por J. M. Vacah

 

Los Hutt

son tacaños hasta en el orgasmo.

Tan jodidamente marros,

ocultan su placer con una grave codicia:

enfurecen,

babean como perros rabiosos,

un instinto de venganza

los incita al asesinato.

 

Poseen dos órganos sexuales:

su cerebro y su ano.

El primero es bastante activo

y el segundo es una ruta de difícil acceso.

La eyaculación sucede en su mente,

porque el acoplamiento entre estos bastardos

es imposible.

 

Jabba The Hutt, el más perverso y asqueroso

de los traficantes de la Galaxia

te ha secuestrado

y yo he venido a rescatarte.

 

Aunque la imagen de tu cuerpo en bikini dorado

me perturbe:

sucede, a veces, que la carga de mi pistola láser

se dispare antes de tiempo.

Así he dejado tuerto a más de uno 

—y no lo digo para impresionar.

 

Se trata de una simple ecuación.

El amor se ramifica en tres,  

por eso hemos pensado en tres manifestaciones de Dios

—aunque se da el caso que existan más.

Por eso hay tres soles en nuestra galaxia.

Por eso preferimos los tríos.

Por ejemplo,

amar es una acción encadenada que implica

una pérdida,

un secuestro

y un rescate.

En términos aristotélicos, por supuesto.

Qué se vayan al carajo,

los que opinen lo contrario.

O esencialmente, lo siguiente:

te secuestró un malnacido,

voy a rescatarte,

aunque ames a otro.

Esta es mi película.

 

Leia Organa,

eres el huracán en el corazón de un agujero negro.

La Fuerza está en ti,

ese ardor cósmico

me calienta hasta al delirio.

Quisiera entrar en escena y hundir mi pistola hasta el fondo

de esa grasa húmeda,

viscosa,

y palpitante.

Me refiero a lo que le haría a Jabba.

Soy débil, lo sé.

 

Tu valentía es amazónica.

Joder, cómo me excita que le rompas la madre

a todo aquel que intenta secuestrarte.

Para amarte aprenderé a ser digno,

a ser noble,

rebelde

y lo que tenga que ser.

 

Por ejemplo, yo seré la víctima.

Rescátame

—no sé si es la carbonita o qué diablos,

pero algo en mí se ha puesto muy duro.

 

Atrapado así, pienso en tu sexo

en donde se trenzan las tres dimensiones del espacio.

Tu pubis, una galaxia donde no existe el Imperio, ni el comunismo, ni la democracia.

Tu pubis, lluvia de estrellas.

Tu pubis, mi mano.

 

 

 

Si fuera yo un caballero Jedi

haríamos el amor de una manera salvaje y pura,

—te gustaría mi espada verde y dura como un árbol de plátano.

Pero lo impuro de mi cuerpo es lo que te atrajo de Han Solo.

 

Lo amas a él para entregarte a mí,

y como un simple fanático de tus estrellas rojas, de tus soles, tus lunas,

de tus planetas húmedos,

de la vida estelar que en ti habita como un impulso de tu piel,

acepto ser espejo de ese deseo.

 

Has venido a rescatar a Han Solo,

así dicta el guión,

y en la noche en que los héroes descansan,

hazle el amor a él,

ferozmente,

enloquecidamente,

tiernamente,

oh sí,

como lo harías conmigo.

 

 

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