La soledad pareciera ser el sino que marca nuestra época. Podremos tener saturado nuestro perfil de contactos: 5 mil amigos, 5 mil followers, 5 mil que nos rodean, pero sin estar. Ante la computadora, estamos solos; ante los problemas personales, estamos solos. Frente a los obstáculos laborales, las trabas económicas, nos encontramos nada más ni nada menos que con nosotros mismos… hasta que se rompe la burbuja.

Actualmente, por diversos medios y discursos, se nos intenta esculpir la ideología del primero yo y luego nadie más: apuntalar el individualismo, enaltecerlo, es el objetivo del orden social que se regodea ante nosotros. Aislarnos en nuestra soledad, en una burbuja impenetrable; desde el aula hasta cada una de las redes sociales donde se replica con constancia la “filosofía” contemporánea: “no critiques a tu país, el cambio está en uno”, “cambia tú, no a los demás”. El día a día se ha convertido en un culto al egocentrismo. La insurgencia de las redes nos ha atrapado a nosotros mismos.

La soledad y la aversión al conjunto, el rechazo al trabajo con el otro es el camino por el que nos orilla a transitar un sistema hegemónico que no acepta otras formas de organizarse: las persigue hasta engullirlas. Y es que una persona sola es una persona débil y alguien débil no representa ninguna amenaza ante un sistema que se cae a pedazos. Las instituciones alcanzadas por la lepra que ahora las corroe se encuentran protegidas al pregonar un pensamiento que simula la cura de la enfermedad.

El cambio individual, dentro de nuestros hábitos, de nuestras costumbres nos hace congruentes con nuestras ideas, con nuestra forma de pensar, pero no marca el tan anunciado cambio –social, por decir alguno–, no logra potenciarse como la cura, apenas como un placebo. Puede ser un primer paso, pero si no se trasciende a la actividad colectiva, si no pasa del ámbito privado al público, jamás se logrará una transformación verdadera. Y es que estamos tan enfermos de nosotros mismos que el otro se nos vuelve invisible.

La ideología de la rebeldía individual tan extendida por la cultura de las redes sociales y legitimada por otro inmenso puñado de discursos es un arma de doble filo que vale la pena analizar antes de desenfundar. “Las rebeldías individuales son tan conmovedoramente inútiles.”1 Una cabeza sola es fácil de cortar, pero en conjunto, siempre habrá otras tres que emerjan para exigir justicia, para luchar y anunciar el tan anhelado cambio en los muros, en las escuelas, en las calles, en el transporte público. “Caídos no quiere decir lo mismo que vencidos. Atrás de aquel que cae, hay alguien siempre que recoge la bandera y ésta ondeará, tarde o temprano, en el punto más alto de la victoria.”2

Salgamos de nuestra habitación y tomemos las calles colectivamente.

 

Por: Rolando R. Fullton

 


1 SupMarcos. “Ellos y Nosotros I: Las (sin) razones de arriba” en Enlace Zapatista.

2 José Revueltas. México 68: Juventud y Revolución, México: ERA, Tomo 15, 2008, pp. 89.

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Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

Personaje de ficción. Marabuntesco telecapitoso. Usa bufandas.

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