Hay aspectos en las obras de los autores que son como imanes que atraen tanto a la crítica como a los lectores, y se habla de estos constantemente; así, por ejemplo, están los experimentos formales en la narrativa de Borges, o el habla y ambientes rurales en Rulfo. El problema con estos elementos tan atractivos para una lectura superficial es que opacan otros ingredientes importantes para el reconocimiento de los trabajos artísticos. Considero que tal es el caso del recién fallecido historietista Eduardo del Río, “Rius”; las semblanzas en torno a su trabajo parecen agotarse en alabar su compromiso social y recalcar su papel clave en la politización de los mexicanos durante la segunda mitad del siglo pasado; y pasan por alto aquellos recursos artísticos que lo convirtieron en uno de los moneros más importantes en la historia de México.

 

Rius aborrecía el cómic de superhéroes por su complacencia con el American way of life, su estilo abrevaba de otra fuente estadounidense: Saul Steinberg, caricaturista con influencia modernista que trabajó para el New Yorker, entre muchas otras revistas emblemáticas de la unión americana.

 

Harold E. Hinds y Charles M. Tatum se refieren al estilo de Rius como caracterizado por trazos estilizados pero económicos que facilitan tanto la lectura como la producción, la cual, en el caso de Los agachados, únicamente estaba a cargo del propio Rius y de su familia, un austero grupo de trabajo, similar al de su amigo Gabriel Vargas, autor de La Familia Burrón. Sólo de esta forma del Río podía garantizarse evitar la censura, como la que padeció en Editorial Meridiano, donde en múltiples ocasiones alteraron el contenido de su publicación Los Supermachos.

 

No obstante, la simpleza en los trazos de Rius contrasta con el ingenioso uso de técnicas narrativas o de aquellas pertenecientes a las artes visuales, como las cajas chinas (una historia dentro de otra historia), rupturas de la cuarta pared o el collage. En cualquiera de los libros de historietas hechos por del Río es común encontrar a sus personajes interactuar con fotos o recortes de otras ilustraciones sacadas de los más extraños contextos.

 

Si bien la narración estaba presente en sus obras de enseñanza política e histórica, ésta estaba supeditada al ensayo. Como señala Alberto Chimal, del Río fue un temprano exponente del inusual género del ensayo en cómic. Rius sabía que la mejor forma de inculcar conocimiento es la argumentación por medio del diálogo, en este caso, no sólo con palabras, sino también imágenes.

 

A mi juicio, el mayor mérito de Rius es que, a pesar de esta abundancia de recursos, poco común para la escena de la historieta comercial, el autor nunca perdía ni la claridad, ni la humildad en sus explicaciones. Lo mismo hablaba de complejos temas filosóficos en Marx para principiantes que de El amor en los tiempos del SIDA. Además de lo político, todavía hay mucho aprender en materia artística del maestro Rius.

Marco Antonio Ortiz Carrillo

Marco Antonio Ortiz Carrillo

Interesado en lo mismo que la mayoría, se dedica a algo parecido a lo que tú haces pero por menos dinero.

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