Por Violeta Carrasco Jiménez

 

El propósito del “debraye filosófico” que se presenta a continuación, ni es la creación de una nueva vanguardia, ni la apertura al debate sobre las selfies en la exposición de Yayoi; sino una reminiscencia a la pureza del arte y el artista, evitando el olvido de su origen y su razón de ser. Esto, aunque contenga un dejo de nostalgia, no implica que dicha clase de práctica haya sido borrada por la posmodernidad; reconozco que el arte es polifacética y polifuncional, pero en esta ocasión quise dedicarle un tiempo a la atemporalidad,  a la que me parece la más poética y compleja de sus formas.

“¿Qué es el arte y qué se puede conocer a través de él?”, son dos de las preguntas más difíciles a las que me he enfrentado y a las que, como siempre, me condujeron mi necedad y necesidad; y las cuales intentaré resolver en menos de diez cuartillas; si me va bien. Explicando la necesidad que me trajo aquí, sucede que desde hace tiempo yo poseo una hipótesis que envuelve el presente planteamiento, pero nunca había encontrado los argumentos correctos para comprobarla o en su caso, refutarla; por lo que de antemano me disculpo por abarcar este trabajo de manera personal y tener el atrevimiento (y quizá incluso hasta la soberbia) de decir que yo creí en la tesis de Kant, antes de conocerla.

No es la primera vez que comienzo un ensayo con una disculpa, pero me abate no poder abandonar cierto estilo literario que espero no resulte molesto para el lector. Dejando a un lado las explicaciones de esa índole, reafirmo la problemática a tratar, la cual es de carácter gnoseológico principalmente; sin embargo, me serviré también de recursos etimológicos e históricos y de los conceptos kantianos “noumeno, sublime, genio, experiencia estética”, así como de la postura filosófica de otros autores para contestar, en primera instancia, “Qué es el arte”, y en función a la definición dada, “Qué se puede conocer a través de él”.

Arte’ viene de ars (latín) y/o  tecné (griego) y hace referencia a una técnica o habilidad. (Larry Shiner 23) El arte nació siendo doctrinal y su objeto de estudio era el conocimiento sensible (a través de los sentidos). A veces es difícil creer que la idea de arte es reciente, pero esta tan solo tiene 200 años de antigüedad (aproximadamente), puesto que fue en Europa donde se definieron las categorías de las bellas artes, separando al artista del artesano; cuando en Grecia –junto con otras culturas- no había dicha distinción y el trabajo de los artistas/artesanos se asemejaba a lo que hoy nombraríamos oficios, emparentando la hechura de calzado con la escultura.

Para que se llegara a la concepción actual de arte tuvo que recorrerse un largo proceso de disputas en donde nadie parecía ponerse de acuerdo, de hecho hoy los críticos aún no se ponen de acuerdo; Baudrillard, por ejemplo, explica que el arte ahora es una imagen sin misterio, es transparente; Umberto Eco nos dice que es un remake y reciclaje constante, mientras que Marcel Duchamp –con su famoso gesto duchampiano- nos habla de la muerte del arte y de cómo es que ya no creemos en él, sino en la idea de él, pues esta es un constructo del Hombre. Expongo tales posturas para aclarar que el discurso posmodernista no tendrá validez en el análisis a continuación, pues la línea a seguir es la de Kant con el fin de contestar una hipótesis personal, como dije anteriormente.

En cuanto al argumento científico, debe considerarse que la experiencia estética está relacionada con la percepción del cerebro sobre la simetría, de acuerdo a Celia Andreu Sánchez en su artículo sobre neuroestética; pero aquel no es el punto al que se desea llegar. Una vez que se ha hecho a un lado los posibles contra argumentos de este estudio; continuo.

Las artes estaban regidas por un propósito, la música acompañaba la liturgia religiosa, las artesanías se hacían por encargo (incluso Leonardo DaVinci firmaba contratos) y los escritores recitaban poemas para cumpleaños. El trabajo artístico era a menudo una tarea cooperativa en la que intervenían muchas personas. (Larry Shiner 25)

Con la separación entre ambos conceptos (artista y artesano) vino una larga discusión sobre qué era ser artista, se dejó atrás el requisito de tener tareas por encargo y empezó a resaltar el arte por el arte, donde la dimensión más importante no es la técnica sino el sentimiento. Hasta ahora tenemos dos visiones contrapuestas sobre qué es, una tiene una finalidad y la otra es un fin en sí mismo; es importante puntualizarlas para no caer en confusiones más adelante cuando se empiece a responder a la pregunta qué se puede conocer a través de, puesto que la respuesta se dará de acuerdo a la concepción kantiana del arte por el arte.

Una vez definidas ambas concepciones, estuvo latente el cuestionamiento de si el arte era una construcción social, puesto que se ha modificado según el contexto histórico y se nos ha enseñado cómo debemos comportarnos ante la experiencia estética, cómo actuar dentro de un museo o un teatro. Empero, en este caso resaltaremos el proceso del creador y no la respuesta del público ante el producto final.

Para explicar mejor al arte por el arte, tenemos la siguiente expresión por parte de Kant: “la esencia del arte es el significado encarnado (…) el significado encarnado contra la mera utilidad, el genio contra la mera habilidad.” (Larry Shiner 39) De este modo marca la separación entre el artista y el artesano, la verdadera obra contra lo decorativo, dándole de esta manera la autonomía que no había tenido nunca, puesto que estaba sujeto a sus propósitos ya fueran sociales, políticos o de entretenimiento. Kant fue quien le regresó la autonomía al arte.

Ruskin, defendía ambas partes, diciendo que el auténtico arte sólo podía tener dos funciones: o bien representar una cosa verdadera, o adornar una cosa útil.  (Larry Shiner 323)  Aquí podemos apreciar cómo la verdad empieza a ser mencionada como una característica primordial. Nietzsche lo explica desde lo dionisiaco y Hegel desde el espíritu absoluto; Platón exclamaba que el arte debía estar al servicio de la reminisencia, recordarnos quiénes somos, nuestra esencia. Gadamer sencillamente observó que la obra de arte poseía una esencia propia, independiente de la conciencia de los que la juegan. (Freddy Sosa 7)

Hasta ahora tenemos que el arte está vinculado con lo verdadero, lo dionisiaco –que se relaciona con lo animalesco, lo instintivo y los impulsos–, con la facultad de reminisencia, la esencia de nosotros mismos y una esencia ajena al sujeto creador, una vida propia en cada obra. Pero si esto es el arte, ¿de dónde viene? Si saliera del artista, envolvería únicamente los sentimientos, lo dionisiaco y la esencia del sujeto… pero, ¿de qué forma puede su creación tener alma propia y mostrarnos lo verdadero?

Las obras de arte son inútiles porque, como decía, importa el proceso y no su objetivo; la autonomía del arte consiste, según Kant,  justamente en la satisfacción sin interés, en la universalidad sin concepto y la finalidad sin fin. Y debe tenerse en cuenta que “La obra de arte tiene su verdadero ser en el hecho de que se convierte en una experiencia que modifica al que la experimenta.” Godamer

Metafóricamente, la opinión de Kant se asemeja a que vemos el mundo a través de unas gafas teñidas de rosa y hemos olvidado que las traemos puestas, por lo que ignoramos los filtros por los cuales percibimos; sin este filtro seríamos incapaces de experimentar nada y a su vez es este el que nos impide conocer lo que realmente son las cosas.  (Nigel Warburton, 120)

Y aunque Kant es un escepticista, existen dos excepciones mediante las cuales sí podemos conocer las cosas en sí mismas: la religión y el arte.  Kant, como defensor de la no finalidad y aborrecedor del arte por encargo, dice que la verdadera belleza no está en la naturaleza sino en la hechura del hombre, en la cultura; y que los fenómenos bellos son juicios de gusto, subjetivos y no producen conocimiento. Que un juicio estético es reflexionante, cuya finalidad es una finalidad sin fin. (Freddy Sosa 15) A detalle, esto significa que la naturaleza no puede hacer arte, pero el Hombre –que proviene de ella- sí; la belleza radica en su hechura (no precisamente en la mímesis). El arte no puede explicarse sólo fenomenológicamente, debe explicarse nouménicamente y de acuerdo al juicio que se hace respecto a él.  Los juicios lógicos de Kant son determinantes; los juicios estéticos, reflexionantes, su finalidad es una finalidad sin fin porque sólo implican la contemplación y el deleite. La pregunta es sí este deleite proviene del juicio o si se enjuicia el arte porque deleita. El segundo caso aplica al concepto de lo sublime.

Cuando hablamos de un juicio estético reflexivo, estamos involucrando un proceso de contemplación; en el siglo XIX se le atribuyó a las bellas artes:

Un papel espiritual trascendente en tanto que reveladoras de una verdad más elevada o en cuanto que auténticas medicinas para el alma. Hasta entonces la idea de la contemplación desinteresada se aplicaba a Dios; de ahí en adelante, el arte para muchos miembros de las élites cultas se convertiría en un nuevo escenario para la vida espiritual. ( Larry Shiner 25)

La idea de arte de Kant conlleva reflexión, la reflexión está ligada con la contemplación, la contemplación está dentro del escenario espiritual; ergo, el arte podría conducirnos a un conocimiento de dicha clase.

El arte es como la naturaleza, escribe Kant, el arte bello sólo es posible como producto del genio (Freddy Sosa 10) El nóumeno, lo sublime y la figura del genio diseñarán el mecanismo de cómo se hace arte y qué nos permite conocer.

La palabra nóumeno proviene de neumo, aire, y se refiere  a la cosa en sí. Las cosas tienen algo que las hacen ser esas cosas, por ejemplo, se puede tomar una manzana y aplastarla quitándole su forma, pero la forma no la hace manzana; a diferencia de una mesa que sin su forma útil deja de ser lo que era. El nóumeno es algo característico únicamente de aquello que proviene de la naturaleza, no es la forma ni ningún otro aspecto sensible. El fenómeno, por otro lado, es algo externo y perceptible y responde a una ley de causa-efecto; el nóumeno es algo interno, siguiendo el ejemplo podría decirse que es la “manzanidad de la manzana”.

Como el nóumeno es algo interno, no podemos conocerlo a través de los sentidos, pero podemos establecer una comunicación nouménica por la cual nuestro nóumeno conozca al otro.

En cuanto a lo sublime, esto viene explicado junto a lo bello en la primera parte de la crítica del juicio. Lo infinito no cabe en lo finito, por ello el hombre no comprende ni concibe el universo, el tiempo o la nada, porque no puede captar su infinitud debido a la finitud de su nóumeno. Es como una línea recta intentando comprender una figura de tres o más dimensiones; un cubo no cabe en un cuadrado ni en ninguno de los trazos que lo conforman, del mismo modo que el universo no cabe dentro de nosotros pero nosotros sí en el universo.

Lo sublime estremece al sujeto, es una confrontación del yo ante lo infinito. Para Hegel lo sublime se halla en la contemplación de la historia; el arte logra la confrontación del sujeto con el espíritu absoluto, durante lo cual se contempla toda la historia de la humanidad. El espíritu absoluto establece que existe algo en común en cada lapso histórico del mundo.

Lo sublime siempre involucra el placer y el miedo entremezclados. La experiencia estética de lo sublime ocurre cuando nuestro nóumeno se siente sobrepasado por uno infinito; el arte consigue comunicarte nouménicamente con el universo y sentir la finitud superada por la infinitud.

El genio, finalmente, es el que unirá y dará consistencia a las ideas anteriores. Lo bello artístico emerge de la naturaleza a través de su producto del genio. Como decíamos, la naturaleza no hace obras de arte, pero la genialidad proviene de ella como proviene el Hombre; la genialidad es un don que le es entregado al artista para que actúe como médium y realice su obra.

El esquema queda de la siguiente forma: la naturaleza le obsequia al Hombre el don del genio, convirtiéndolo en artista. Este realizará una comunicación nouménica con lo que lo rodea, donde puede experimentar o no lo sublime y donde definitivamente conocerá también su propio nóumeno, de tal manera que al momento de la creación, plasmará ambas esencias de manera homogénea, otorgándole a su obra un aura propia.

Es por ello que el arte estará vinculado con los sentimientos del creador, su parte dionisiaca y su esencia; así como nos mostrará lo verdadero y lo divino. Lo único que debe hacer el espectador para sentir aquello que se ha plasmado, es un juicio estético, contemplativo.

El genio es un comunicador de lo incomunicable. La naturaleza a través del genio da alma a la obra.  El arte nos causa una impresión en la conciencia -en términos de Hume- y en esta impresión pueden hallarse el ser de lo que la inspiró y el del artista.

Los románticos tendían a asociar el rechazo y el sufrimiento artísticos con el destino del genio, de ahí el arquetipo del poeta maldito, el bohemio, etc. La obra creada no tiene que ser precisamente bella, existen otras experiencias estéticas planteadas a lo largo del siglo XIX, como la de lo grotesco (Hugo), lo extraño (Baudelaire), lo real (Flaibert) y lo verdadero (Zola).

Emerson nos habla de cómo los artistas dejan que fluyan corrientes etéreas a través de ellos, convirtiendo el mundo en cristal. (Larry Shiner 320) Reafirmando así a Kant, porque ahora es posible ver a través de las cosas y estar en contacto con una parte de su nóumeno.

Como el don del genio es innato y muchas veces inconsciente, el artista se caracterizará por no guiarse a través de “reglas aprendidas aplicadas mecánicamente y trasvasables de un artista a otro o de un maestro a un discípulo” (Freddy Sosa 1), como un genio poseedor de “un talento para producir aquello para lo cual no se puede dar ninguna regla determinada… La originalidad debe ser su primera propiedad” (Freddy Sosa 1)

Los artistas no saben cómo se encuentran en ellos las ideas que les permiten hacer determinada obra, y no pueden hacer las obras de acuerdo a un plan previsto con anticipación ni pueden transmitir a otros la manera exacta de hacer una obra. (Freddy Sosa 1)

Concluyendo, el arte sí puedes generarnos un conocimiento, no un aprendizaje, porque es diferente, sino un saber espiritual sobre los elementos intrínsecos de la naturaleza y el creador. El ser humano crea conceptos para conocer el mundo, la experiencia estética no es cognoscitiva en ese término, por lo tanto no opera con conceptos; sino con lo sensible, no de los sentidos, sino del aspecto interior denominado nóumeno.

En tanto a mi hipótesis, me satisface el hecho de que efectivamente el arte se relaciona con lo incomunicable, la contemplación y una experiencia que entremezcla el placer y el terror; así como su contenido de fragmentos del autor y del objeto de inspiración. Y una vez resuelta mi hipótesis, cierro con una nueva:

Si Kant dice que es imposible conocer la cosa en sí, esto incluye el conocimiento de uno mismo; pero es posible la comunicación nouménica y mi propuesta es que quizá durante ella el nóumeno observado también nos observa y al hacerlo podemos mirar nuestro reflejo en él; por ello el arte contiene fragmentos del creador y este puede ser un modo de autoconocimiento, o en todo caso, al ser imposible el entendimiento de nosotros mismos, necesitemos de alguien más para que nos explique, con la ayuda también de la comunicación nouménica. Me resulta lógico el hecho de que utilicen los mismos medios para conocer, que lo que se quiere conocer; es decir, que si se busca aprehender la cosa en sí, sea mediante el nóumeno.

Referencias:

«Capítulos de Larry Shiner-La invencion del arte». Scribd. N.p., s. f. Web. 22 oct. 2014.

Freddy Sosa. Autonomía y Naturaleza en la Estética de I.Kant. N.p. Print.}

Jean Baudrillard. El complot del arte. Ammorrortu, Buenos Aires, Madrid.

Celia Andreu. Neuroestética: cómo el cerebro humano construye la belleza. Universidad Autónoma de Barcelona.

Nigel Warburton. Una pequeña historia de la filosofía. Galaxia Gutenberg

 


Violeta Carrasco Jiménez

Veinte años, estudiante de comunicación con dudas existenciales; con experiencia en expresión teatral, fotografía, cerámica, literatura, cine, pintura y demás prácticas que ponen en duda su salud mental. Sus únicas publicaciones yacen en las paredes desgastadas de su blog y un cuento pequeñito en una revista abandonada. Amante de la historia, la astronomía, el terror y en consecuencia, el arte. Esclava de su necesidad de escribir.

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