después, lo tomaba dulcemente entre sus brazos y se lo llevaba hacia su cerezo.

Kim entendió más de lo que creía, y así decidió ir hacia donde había una familia de conejos y estuvo jugando con ellos, y de un momento a otro el hambre volvió a golpearlo, así que tomo a uno de los conejos y lo deposito sobre su estómago, estando él con la espalda al suelo, el conejo se percató de lo que Kim quería darle a entender y se puso a temblar, pero no escapo, se dirigió a la cabeza de Kim y le hizo un cariño con la cabeza que Kim interpretó como una señal de que daba su consentimiento. Así, Kim colocó sus manos sobre la cabeza del conejo, acercó su rostro al de él y lo beso en señal de agradecimiento, ya que seguía sin poder hablar, y al momento rompió el cuello del conejo y cargándolo con lágrimas en los ojos alcanzó al tigre bajo el cerezo donde aún se encontraba la fogata encendida y se dispuso a comer.

Al terminar sus alimentos, Kim se puso a buscar al Khan a quien encontró en el límite de su territorio despedazando lentamente a un oso que había traspasado el territorio y con el cual parecía estar jugando, al verlo acercarse levantó su zarpa y le rompió el cráneo, matando instantáneamente al animal, se volvió a ver a Kim, quién llevaba la pata del conejo ahora junto a la pieza de madera ambos sujetos por el bigote, hasta ese momento en que se percató de que Khan miraba fijamente la pata del conejo como divertido, se dio cuenta de dos cosas, que seguía desnudo desde la tormenta y que en efecto uno de los largos bigotes del Khan estaba recortado hasta casi la nariz, esto lo hizo estremecer, pues que podría haber hecho su padre o este oso para despertar la furia de una bestia tan noble; inmediatamente deshecho estos pensamientos y se acercó al tigre quien lo recibió con un abrazo.

‒Muy bien, hijo mío, todo parece indicar que estas en condiciones de ir a ver a Yao-Li, aunque aún no puedo garantizar que seas puro de corazón.

A Kim la noticia le cayó como pedrada y la pregunta se vio reflejada en sus ojos, ¿Cómo podían comprobarlo? Debía haber alguna manera, no podía arriesgarse a condenar al mundo, el Khan lo miró complacido y algo divertido.

‒De acuerdo, haremos la última prueba, la prueba definitiva, ¿Estás de acuerdo?

Kim sonrío ampliamente mientras asentía con la cabeza, hasta que un golpe en el pecho le hizo escupir sangre y perder el aliento, lo único que se escuchó en la distancia fue el grito de Kim, quién había roto su voto de silencio. Antes de morir, Kim vio al Khan, padre de su tribu, sosteniendo su corazón entre sus manos, el corazón de un séptimo hijo de su séptimo hijo, sus ojos se cerraban y lo único que alcanzó a escuchar antes de perderse en el abismo fue la voz del Khan, padre de los Negumo, séptimo hijo de Yao-Li.

‒Tu corazón es el más puro que haya existido, hijo mío, felicidades. Yao-Li estaría impresionado.

 

 

Mauricio Martiarena es escritor y productor teatral. Ha escrito diversas obras de teatro entre las que destacan: “Knock, knock… Brains!” Temporada 2011 en el teatro Ramiro Jiménez, “Infierno” selección 4to Festival de Teatro Independiente, “Pos Huevos” selección microteatro “Por los Huevos”, “Comprometi… ¿Dos?” Temporada 2015 en el Forito de Coapa, entre otras. Como productor ha llevado diferentes obras a escena cómo “El Taller del Orfebre” de Karol Wojtila, Temporada 2012 en el Teatro Bicentenario, “Amor sin Amar” Temporada 2014 en el Centro Cultural de la Diversidad, “Infierno” Temporada 2015 en casa Actum y Foro Shakespeare entre otros. Actualmente es administrador y asistente de dirección y producción en la compañía teatral Coturno Teatro que presenta su carrusel de obras en el Foro Shakespeare, Microteatro,  Secretaría de Cultura y funciones para escuelas.

Ilustración: “Rabbit Picnic” de Tokuriki Tomikichiro.

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