EL DOGMA MODERNO

Hoy es común que las personas se asuman como “ciudadanos del mundo”. Probablemente lo que otorga mayor difusión a la idea del ciudadano del mundo es la injusticia de la que somos espectadores con relación a los problemas entre naciones a causa de la migración. Cuando vemos que una reportera húngara patea refugiados sirios como si fueran perros, el sentimiento de indignación nos embarga y la idea de que las fronteras son un mal innecesario nos acontece. Como mexicanos, hemos vivido una relación tensa con EEUU con relación al tema de la migración, por eso hoy apoyamos fuertemente la idea de que las naciones no son de sus ciudadanos, sino que son de todos. Esta opinión es cada vez más popular. No creo exagerar al afirmar que cada vez se cuestiona menos si en verdad todos somos “ciudadanos del mundo” o si de hecho es deseable serlo. Esta opinión (o dogma) en realidad es muy moderna, probablemente tiene sus orígenes en el pensamiento contractualista de filósofos como Thomas Hobbes, Jean Jacques Rousseau y John Locke, aunque la mayoría de las personas no sabe esto. El pensamiento contractualista, entre otras cosas, propone que las sociedades son artificiales, en otras palabras, que las naciones son ficticias, o para decirlo de manera contundente, que nadie es ciudadano de su nación, o que lo es sólo de manera forzosa. El triunfo del pensamiento contractualista es evidente, se ve precisamente en el dogma hoy popular del “ciudadano del mundo”. Una manera de enfrentarse a este dogma es desde la perspectiva de la filosofía antigua, en la que vemos una actitud diferente con respecto a las naciones. Según Aristóteles, la polis (la ciudad-estado) es anterior al sujeto, lo que es lo mismo que decir que nadie es ciudadano del mundo.

 

LA POLIS (LA CIUDAD-ESTADO) ES ANTERIOR AL SUJETO

Para llegar a esta afirmación, Aristóteles examina el desarrollo de las comunidades humanas, desde la más elemental (la familia) hasta la más compleja (la polis).

Según Aristóteles, la familia es la primera comunidad humana establecida por naturaleza. Esto es lo mismo que decir que las familias son un hecho natural. Aquí el sentido de “por naturaleza” es puramente biológico. Esto lo deja más claro Aristóteles cuando dice que “la necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer en orden a la generación”. En otras palabras, esto significa que la familia es la primera comunidad natural porque la naturaleza, en su pretensión de perpetuarse, reúne al varón y a la mujer en la búsqueda de la procreación. Otra manera de decir esto es que varones y mujeres no podrían existir sin la procreación, pues gracias a la procreación se engendran más varones y mujeres. Podemos combatir nuestra renuencia a la comprensión de este argumento si ponemos atención al comportamiento de la naturaleza sobre el mismo tema (la familia) pero en el llamado “reino animal”. Así como en el reino animal, donde se aparean macho y hembra en búsqueda de la conservación de la especie, varón y mujer se reúnen para procrear. Por eso Aristóteles dice que la familia es la comunidad establecida por naturaleza para la convivencia diaria, porque los hijos (el futuro de la especie) no podrían vivir sin la protección cotidiana de los padres.

Después de esta pequeña comunidad humana que es la familia está la aldea, que es un conjunto de familias. Si bien la familia basta para las necesidades más esenciales de la experiencia cotidiana, no es ella suficiente. Esto lo podemos ver particularmente en la alimentación. El ser humano no se contenta con tener alimento para saciar el hambre que le azota en el preciso instante en que come, sino que es provisor. Gracias a la aldea, el ser humano puede proveerse recursos para el futuro, pues puede distribuir entre todos los integrantes de la aldea misma las labores que uno solo de ellos difícilmente podría llevar a cabo (elaborar calzado, vestido, cosechar variedad de alimentos, etc.).

Finalmente tenemos la polis, que es la asociación de muchas aldeas. En palabras de Aristóteles, ésta es la asociación que ha llegado al extremo de bastarse a sí misma en todo, y subsiste porque permite a todos sus integrantes vivir bien. Aquí Aristóteles no es explícito, no dice a qué se refiere cuando habla de “vivir bien”, pero podemos orientarnos gracias a la República de Platón.

El tema de la República es la justicia. Otra manera de formular el tema de la República es a través de la siguiente pregunta: ¿qué es una persona justa?  Para contestar esta pregunta, el Sócrates platónico propone explorar esto a través de la imagen de la polis más justa, pues para saber qué es una persona justa quizá convenga investigar qué es una polis justa, pues de este modo sería como acercarle una lupa a la pregunta en cuestión. Sin embargo, a la pregunta “¿qué es una polis justa?” le antecede la pregunta “¿qué es una polis?”. Sócrates se da cuenta de ello y por eso empieza por imaginar de qué modo nace una polis. Para Sócrates, una polis nace cuando los individuos particulares se encuentran en la imposibilidad de bastarse a sí mismos y de procurarse las muchas cosas que necesitan. Esto, en cierto modo, es idéntico a lo que ya vimos con Aristóteles. Sin embargo, en la polis que está imaginando Sócrates en la República, los ciudadanos se bastan prácticamente con comer lo que obtienen directamente de los árboles, con calzar zapatos sencillos y con dormir en lechos austeros. En la polis que Sócrates está imaginando en la República, a los ciudadanos les basta con vivir. Ante estas afirmaciones de Sócrates, su amigo Glaucón (un personaje del diálogo) le dice que esa vida que propone para los ciudadanos de su polis imaginaria no tiene ninguna diferencia con la vida de los cerdos, y que si hay que hablar como las cosas son en realidad, los ciudadanos de cualquier polis desearán dormir en lechos suaves y comer diversidad de manjares. Otra manera de decir esto es que a las personas no les basta con vivir, sino que desean vivir bien.

En este sentido debe entenderse la afirmación de Aristóteles, en la Política, de que la ciudad ha nacido (con la familia y luego con la aldea) de la necesidad de vivir, pero subsiste porque puede proveer el vivir bien, porque gracias a su enorme cantidad de integrantes, los trabajos se pueden especializar tanto que se pueden elaborar calzado y ropa bellos y platillos deliciosos. Podemos entender más claramente este argumento de Aristóteles si volteamos a ver la relación de las personas con el calzado, la ropa y los platillos. Con excepción de casos específicos (los monjes tibetanos, por ejemplo), la mayoría de las personas no come nada más para saciar su hambre, comen para saciar su hambre y, en la medida de lo posible, deleitar su gusto al mismo tiempo. Lo mismo ocurre con el vestido; la gente prefiere vestir ropa bonita antes que vestir nada más para cubrirse el cuerpo.

Así como el fruto nace del árbol que primero fue semilla, así la polis es la conclusión de un proceso natural que comienza con la familia y pasa por la aldea. Esto es lo que lleva a Aristóteles a pronunciar su famosa frase de que el hombre es un animal político, lo cual es idéntico a decir que el ser humano es social por naturaleza, así como que la polis (la ciudad-estado) es una entidad natural.

Pocas líneas después de la famosa frase, Aristóteles afirma que la ciudad es por naturaleza anterior a la familia y a cada uno de nosotros, y para afirmar esto se basa en que el todo es necesariamente anterior a la parte. Para aclarar esta afirmación, Aristóteles pone de ejemplo la mano. Como cada uno lo puede comprobar por sí mismo, el cuerpo (el todo) es anterior a la mano (la parte), y esto lo vemos en el hecho de que la mano pierde su esencia cuando se separa del todo (es decir, deja de ser verdaderamente mano, deja de funcionar como funciona una mano y pasa a ser un mero despojo humano). En este sentido, la polis es anterior al sujeto. Aunque para nuestros ojos lo primero sean los individuos, considero que con todo lo aquí expuesto ahora puede entenderse que ontológicamente primero es la polis, puesto que sin la polis el humano no puede bastarse a sí mismo y no puede vivir bien, y sólo viviendo bien el humano es lo que es, prueba de ello es que no consideramos una vida de verdad a la vida de una persona postrada en cama y conectada a un respiradero, así como no consideramos que sea una vida digna de ser llamada vida a la vida de una persona que vive en pobreza extrema (decimos que es inhumano). Vivir bien, y no sólo vivir por vivir, es esencialmente lo que busca el ser humano. Por eso concluye Aristóteles esta genealogía de la polis diciendo que aquél que es incapaz de participar en esta vida común de la polis es una bestia o un dios, una bestia, como los cerdos, porque le basta con vivir (algo así como un cerdo, al que le basta comer lo que le pongan en frente), un dios porque no necesita de los demás para ser autosuficiente.

 

OBJECIONES Y POSIBLES RESPUESTAS

No me considero capaz de agotar aquí todas las objeciones ante el argumento aristotélico de que la polis es anterior al sujeto, pero me gustaría mencionar y tratar de responder las que considero las más populares que son, ante todo, las siguientes:

  • Hoy es anacrónico hablar de polis porque ya nadie vive en una de ellas
  • El origen de la polis, a saber, la familia, no es un hecho natural, sino más bien una construcción social
  • La definición de Aristóteles y Platón del vivir bien es falsa

 

Decir que es anacrónico hablar de polis porque esas pequeñas ciudades-estado han quedado a 2000 años de distancia es tomar el concepto de polis de manera inadecuada. Pensar que la polis se define por su extensión territorial o su densidad poblacional es absurdo, del mismo modo que es absurdo pensar que un país (lo que sea que entendamos hoy por país) se define por su tamaño o la cantidad de gente que contiene. Nadie podría decir que Japón es menos país que EEUU sólo porque éste es más grande que aquél. El concepto de polis tampoco depende del desarrollo tecnológico; no es más polis Rusia que lo que lo fue la Atenas antigua sólo porque los rusos inventaron el AK-47 y los atenienses peleaban con espada y catapulta. El concepto de polis se debe entender paralelamente a la idea del vivir bien. No importa que los atenienses no tuvieran wi-fi, lo que hacía polis a Atenas era que podía cumplir el ideal del vivir bien que entonces se tenía en el mundo.  Lo que hace compatible hoy a un país con el concepto de polis es la posibilidad de que dicho país tenga de cumplir con la idea de vivir bien que hoy tengamos (sea lo que sea que ello implique).

La siguiente objeción es más potente que la anterior. Hoy la comprensión más o menos popular de la familia es que ésta es una construcción social. La idea de que la familia es un hecho natural nos parece chocante. En consecuencia, si creemos que la familia es una hecho artificial, tiene lógica que creamos que las polis (la naciones) son una invención humana, puesto que ésta se desarrolla de aquélla. Sin embargo, esta actual comprensión de la familia se debe a una oposición (implícita o explícita) contra el judeocristianismo. Hoy se defiende que la familia es una construcción social, es decir, un hecho artificial, porque deseamos combatir el argumento judeocristiano de que la familia es un hecho natural. Sin embargo, es necesario tener presente que no son iguales los argumentos de Aristóteles y del judeocristianismo para afirmar a la familia como un hecho natural. No me es posible aquí extenderme sobre el asunto, pero quizá basta con decir que la defensa del judeocristianismo de la familia como un hecho natural se basa, como mínimo, en dos cosas: 1) el dogma de las Escrituras (la familia es natural porque así lo dice la Biblia) y 2) el combate del judeocristianismo contra el camino del placer (el cual desvía al judeocristiano del camino correcto, que es el camino de Dios); dicho en otras palabras, el judeocristianismo sostiene que las prácticas sexuales, cuando son con fines meramente reproductivos, son naturales, y natural es también su efecto (la concepción); en cambio, cuando el sexo tiene como fin el placer, entonces no se está siguiendo el camino de Dios. Es por esto que las familias que no son iguales al modelo tradicional son mal vistas por el judeocristianismo. Las parejas sin hijos son vistas como una anomalía, ni qué decir de las parejas homosexuales. Sin embargo, lo que aquí importa destacar es que el argumento aristotélico para afirmar la familia como un hecho natural es distinto al argumento judeocristiano. Expuse rápidamente el argumento judeocristiano para que se viera con mayor claridad su diferencia con el argumento aristotélico. Para comprender éste, baste con poner atención al Libro I de la Política de Aristóteles (el cual comenté brevemente en el apartado anterior).

La última objeción es la más difícil de discutir porque implica hablar de la naturaleza humana, lo cual es de suyo uno de los temas más problemáticos con los que se ha enfrentado la humanidad. Para poder decir que la idea de vivir bien de Aristóteles y Platón es falsa, tendríamos que ser capaces de poder probar por nuestra propia cuenta cuál es la verdadera naturaleza humana, porque dependiendo de cómo comprendamos la naturaleza humana será, a su vez, nuestra comprensión del vivir bien. Platón y Aristóteles estaban de acuerdo en que era natural en el hombre buscar la comodidad, el placer, el deleite. A esa búsqueda le llamaban “vivir bien”. Para oponernos a ese argumento, hoy nos remitimos a ejemplos como el de los monjes tibetanos, que son personas poco o nada interesadas en los bienes y deleites materiales. Sin embargo, pasamos por alto que personas como los monjes tibetanos son como son precisamente porque han practicado el hábito del desapego a la vida material a través del tiempo, en contraste con las personas que no practican ese desapego y que son, la mayoría de las veces, como las personas de las que hablaban Platón y Aristóteles. Otra manera de decir esto es que el argumento filosófico de Platón y Aristóteles no aplica para las personas que entienden que el vivir bien no depende de los placeres corpóreos y la acumulación de bienes y viven conforme esta comprensión. El vivir bien para estas personas no es material, sino más bien “espiritual”, por decirle de algún modo. Estas personas son los religiosos y los filósofos, con la distinción de que los religiosos lo hacen por temor a Dios, mientras que los filósofos lo hacen porque así lo dicta su razón.

Si el vivir bien para los filósofos es diferente al vivir bien en general (de las personas en general) del que hablaron Platón y Aristóteles, entonces son precisamente los filósofos quienes menos dependen de la polis. Si bien el vivir bien para los filósofos no es igual al vivir bien de la mayoría de las personas, esto no significa que no tienen una idea determinada del vivir bien. No significa, pues, que a los filósofos les basta vivir nada más, como si fueran plantas o cerdos. Significa que el vivir bien del filósofo es diferente al vivir bien que puede proporcionar la polis. De este modo se puede ver que el filósofo es la persona que menos depende de la polis, es la persona a la que mejor le cuadra el título de “ciudadano del mundo”.

 

Imagen:

Francis Alys, «Don’t Cross the Bridge Before You Get to the River».

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Mifune

Mifune

Licenciado en Filosofía por la UNAM, certificado en gestión de contenido para plataformas e-learning, editor, ensayista y frecuente lector de filosofía antigua.

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