El anarquismo, durante los últimos años, ha cobrado cierto renombre a lo largo de las páginas de la prensa nacional, tanto oficial como independiente; desde artículos de criminalización hasta notas en defensa del movimiento anarquista y sus distintas vertientes, porque posturas anarquistas hay varias y no de todas se ocupan de manera minuciosa los medios: las engloban con un genérico sin distinciones.

Iván Illich, intelectual nacido en Viena en 1926, es un conocido agitador vinculado con posturas anarquistas, que durante la década de los sesenta se instaló en Cuernavaca. Humberto Beck, en su reciente libro Otra modernidad es posible, (Malpaso, 2017) hace un cuidadoso repaso de la obra de Iván Illich que abarca la primera etapa de su pensamiento, y el cual se alberga en publicaciones como: La sociedad desescolarizada (1971), La convivencialidad (1973), Energía y equidad (1974) y Némesis médica (1975).

El jueves seis de julio por la tarde, cobijados de la lluvia en el Centro de Creación Literaria “Xavier Villaurrutia”, Javier Sicilia, Humberto Beck y Rafael Lemus se dieron cita para platicar acerca del libro en el que se expone la necesidad de tener como referentes varios de los postulados de Iván Illich, y para hacerle frente a los acontecimientos recientes de nuestro país, que representan una prueba para nuestra sociedad.

Sentados, en un recinto atiborrado de estudiantes, investigadores y gente interesada, la charla comienza. Sin parecer un inicio abrupto, los tres oradores entran de lleno al tema. Javier Sicilia explica: “La idea de convivencialidad está basada en los límites, y esos límites deben ser argumentos políticos. Illich entendía por un argumento político un argumento que ponía los límites a partir de una condición democrática, que es ponerse de acuerdo en una comunidad […]”.

Términos y conceptos danzan sobre la mesa, hasta que Humberto Beck presenta sucintamente a Iván Illich y declara: “Él [Iván Illich] introduce nuevas categorías al debate público que trascienden la discusión ideológica entre capitalismo y comunismo. Lo que Illich introduce es esta tercera nueva opción, que es una opción que trata de ver transversalmente las propuestas ya sean capitalistas o socialistas, y darse cuenta de que ambas comparten una misma idea de la tecnología, una misma idea de la burocracia. Que la verdadera emancipación pasa más allá de esta discusión sobre si la propiedad de los medios de producción es pública o privada, y tiene que ir más bien al corazón del asunto: cuál es la forma de la organización social”, y continúa al poco tiempo: “Illich es uno de los pensadores del siglo XX que encuentra un lenguaje no ideológico de introducir las intuiciones del anarquismo en la discusión política, estas intuiciones que tienen que ver más con la forma y el tamaño de las organizaciones sociales y económicas, y no tanto con un sentido ideológico”.

Rafael Lemus se limita a incitar la discusión, mientras Sicilia y Humberto Beck se empeñan en dejar algo claro: el pensamiento de Iván Illich fue y sigue siendo necesario. Casi hacia el final, Sicilia enfatiza: “Cómo transitar por las grietas frente al desmoronamiento o por las ruinas para rescatar los elementos que de esas ruinas puedan articular la convivencialidad, aunque no sea un programa político total. Creo que Illich es muy franco: no hay posibilidad de hacer un programa político total, de hecho cuando hablamos de los límites estamos hablando de que esos límites no son fijos, deben de ser discutidos democráticamente en sociedades convivenciales, en estructuras convivenciales: cómo podemos construir esos espacios convivenciales, ése es el gran reto que tenemos todos frente al desmoronamiento”.

Beck, Humberto. Otra modernidad es posible: el pensamiento de Iván Illich, Barcelona: Malpaso Ediciones, 2016, 155 pp.

Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

Foto: R. R. Fullton

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