por Joam Monroy

 

  • Introducción

 

En el año 1984, quizás por hacerle honor a su título, el cineasta Michael Radford escribió y dirigió una película basada en la novela de George Orwell que llevaba el mismo nombre; el mismo año en que se realizó la producción, el mismo en el cual Orwell preveía que los sistemas mundiales llegarían a tal sofisticación que los totalitarismos políticos y económicos estarían enraizados a tal grado en el planeta que incluso controlarían nuestros pensamientos.

Un título corto, cuatro números que, casi como si hubiesen estado inspirados en neolengua[1], no necesitan pasar por el razonamiento, sino que admiten respuesta inmediata, ya que, desde la publicación de la novela en 1949, ésta se ha convertido en el símbolo por excelencia de la distopía, junto a otras obras como Un Mundo Feliz, del también británico Aldous Huxley y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Pero este documento no pretende hablar únicamente de la novela, o directamente tratar de su autor, sino que se limitará a la película producida por Simon Perry, relacionando la obra cinematográfica con las teorías que propone el filósofo alemán Arthur Schopenhauer en su libro El Mundo Como Voluntad y Representación, en aras de darnos cuenta que si llevamos el sistema de organización que el filósofo plantea para situarlo en un plano de poder, nos encontramos ante el totalitarismo perfecto (sin que ésta fuese la pretensión del alemán).

La película de la que hemos hablado lo plasma con lujo de detalle, probablemente sin una intención manifiesta de remitirse a Schopenhauer, pero aun así podemos divisar que los sistemas políticos y los sistemas filosóficos cuya finalidad es abarcar demasiado, incluso la totalidad de la humanidad, se comportan de maneras muy semejantes. Tal vez lo que ambas obras intenten afirmar sea el verdadero comportamiento que se debe tener para afrontar la vida y no una simple descripción de la realidad o de cómo ésta se organiza.

Curiosamente, la mejor línea que me dejó la película fue:

Winston: lo importante no es tanto mantenerse vivo, sino mantenerse humano.

(1984, l. 57:27)

 

 

  •  El mundo como representación

 

Al pasado, o al futuro, a una era en que el pensamiento sea libre, desde la era del gran hermano, desde la era de la policía del pensamiento, un hombre muerto os saluda.

(Radford, 1984, l. 10:17)

 

En la obra capital de Schopenhauer se nos plantea que vivimos un mundo ilusorio, sólo hacemos parte de la imagen que está en el espejo, pero no del objeto que se mira en él; este mundo es conocido como el mundo de la representación y carece de realidad, aun así, es el primer peldaño para el conocimiento de la voluntad; es decir, del mundo real. Así mismo es Oceanía, uno de los tres superestados en los que se divide el mundo en la novela de Orwell; éste al igual que sus dos estados enemigos tiene una política absolutamente represiva, pero considera que son los otros dos (Eurasia y Estasia) los que deben dejar de existir por ser aberraciones, a pesar de que las tres ideologías son prácticamente iguales (INGSOC[2], Neobolchevismo y culto por la muerte).

Es una tierra cubierta totalmente por el velo de Maya, aquel que nos hace creer que son reales la ilusión y la fantasía que se nos presentan: en este caso, la guerra. El mundo de la representación al cual alude Schopenhauer es un mundo donde la vida es posible, o mejor, el mundo que posibilita la vida, aun así, es el peor de los mundos posibles, parafraseando a Leibniz: “meilleur des mondes posibles” (Schopenhauer, 2009, p. 383). Es un mundo lleno de sufrimiento y dolor, pero incluso con esta perspectiva es un mundo que debe ser vivido: “La vida esta tan llena de calamidades y molestias que hay que ponerse por encima de ella corrigiendo el pensamiento, o bien abandonarla” (2009, p. 138). Con la misma lógica funciona el mundo Orwelliano, en el cual a pesar de tener todas las represiones posibles, los habitantes creen y confían en el INGSOC, pues es el único que los puede proteger del enemigo extranjero, enemigo que nunca sabrán si existe, esta es parte de la ilusión, manipulada constantemente por el partido para mantener a sus habitantes bajo control, acatando cada una de sus leyes.

Pero la guerra no es la única ilusión creada para controlar a las masas, pues así como existen hombres comunes que se quedarán en la parte más básica y creerán todas las mentiras que el partido les diga, hombres cuyo sueño será que Oceanía gane la guerra para que el partido domine por fin el mundo y su ideología se mantenga, a pesar de que ésta misma les cause sufrimiento a diario, existirán otros individuos que desearán acabar con el partido porque saben que les miente y los oprime, para ellos existe una esperanza, la resistencia. Estos hombres que confían en la resistencia y creen estar por encima de los otros pues se dan cuenta de las mentiras del partido, pero aun así son un objeto más de la ideología con la cual se puede seguir jugando. En la realidad de Oceanía, tanto aquellos que están sumergidos totalmente como aquellos que creen estar flotando se encuentran controlados por la misma corriente del mismo mar. La película hace continuas referencias a este doble engaño, por ejemplo:

Winston: Julia, ¿tú crees que la resistencia es real?

Julia: No, nada en ella es real.

(1984, l. 52:48)

Aquí notamos la ejemplificación exacta de la idea que intentamos develar, pues Winston (aquel que flota), quien alcanzó a conocer el mundo antes del partido, sabe que existe otra realidad. Julia (aquel que se encuentra hundido), debe por el contrario conformarse con la realidad que conoce, pero aun así ambos están siendo utilizados por el partido aunque crean que están jugando con él, ambos están siendo arrastrados por la misma corriente y hacia el mismo punto, hasta que el partido desee acabar con su ilusión.

Winston, el creyente, el que flota, incluso estando a punto de morir siguió pensando que había podido escapar, aunque fuese por muy pocos momentos. El libro de la resistencia que le había dado O’Brien hacía que se afirmara en ello como una isla en el mar que lo estaba arrastrando hasta que la voluntad (el partido) decidió mostrarle la verdad:

O’Brien: ¿en qué te basas?,

Winston: el libro de Goldstein[3]

O’Brien: lo escribí yo, o al menos colaboré en su escritura. No hay libro que sea una obra individual, como sabes.

(1984, l. 1:28:55)

Así pues, Goldstein, la resistencia, Eurasia, Estasia e incluso el partido exterior son creaciones del partido interior (si es que éste existe) o por lo menos de sus miembros, para seguir gobernando. No se podría confiar de la realidad ni de la historia, pues todo está gobernado por la ideología INGSOC, se puede llegar mucho más lejos en el método de la duda, a los límites de Descartes, pues en el mundo de la representación debemos dudar de nuestra propia existencia.

Winston: ¿El Gran Hermano existe?

O’Brien: Por supuesto

Winston: ¿Existe como yo existo?

O’Brien: Tú no existes

(1984, l. 1:24:41)

 

 

  • El mundo como voluntad

 

El mundo de la representación que se ve en 1984 está completamente dominado por el partido, quizás incluso más que el mundo de la representación creado por la voluntad, el partido controla lo que pensamos, lo que sentimos, e incluso va más allá, al inmiscuirse en nuestras posibilidades de conocer el espacio-tiempo. El partido controla lo que se percibe como real manejándonos, nos traiciona de múltiples maneras, no sólo en nuestro pensamiento, manipulándonos, en nuestra memoria transformando los recuerdos:

O’Brien: dime lo que crees que puedes recordar.

Winston: yo, recuerdo, que hasta una semana antes de mi detención, no estábamos en guerra con Estasia, era con Eurasia, la guerra duró 4 años creo.

O’Brien: otro ejemplo, una seria fantasía, fotografías sobre las cuales has tenido alucinaciones, y hasta pensaste haber tenido en las manos (mostrándole las fotografías) jamás han existido (quemándolas en una hoguera) di lo que estabas a punto de decir Winston.

Winston: existen en la memoria, yo recuerdo, tú recuerdas.

O’Brien: yo no recuerdo, sólo una mente disciplinada puede ver la realidad, se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de voluntad.

(1984, l. 1:18:35)

O bien se cuela en nuestro sentido del espacio y el tiempo, logrando que no sepamos bien dónde o cuándo estamos:

O’Brien: ¿sabes dónde estás, Winston?

Winston: no lo sé, aunque creo que, en el Ministerio del Amor

O’Brien: ¿sabes cuánto tiempo llevas aquí?

Winston: no, semanas, ¿meses?

O’Brien: ¿sabes por qué estás aquí? ¿Te digo para que te hemos traído aquí? Para curarte y devolverte la razón.

(1984, l. 1:16:40)

Los habitantes de Oceanía sólo percibirán lo que el partido quiere que se perciba, sus sentidos le falsearán tanto como el partido quiera; los sentidos por lo tanto ya no les pertenecen, sino que son del partido, despojándolos hasta de su propio cuerpo. Se trastocan los sentidos, desde afuera o desde adentro, no importa la lógica, nada importa, para obedecer:

Winston: ¿cómo puedo evitarlo, cómo evitar ver lo que tengo delante de mis ojos?, 2 y 2 son 4.

O’Brien: a veces Winston, a veces son 4, a veces son 5, a veces son todo eso al mismo tiempo, ni el pasado, ni el presente, ni el futuro, existen por si solos Winston, la realidad está en la mente humana, no en la mente individual, que comete equivocación, y enseguida perece, sino en la mente del partido, que es colectiva, e inmortal.

(1984, l. 1:20:50)

Pero entonces ¿quién se mira en el espejo? Bien, para el filósofo será la voluntad, ya que ésta se encuentra por encima incluso de las leyes de la física. Para Orwell, quien cumplirá este grado de exigencia será la ideología INGSOC.

O’Brien: la ley de la gravedad es una tontería, tal ley no existe, si yo creo que floto, y tú crees que yo floto, entonces floto.

Winston: te quiero.

(1984, l. 1:31:38)

La voluntad es lo único que existe realmente, y está no tan sólo por fuera de la física sino también del velo de Maya, pero dicha existencia está condicionada por la existencia del mundo de la representación. Necesita que haya vida y ya que en ella misma nadie puede habitar, se necesita del mundo que posibilita la vida y para continuar su existencia entra a controlar incluso la natalidad de la humanidad, de esta manera la voluntad hace que en los seres humanos persista la voluntad de vivir, a pesar de estar en un mundo desastroso, así pues la voluntad hace que los humanos tengan deseos de reproducción, para que con ello se sigan trayendo individuos al mundo de la representación, los cuales afirmarán la voluntad y de esta manera la continuarán a partir de su propia existencia, para ello en el texto de Schopenhauer se tiene a la familia como una necesidad, que le sirve a la voluntad para seguir trayendo seres a este mundo. “Hasta entonces se puede conseguir algo, si hay una familia cuyo bienestar sea totalmente inseparable del bienestar del país, de modo que, al menos en las cuestiones fundamentales nunca se pueda fomentar el uno sin el otro”(2009, p. 403). Pero la propuesta de la ficción es mucho más arriesgada, pues la voluntad ha llegado a dominar tanto la vida que ya ni siquiera necesita de la familia para controlar la natalidad, de hecho prescinde de ella por llevar al humano a experimentar otro tipo de sensaciones de las cuales quiere alejarle, pues la única lealtad o amor debe ser con INGSOC, como demuestra la intervención de un miembro del partido sobre los avances científicos realizados por éste en una de las múltiples reuniones que organiza:

Miembro del partido: quiero terminar diciendo unas cuantas palabras sobre el impacto de este inminente avance neurológico, cuando el orgasmo haya sido por fin erradicado, el último obstáculo para la aceptación psicológica de los principios del inceminartif aplicados al arcent se habrán salvado, en otras palabras, la tendencia no ortodoxa a la propia vida, que constantemente amenaza la erosión natural de la unidad familiar, ya no tendrá el apoyo biológico del organismo, como sabemos el estímulo biológico y social de la familia lleva a una reflexión privada que no necesita el partido, y al establecimiento de lealtades no ortodoxas que sólo pueden conducir al crimen mental. La introducción del programa inceminartif, junto con la neutralización del orgasmo hará eficazmente obsoleta la familia, hasta imposibilitar su conceptualización, gracias.

(1984, l. 38:34)

La voluntad crea las condiciones para que la vida pueda desarrollarse, aunque ella es en realidad la única que existe, pero dichas condiciones deben estar relacionadas con el deseo humano. El partido no puede controlar el deseo humano, ya que éste es inherente a su ser, pero lo que sí puede controlar es aquello que el humano desea, por ello crea la guerra, para suplir los instintos primitivos y de poder de algunos. La resistencia para cumplir los deseos de esperanza y de un más allá que tienen otros, lo que podríamos considerar espiritualidad en un pueblo que claramente carece de las religiones ortodoxas, e incluso crea métodos de fertilidad artificial con la finalidad de controlar el deseo de reproducción sin tener las complicaciones que con ello trae la formación de familias. El partido permite la vida, pero al mismo tiempo la controla, necesita de la vida para continuar su existencia, pero la maltrata para reafirmar el poder que tiene sobre ella constantemente, del mismo modo que la voluntad.

O’Brien: ¿Cómo afirma un hombre su poder sobre otro?

Winston: Haciéndole sufrir.

O’Brien: Exacto. La obediencia no basta. El poder es infligir dolor y humillación, de otra forma no se puede estar seguro. El poder está en deshacer la mente humana y volver a componerla dándole nuevas formas a tu elección. El poder no es un medio, es un fin.

(1984, l. 1:26:14)

 

 

  • Segunda consideración del mundo como representación

 

En la tercera parte de su obra principal, Schopenhauer observa a los artistas: después de todo, si los sentidos nos mienten, es decir, nuestra percepción y nuestra posibilidad de conocer es falsa y la voluntad que es la única real tienen una finalidad opresora, ¿cómo podemos seguir afirmando la vida en un mundo sin esperanza? Pues es el arte, y en sí mismo el artista, aquel que hace a la vida merecedora de ser vivida.

Aun en una sociedad tan distópica como la que se muestra en 1984, existen pequeños trozos de madera flotando en el mar a los cuales los náufragos buscan asirse mientras la corriente los arrastra al inevitable dolor y muerte: finalmente, esa es la esencia del arte. A continuación, la conversación sobre un objeto que Winston había comprado hace algún tiempo, sin saber qué era, sin saber para qué servía, pero conociendo algo, su preciosidad.

Julia: ¿Qué es esto?

Winston: No sé, un trocito de historia que se olvidaron de alterar, un mensaje de hace 100 años.

(1984, l. 50:54)

La película muestra bellamente cómo, a pesar de un universo de guerra, las mujeres aún se maquillan, un acto de rebeldía que haría sonrojar al mismísimo Gran Hermano. En un universo uniformado, que busca igualarlos a todos para que pierdan su sentido de individualidad y de esta manera no exista expresión de sí mismo, Julia consigue un vestido para mostrarle a Winston su lado más femenino, el arte hecho mujer en un mundo donde ya no hay tiempo para los artistas, pues no son productivos para la guerra, un mundo al cual cada vez nos parecemos más.

Y aunque el partido haya querido acabar con el arte en su continuo proceso deshumanizador, aún quedan algunos seres que el partido no ha podido gobernar, que se han salido de sus fauces, no porque el partido no haya querido hacerse de ellos, sino porque simplemente no le son útiles, pero de ellos hablaremos más profundamente en el siguiente capítulo, más aquí debemos nombrar a uno de sus representantes, la mujer que salía cantando a lavar y colgar ropa mientras Winston y Julia compartían en la habitación que habían alquilado.

Winston: Escucha eso, ¿cómo conseguirá que una canción compuesta por una maquina suene tan hermosa?

(1984, l. 44:10)

La mujer estaba haciendo arte a partir de una composición mecánica, ¿puede existir una obra más sublime? Convertir lo inerte en vivo, la maquina en humanidad, hacer de sí mismo un instrumento y lograr endulzar el aire con las notas de la voz, sin ninguna reclamación. El arte por el arte, para sí mismo, no buscaba agradar a nadie, un arte sin ninguna pretensión de fama o dinero, el arte que hacen los artistas a solas, porque ya no necesitan de nadie, ya han superado a la voluntad:

Todos nosotros reconocemos la belleza humana cuando la vemos, aunque en el artista auténtico eso ocurre con tal claridad que la muestra como nunca la ha visto y en su representación supera a la naturaleza. (2009, p. 276)

 

 

  • Segunda consideración del mundo como voluntad

 

Schopenhauer señala que son tres los individuos capaces de traspasar la barrera de la voluntad: el santo, el filósofo y el artista. Son ellos los únicos que pueden estar en la voluntad, precisamente porque son escogidos por ella, porque no la desean, no la buscan ni están persiguiéndola. De manera hermosa aquí nos encontramos con los proletarios, seres en los cuales se encarnan todos los hombres propuestos por Schopenhauer, seres que tampoco desean al partido y precisamente por ello pueden vivir fuera de él, tienen su propia organización y su propio “estilo” ya sea de belleza, de vida, de comprensión, en fin, de existencia, de allí la siguiente conversación: Winston habla por segunda vez sobre la mujer que canta.

Winston: es maravillosa

Julia: tiene por lo menos un metro de caderas

Winston: es su estilo de belleza, el futuro es suyo, nosotros los muertos.

Julia: nosotros somos los muertos.

(1984, l. 1:09:03)

Continuamente en la filosofía se hace referencia a este tipo de alegoría sobre los vivos y los muertos, sobre los que sueñan o están despiertos aclarando que, en ocasiones, aunque estemos vivos, nos comportamos como muertos, y algunos que creemos muertos están muy vivos. Quien comenzara con estas relaciones fuera posiblemente Heráclito en sus fragmentos sobre la naturaleza. También Schopenhauer hace alusión a este tema citando al poeta Calderón de la Barca en La vida es sueño: “pues el delito mayor del hombre es haber nacido” (2009, p. 310).

Cuánta razón tiene el poeta, cuánta razón tienen los poetas, ya que podríamos afirmar que los proletarios nunca nacieron, durante la película se ve como a los miembros del partido exterior se les llama por su número de serie y su nombre, pues los proletarios son menos que eso, no tienen siquiera nombre, no son ni siquiera un número y quizás por ello pueden vivir, porque nunca cometieron el delito mayor, aquel de haber nacido, algo que los miembros del partido seguramente no podrían decir.

Entonces nos encontramos ante una paradoja, ya que son los que no existen los que en realidad están vivos, y aquellos que existen, tal como lo dicen los protagonistas de la película, los muertos. De la misma manera termina la cuarta parte de la obra de Schopenhauer, negando toda existencia, no sólo la de los “vivos” sino también la de los muertos, no sólo la del mundo de la representación, sino también la de la voluntad. “Lo que queda tras la total supresión de la voluntad es, para todos aquellos que están aún llenos de ella, nada. Pero también, a la inversa, para aquellos en los que la voluntad se ha convertido y negado todo este mundo nuestro tan real, con todos sus soles y galaxias, es nada”(2009, p. 475). Con esto vemos el último piso en el edificio schopenhauariano, el que está por encima de todo: la nada la nada existe más que la voluntad, quien fuese la misma realidad, la nada está por encima de todo, incluso del partido, y si los proletarios son nada, entonces “si existe la esperanza, está en los proletarios, si ellos pudieran ser conscientes de su fuerza, no sería necesario que conspirasen, a ellos no les importa la historia” (1984, l. 17:33).

 

 

Bibliografía

Buendía, S. T. (2006). La neolengua de Orwell en la prensa actual: La literatura profetiza la manipulación mediática del lenguaje. Revista Latina de comunicación social, (61), 1.

Radford, M. (1984). 1984.

Schopenhauer, A. (2009). El mundo como voluntad y representación. (P. López de Santa María, Trad.). Madrid: Trotta.

 

Notas

[1] El idioma que imagina Orwell en su 1984. Su vocabulario estaba constituido de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. […] La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área de pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo posible (Buendía, 2006)

[2] Palabra para socialismo ingles en neolenguaje, no se trata únicamente del nombre del partido, sino que también se refiere a su ideología 

[3] Al igual que el gran hermano, Orwell nunca aclara si Goldstein existe en realidad. Es el líder de los oponentes del partido, la hermandad, el autor dio a Emmanuel Goldstein un nombre tradicionalmente judío, que es sugerente de la estructura de poder en la Segunda Guerra Mundial. Es de destacar que Emmanuel significa literalmente “dios”.

 

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