Por Pamela Amador

 

Todo comenzó en Múnich, a principios del siglo XX, una ciudad que si bien no era Paris, contaba con varios pintores dispuestos a ir más allá de lo que en la época del káiser Wilhelm IIse consideraba arte. A finales del siglo XIX, Vassiliy Kandinsky había dejado su natal Rusia con el fin de dedicarse de lleno a la pintura; Kandinsky era abogado de profesión y pintor por pasatiempo, pero decidió abandonar una prometedora carrera en la abogacía para convertirse en pintor.

Kandinsky había fundado la Nueva Asociación de Artistas de Múnich (Neue Künstlervereinigung München,abreviada NKKVM) junto con otros artistas como Gabriele Münter, pintora y su compañera sentimental en ese entonces. En su primera exposición había provocado respuestas hostiles por parte del público muniqués hacia las obras expuestas. La segunda exposición de la NKVM tuvo lugar en septiembre de 1910 e incluyó a artistas de París como Georges Braque, Pablo Picasso, André Derain, Henri Le Fauconnier, Georges Rouault, entre otros. Aunque hoy en día, estos nombres son conocidos y apreciados en la historia del arte, en ese entonces se trataba de pintores poco célebres cuyo arte osado chocaba con el gusto conservador de los compradores burgueses y la mayoría de los directores de galerías o museos. La reacción del público fue enérgica, llena de comentarios peyorativos. En medio de este rechazo surgió una voz que, contraria a la mayoría, apreciaba los trabajos expuestos: se trataba de un joven pintor, su nombre era Franz Marc.

Franz Marc escribió una réplica a los comentarios peyorativos del crítico Ludwig Mies van derRohe, Rohe había insultado a los artistas llamándolos “locos incurables”. Franz Marc era un joven pintor muniqués especializado en animales, entusiasmado por los trabajos exhibidos y maravillado particularmente por el trabajo de Kandinsky. Marc y Kandinsky se conocieron. Después Marc formaría parte de la NKVM, pero la abandonaría meses más tarde, junto con sus amigos Münter y Kandinsky.

A mediados de 1911, Kandinsky y Marc comenzaron a trabajar en algo nuevo. Se trataba de un proyecto de redacción al que nombraron Der Blaue Reiter (El jinete azul). El nombre surgió en casa de Franz Marc mientras tomaban café. A Kandinsky le fascinaban los jinetes, Marc amaba a los caballos y a ambos les gustaba el color azul. El jinete para Kandinsky remitía a la mítica figura de San Jorge, patrono de la Madre Rusia, famoso por haber peleado con un dragón y salir vencedor. En este caso no se trataba de luchar contra el paganismo, sino de luchar en contra de los conceptos pre-establecidos de lo que consideraba “arte”. Planeaban publicar un almanaque donde se informara de la actual escena artística; después le seguiría una exposición. La forma en que éstos veían el arte era muy particular. Compartían el gusto por el arte de los pueblos primitivos, no lo veían inferior al “alto arte europeo”. Se trataba de acabar con el concepto tradicional de estilo, ya que en el arte de todos los países a través de los tiempos hay algo que lo hace “auténtico”. En el siglo XX se pretendía romper las barreras entre las diferentes artes, por lo que no fue extraño que Kandinsky escribiera un artículo para el almanaque llamado “El sonido amarillo”, un artículo dedicado a las “óperas de color”, que según lo esperado por el ruso, renovarían la música teatral al combinar los géneros de música, pintura y lengua. Franz Marc escribió para El jinete azul tres artículos, de los que destacan “Bienes espiritualesy “Los salvajes de Alemania”. En el primero Marc lamentó la falta de interés por las nuevas ideas, mostró su interés por los pintores Paul Cézanne y El Greco, de los que pensaba que congeniaba en su arte: “[…] Cézanne y El Greco están emparentados espiritualmente a través de los siglos que les separan […] las obras de ambos están hoy a la entrada de una nueva época de la pintura. Ambos sintieron, en la imagen del mundo, la construcción mística interior que es el gran problema de la actual generación”.

En “Los salvajes de Alemania” presentó a los que consideraba los movimientos más importantes del arte alemán, Die Brücke (El Puente), La Nueva Asociación de Artistas de Munich y La Nueva Secesión de Berlín.

El almanaque se publicó en 1912, con el generoso financiamiento de Bernhard Koehler y el apoyo del editor de Munich, R. Piper.  Incluía, además de lo escrito por Kandinsky y Marc, ensayos de August Macke, Arnold Schönberg, David Burljuk y Roger Allard,  que además de pintura, hablaban sobre otras expresiones artísticas como música y teatro.

Todas esas ideas podrían resumirse en la siguiente frase: “la cuestión del arte no es una cuestión de la forma, sino del contenido artístico” (Kandinsky, 1936).

La primera exposición de El jinete azul tuvo lugar en la galería muniquesa Thannhauser, del 18 de diciembre de 1911 al 1 de enero de 1912 y en ella se mostraron 50 obras de los siguientes artistas: Albert Bloch, David y Vladimir Burliuk, Heinrich Campendfonk, Robert Delaunay. Elisabeth Epstein, Eugen von Kahler, Vassily Kandinsky, August Macke, Franz Marc, Gabriele Münter, Jean Bloé Niestlé, Henri Rousseau y Arnold Schönberg. A pesar de ser una muestra heterogénea, privilegiaba el arte abstracto de Kandinsky, Marc y Delaunay, además de colocar en un sitio especial el trabajo de Rousseau. Kandinsky escribió el siguiente prólogo para preparar al espectador:

En esta pequeña exposición no intentamos difundir una forma específica o determinada. Lo que queremos es presentar, a través de las distintas formas aquí representadas, las diferentes maneras mediante las cuales se manifiestan los deseos internos del artista.

Con todo y las advertencias, la muestra fue objeto de burlas por parte de los asistentes. Si no fuera por las ventas orquestadas por Bernhard Koehler, la exposición hubiera fracasado.

La segunda exposición se realizó en febrero de 1912 y sólo se mostraron obras gráficas. Juntos a los trabajos de los miembros del “Brücke” estaban los de Picasso, Braque, Natalia Goncharova, Michail Larionov y Kasimir Malevich.

La galería Sturm de Herwarth Walden, en Berlín, exhibió los trabajos de El jinete azul, junto con Oskar Kokoschka y Franz Flaum. De ahí, la exposición se tornó itinerante y se presentó en diversos sitios de Alemania como Bremen, Hagen, Frankfurt y Hamburgo. Los artistas de El jinete azul exhibieron en la galería Der Sturm con pocas interrupciones de octubre de 1912 a abril de 1914. Herwarth Walden publicó en su revista obras de Campedock, Delaunay, Klee, Marc, Kandisnky, entre otros, además de artículos sobre teoría del color. Con tanta difusión, parecería que el público aceptaría la vanguardia artística. Pero no fue así, las burlas continuaron, inclusive el arte de Kandinsky se consideró “idiotismo”. Pese a todo, los artistas de El jinete azul siguieron creando y profundizando en sus conceptos teóricos. Aquellas obras en las que lo figurativo iba quedando relegado no eran hechas por casualidad, sino que se creaban con base en ideas bien establecidas, sobre el uso del color y las formas. La abstracción implicaba una reflexión profunda por parte del artista.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, El jinete azul vería terminado sus días. Los artistas se dispersaron y algunos, como Macke y Marc, murieron en el frente. Actualmente, la mayor colección sobre Der Blaue Reiter puede admirarse en Munich, en la galería Lenbachhaus, gracias a la generosa donación de Gabriele Münter, quien fue compañera de Wassily Kandinsky hasta 1914. Con motivo de su cumpleaños número 80, legó más de mil obras de artistas de Blue Rider a la Lenbachhaus, entre ellos noventa pinturas al óleo de Kandinsky, así como alrededor de 330 acuarelas y dibujos, sus cuadernos de bocetos, pinturas inversas de vidrio y su obra impresa. El legado también incluye más de veinticinco pinturas y numerosas obras sobre papel de ella y obras de otros artistas eminentes como Franz Marc, August Macke, Paul Klee, Alexej Jawlensky y Marianne von Werefkin.

Como muchos movimientos de vanguardia del siglo XX, El jinete azul tuvo una vida breve, pero dejó un legado enorme, además de sentar precedentes para otros movimientos artísticos y abrir un espacio para las ideas nuevas en un siglo que estaría marcado por cambios vertiginosos que no sólo abarcarían el arte y la cultura.

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Sobre la autora: Pamela Amador (Ciudad de México, 1985). Albéitar. Colabora creando contenidos en la página de “Animales: Arte & Mitología”

Ilustración de Jonathan Vázquez. Conoce más de su trabajo en su Behance.

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