Por Esteban Vargas

 

La primera regla para revivir a los muertos: No lo haga.

Pero si está dispuesto a revivir a Julio Cortázar, hay excepciones. ¿Por qué no reviviría al argentino?  El hombre escribió un sinfín de tomos esenciales y si deseamos conocer cómo sumergió sus manos en lodo y de las entrañas del suelo desenterró lapislázuli y ámbar, es preciso preguntarle en persona.

Necesitaremos un libro de alquimia (por favor absténgase de traer copias de El Alquimista de Coelho), la Piedra Filosofal y una pertenencia de Cortázar. Los dos primeros materiales se consiguen fácilmente. Tendremos que contactar al señor Nicolas Flamel, quien vive en Francia. Encontrar a Nicolas Flamel será su trabajo porque no sé dónde demonios queda esa tal calle Francia en Laredo. Pero yo confío en usted.  Y sí, con una pertenencia de Cortázar por supuesto que me refiero a uno de sus huesos. Ese será mi trabajo, la parte ilegal del asunto. Un huesillo del pie no va a herir a nadie. Confíe en mí. Si algo sale mal, no dude que lo dejaré solo para que todo el brazo de la ley lo aplaste hasta que se le salgan los mocos. ¿Qué pasa? Es solo una broma que se hace a los alquimistas novatos, no se preocupe.

Estableceremos un ritual para devolverle la vida a Cortázar con la Piedra Filosofal. Según la edición del libro de recetas que nos provea Flamel, podremos confeccionar un menjurje maravilloso con el que bañaremos la caja torácica del argentino (yo sé que dije un huesito nada más, fue un impulso terrible el que tuve en la tumba y me terminé llevando esta parte del esqueleto). Cuando la magia restaure los tejidos, incorpore los músculos y regrese la semblanza rosada a la piel de nuestro escritor, podremos llamarlo Julio. También Julito, de cariño.

El último paso, el único que parece una locura, es intentar devolverle a nuestro Julio ese talento para encender las palabras y envolverlas en orbes de oxígeno que alimenten la flama por siempre. De esta parte en adelante, usted lo hará todo porque yo ya me cansé y no quiero que me incriminen. Mi situación migratoria es delicada. Dele un reloj de bolsillo a Julio, enséñele cómo funcionan los engranes y oblíguelo a desarmar el reloj. Dígale que olvide las piezas metálicas y que suba una escalera varias veces. Julio se va a cansar, entonces tenga a mano un Gatorade sabor lima-limón y una ensalada. Es esencial que la ensalada no contenga crotones, por el gluten. Proceda a mostrarle a Julio la manera de armar el reloj mientras juntos ven videos en YouTube sobre la música y la cultura del siglo XXI. Absténgase a mencionar la situación política en la Argentina, que lamentablemente está, como dicen los jóvenes, patas arriba. La última acción para completar la transmutación de Julio es leerle sus propias novelas y cuentos. Asegúrese de que entienda bien cada palabra. En muchas ocasiones necesitará el diccionario.

Cuando termine el proceso de conversión, Julio estará listo para dominar al mundo. Proceda a hacerle a Julio las preguntas necesarias para desarrollar un reporte especial para su curso de creación literaria.

Como pájaro en mano, otórguele a Julio su libertad. Él pedirá un taco de ternera y una camiseta de la universidad para llevar en el viaje. No se sorprenda si antes de irse Julio lo mira a los ojos fijamente y le hace una pregunta capciosa: ¿Por qué me dio la vida si yo ya estaba vivo?

Usted, confundido, intente analizar esta cuestión. Días después, se dará que Cortázar ya habitaba en cada reloj oxidado, cada escalón de biblioteca, cada página amarillenta de literatura y cada palabra en la voz de la humanidad. Y el día vendrá en el que su profesor rechace su reporte por haber inventado una entrevista con el verdadero Julio Cortázar, ya que éste aparentemente murió en 1984.

Usted nada más sonría y guarde silencio. Lleve la verdad consigo.

 

Ilustrado por Elihú Álvarez. Conoce más de su trabajo aquí mismo o en su perfil de Instagram.

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