Por Jacqueline Peralta

—Del otro lado está mi vida… o mi muerte.

 

Si existe un género narrativo capaz de estremecer y, al mismo tiempo, de enganchar al lector, ese sería la novela policíaca. En el caso de Del otro lado, mi vida, publicada en 2009, nos encontramos ante una novela cubana de corte policíaco con una estructura que abarca cambios narrativos, saltos temporales y diversidad de personajes, los cuales provocan en el lector un efecto de confusión y duda, ¿qué es lo que realmente estamos leyendo?  

Para comenzar, la novela parte de un hecho histórico: el castillo del Morro, resistencia colonial a la invasión inglesa de 1762, sirve de escenario para la historia de una esclava mulata llamada María Josefa, quien tiene un romance con el oficial de la Corona española Juan Pontón.

A partir de allí, la novela nos lleva de un salto temporal a otro y de un personaje al siguiente, lo cual resulta complicado al principio, pero después el lector aprende a diferenciar tanto tiempos como voces: cuando se nos presenta un hecho o un personaje del pasado, la narración utiliza una diferenciación tipográfica. Es así como el lector se acostumbra a la intercalación de elementos que nos transportan al presente y al pasado.

De igual manera, a pesar de que el recorrido por la novela es un ir y venir constante, resulta interesante el elemento policíaco en el que se desenvuelve la historia: las investigaciones sobre un asesino serial que mata jineteras (prostitutas) en una Cuba más actual de finales del siglo XX. Sin embargo, el cruce de planos temporales nos descubren que el asesino cree ser, como la misma autora comentó en una entrevista realizada por la Secretaria de Cultura, la “reencarnación de un hombre que participó en la toma de La Habana por los ingleses y cree que debe defender a El Morro de los nuevos asaltantes, que para él son los turistas” (Secretaria de Cultura).

Con lo anterior entramos entonces al terreno de la crítica social mediante el género policíaco. James Valderrama Rengifo menciona que “el incremento de la escritura y publicación de novelas negras latinoamericanas se debe a múltiples variables. Entre estas se puede destacar el creciente interés de los escritores en este tipo de novelas para dar cuenta estéticamente de flagelos como la corrupción, el narcotráfico, las dictaduras, porque las características del género policíaco facilitan el tratamiento literario de estos fenómenos sociales” (Rengifo).

Es por ello que Yamilet García recurre a este género para reflejar la situación social de su país. Odette Alonso, en la presentación de la novela, menciona que el relato muestra una “mirada sociológica muy profunda del momento actual en La Habana y de ciertos males sociales como la prostitución y todo lo que se junta alrededor del turismo, punto neurálgico de la actual sociedad cubana. […] este tipo de narrativa cultiva la llamada novela negra que ahonda precisamente en los bajos fondos, la parte de la sociedad que no es bonita, que no ve el turista, es esa otra cosa sórdida y decadente, Yamilet se mete a ese mundo y a partir de ahí es que da la visión de una Cuba actual con la santería, los ritos afrocubanos, la discriminación, la insalubridad, la pobreza y una serie de cosas que de otra manera no hubiera podido ver con tanta agudeza” (Universidad Veracruzana).

Pero el motivo de la autora para escribir una novela con dicha crítica social a partir del género de la novela policíaca también deriva de que Cuba sea un país donde la cultura ocupa un papel tan importante, lo cual también forma parte de la realidad social de la autora como vemos en otra de sus entrevistas: “debo aclarar que, en esos momentos y durante mucho tiempo, el concurso fue el impulsor de toda la literatura policíaca que se escribía en el país. Cuba, un país de lectores, siente predilección por el género de los robos y asesinatos. Para [mí], la literatura negra-policíaca es el reflejo más fiel de los  problemas sociales que convergen en Latinoamérica; por ello el lector no debe sorprenderse si identifica en el texto hechos que trascienden a la ficción para ubicarse en el terreno de lo real” (Revista Hispanoamericana de Cultura).

Y es que con el triunfo de la Revolución Cubana —sin meternos en los ámbitos políticos ni económicos—, se abrieron nuevas vías para el desarrollo cultural del pueblo, dando a los artistas oportunidades y herramientas para desarrollar sus talentos y capacidades: “En solo tres lustros de trabajo revolucionario, las expresiones del arte y la literatura han llegado cada vez más a mano del pueblo, quien se ha convertido, en participante de la creación” (Política Cultural de la Revolución Cubana).

Yamilet García refleja en muchas de sus páginas, por medio de una narración violenta y ambigua, una crítica y una añoranza del país cubano, como cuando Helena, la protagonista de la historia piensa: “como tantas veces le ocurría, al rememorar hechos del pasado de su ciudad, un estremecimiento recorrió su cuerpo. […] este loco país mío que le saca dólares a todo. Donde la historia es solo dinero o política. […] El aguacero había terminado, con la misma tranquilidad que había comenzado. ‘Así son los aguaceros de este país –pensó Helena-, como el país mismo: empiezan sin avisar, sin ton ni son, y se acaban igual. Inopinados. Y apenas refrescan” (Zamora).

Con lo anterior nos damos cuenta de que la novela nos muestra un pasado y un presente que simbolizan la transición de un país, el debate “entre la lealtad a la revolución y el desencanto por la realidad cotidiana, la cual entremezcla planos temporales que abarcan el siglo XVIII y la última década del XX” (Informador).

Del otro lado, mi vida, es pues, una novela policíaca con un trasfondo impregnado de crítica a la sociedad cubana y los hechos pasados y actuales que el país enfrenta. Es, además, una novela que parte de datos y hechos históricos para recrearlos dentro de una ficción que muestra una realidad social difícil de ignorar y que nos recuerda que el hombre no puede darle la espalda a las problemáticas humanas que acontecen día a día.

 

Bibliografía:

Informador. “Se presentará la novela ‘Del otro lado, mi vida’, de Yamilet García“. Julio de 2009. 9 de Junio de 2016.

Política Cultural de la Revolución Cubana. La Habana: Ciencias Sociales, 1977.

Rengifo, James Valderrama. «El crimen en la novela negra latinoamericana: Abril rojo, Scorpio City y Plata quemada. Fascinación o memoria.» 2013. 9 de Junio de 2016.

Revista Hispanoamericana de Cultura. Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2008 a la cubana Yamilet García Zamora”. Octubre de 2009. 9 de Junio de 2016.

Secretaria de Cultura. “Del otro lado, mi vida, una novela policíaca sobre La Habana”. 14 de Septiembre de 2009. 9 de Junio de 2016.

Universidad Veracruzana. Yamilet García es la novelista del género negro más importante de Cuba”. 13 de Julio de 2009. 9 de junio de 2016.

Zamora, Yamilet García. Del otro lado, mi vida. Veracruz: Universidad Veracruzana, 2009.

 

Jacqueline Peralta Velázquez, veintidós años, graduada de la licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Fue colaboradora en la Biblioteca Digital de Humanidades de su universidad, cuenta con un artículo publicado en el blog “Horizontes” perteneciente a la página de México es ciencia y fue ponente en el I Coloquio Universitario del Libro Sudcaliforniano 2016.

 

(Visited 328 times, 1 visits today)
La Marabunta

La Marabunta

Revista Marabunta es un espacio web para la publicación e intercambio de contenido literario y artístico. Somos una organización sin fines de lucro (por ahora) y autogestionamos nuestro trabajo para acercar al público una experiencia cultural diferente. Las opiniones vertidas en cada artículo y los comentarios que le retroalimentan son responsabilidad del autor o persona que los emite, así como el material visual (expcepto las ilustraciones de uso libre y de arte universal). Para cualquier comentario, duda, queja o donación (de cualquier tipo) contacte a la mano que mese la cuna en contacto@revistamarabunta.com

Otros textos

Comentarios

comments