Por Christian Emmanuel Hernández Esquivel

 

Desde que regresé de Japón, en el año 2007, algunos lectores de Haruki Murakami han pedido mi opinión sobre la obra del escritor japonés. Al principio, y solo para no quedar mal, respondía que no había leído suficiente del autor de Tokio Blues, Norwegian Wood (1987) y Sputnik, mi amor (1999). Para mi sorpresa, mientras yo disfrutaba de las historias escritas por Ai Ijima (Platonic sex, 2000) y Kyoichi Katayama (Un grito de amor desde el centro del mundo, 2001), varios de mis amigos se declaraban entusiastas de Haruki Murakami. Tiempo después, Juan Carlos Carmona Sandoval, editor de la revista La colmena, me recomendó ampliamente Kafka en la orilla (2002) y 1Q84 (2009). Decidí comprar los dos primeros tomos de la novela sobre Tengo, Aomame y Fukaeri. Aún no logro encontrar la motivación suficiente para avanzar mi lectura. Por el contrario, en menos de un mes, terminé otra novela japonesa:Escándalo (1986) de Shūsaku Endō.

El fenómeno Haruki Murakami me parece interesante porque es producto directo del sistema capitalista japonés: un sistema de producción multinacional que busca fomentar la distribución y el consumo global de aquellos bienes simbólicos provenientes de corporativos japoneses (literatura, historietas, videojuegos, programas de televisión, películas y series de animación, juguetes), y cuyos emblemas de éxito son las marcas Pokémon y Hello! Kitty. (Tobin, 2004; Yano, 2013) Así, los libros de Murakami se identifican como productos de exportación, textos diseñados para los lectores “occidentales” (es decir, estadounidenses y europeos), más que como producciones literarias autóctonas de Japón. El propio Murakami ha señalado que ha removido todo aquello “específicamente japonés” de sus historias (Sayle, 2002). Pero, tal como explica Iwabuchi (en Tobin, 2004), ese detalle es fundamental en la estrategia de promoción global de los productos japoneses, actualmente denominada Cool Japan: entre menos japonés se vea un producto, mayor éxito de penetración cultural (McGray, 2002; METI, 2014; Nagata, 2012). Así, tal como señala Kelts (2014), Haruki Murakami es la exportación cultural más importante de Japón.

Sin embargo, y pese a todo lo anterior, Haruki Murakami es nominado, año tras año, a ganar el Premio Nobel de Literatura. Pero no lo gana. Entonces, sus lectores, fanáticos y seguidores se lamentan, y se preguntan por qué un autor de tal envergadura no logra convencer a los miembros de la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Lo cierto es que Murakami tampoco ha ganado el Premio Akutagawa, ni el Premio Naoki, los dos galardones más importantes de las letras de Japón. En su vitrina, aparecen apenas el Premio Gunzo, el Premio literario Noma, el Premio Tanizaki, y el Premio Yomiuri, este último entregado por un periódico.

En los próximos párrafos, intentaré explicar por qué Haruki Murakami no tiene la calidad suficiente para representar con dignidad a las letras japonesas. Sin embargo, adelantaré dos ideas: 1) En su calidad de producto comercial de exportación, las obras de Murakami carecen de los elementos históricos-culturales para poderse llamar “obras maestras” (kessaku). 2) Al no poseer un marco de referencia crítico sobre la historia y la cultura de Japón, las obras de Murakami no logran considerarse “literatura nacional” (kokumin bungaku), pues configuran un mundo ficticio alejado de las problemáticas político-sociales del archipiélago. De esta manera, se ponen en evidencia algunas características de la obra del escritor japonés que lo mantienen alejado del premio que otorga la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

 

Murakami: producto del capitalismo japonés

Japón, a diferencia de lo que piensan los lectores que no han visitado el país del sol naciente, es un paraíso capitalista. Hasta antes de ser desbancadas por Hong Kong y Shanghái, Tokio y Osaka eran las “ciudades más caras del mundo” (IEU, 2013). Actualmente, el salario mínimo por hora en Japón ronda los nueve dólares. El costo del transporte público, el dólar y medio. El menú en un restaurante, los seis dólares. Y la renta mensual de una habitación individual, los cuatrocientos cincuenta dólares (Numbeo, 2015). En todas las grandes ciudades, los restaurantes, las cafeterías, las librerías y las tiendas de conveniencia operan las veinticuatro horas del día. Desde la Universidad, como política educativa, se les solicita a los alumnos que tomen un trabajo de medio tiempo mientras cursan sus estudios (Castro-Vázquez, 2013).

Estudiante de la Universidad Waseda, en Tokio, el primer empleo de Haruki Murakami fue ser dependiente en una tienda de discos. Después, junto con su esposa Yoko, abrió una cafetería – club de jazz llamado Peter Cat. Al compás de la música afroamericana, Murakami esbozó sus primeros textos. Su primera novela, ganadora del Premio otorgado por la revista Gunzo, tuvo por título Happy Birthday and White Christmas (1979), antes de ser cambiado por los editores al japonés: Kaze no uta wo kike (“Escucha la canción del viento”, aún no publicada en español). En dicha novela, la presencia de la música “occidental” (es decir, estadounidense y europea) se encuentra desde el mismo título: tanto “Happy Birthday” como “White Christmas” son los nombres de las canciones en idioma inglés más reconocidas en Japón (Meslow, 2014).

La música no japonesa es un elemento presente, de manera constante, en la obra de Murakami: música clásica alemana, rock estadounidense o británico, jazz afroamericano y hasta baladas de Navidad aparecen en sus textos, de manera tan natural, sin asombrar ni llamar la atención de los personajes, que pareciera que siempre han formado parte de la cultura del archipiélago. De esta manera, Murakami presenta un mundo ficticio en el cual no existe mención alguna a piezas de música tradicional japonesa, ni a canciones de enka, ni siquiera a éxitos de pop-rock japonés. Pareciera que la mayoría de los personajes de Murakami han sufrido un proceso de aculturación, y ya no recuerdan ni una sola pieza musical presente en sus infancias o en sus adolescencias.

Una de las pocas canciones japonesas que se mencionan en los textos de Murakami es “Ue wo muite arukō” (“Caminemos mirando hacia arriba”, 1961) de Kyū Sakamoto, dentro de las páginas de Tokio Blues, Norwegian Wood. Sin embargo, tal balada no aparece con su título original en la novela, sino con su adaptación al idioma inglés: “Sukiyaki”. Tal como indica Abe (2014), el sukiyaki es un plato culinario japonés que no tiene relación alguna con la canción (ni siquiera aparece mencionado en la letra). Tal nombre fue elegido por los directivos de EMI Music para renombrar la pieza, en su lanzamiento mundial, en 1963, porque el nombre “era más fácil pronunciar para los estadounidenses, y es una palabra que ellos asocian con Japón” [sic.]. Al día de hoy, “Sukiyaki” es la única canción japonesa en haber alcanzado la cima de la lista Billboard Hot 100. (Wikipedia, 2015)

Aunque puede parecer intrascendente, la anécdota de “Sukiyaki” evidencia la desigualdad en el balance comercial entre la industria discográfica estadounidense y la japonesa. Japón es el mayor consumidor de productos musicales, y representa un cuarto de la venta total de música grabada en el mundo (JICS MEDIA, 2015).

La música estadounidense constituye un sector muy importante del mercado discográfico de Japón. En la vida real, varias de las canciones que aparecen en los textos de Murakami fueron publicadas bajo el sello Columbia Records. En 1988, Columbia fue adquirida por Sony Corporation, y de esta manera, el corporativo japonés pudo distribuir los productos estadounidenses, de manera directa, a lo largo y a lo ancho de Japón. Lamentablemente, muy pocos intérpretes japoneses han logrado tener éxito en el mercado estadounidense, pese a que Sony Music Entertainment es la tercera compañía musical más grande de Norteamérica (Stevens, 2008).

Este panorama puede explicar, tal vez, por qué Haruki Murakami rechaza conscientemente hacer referencia, en sus obras, a canciones escritas, compuestas y producidas en el país del sol naciente. Al configurarse como un producto comercial de exportación, los textos de Murakami deben de hacer referencia a la cultura hegemónica global: la música de “Occidente” (es decir, de Europa y de Estados Unidos de América), con sus compositores, intérpretes y disqueras.

 

Murakami: ausencia de un mea culpa histórico

Quizá, en su fuero interno, Haruki Murakami no se siente japonés. Eso explicaría por qué, en toda su obra, no aborda, ni con una línea, el pasado imperial, militar y belicista de Japón (que tanto añoraba Yukio Mishima), ni expresa su opinión sobre las atrocidades cometidas por los miembros del Ejército Imperial Japonés en la Segunda Guerra Mundial (tal como lo hizo Shūsaku Endō). Tampoco relata los acontecimientos que llevaron al Ejército Imperial a rendirse al Ejército Aliado, tras los bombardeos estadounidenses que destruyeron por completo la ciudad de Tokio, así como los ataques nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki (como lo hicieron Masuji Ibuse,Mitsuaki Inoue, Oda Katsuzo y Kenzaburō Ōe). Menos aún, escribe para no olvidar las penurias que vivió la población civil de Japón antes y después de la guerra (como en la conmovedora Tumba de las luciérnagas de Akiyuki Nosaka, y de manera más cómica en Kanzō-sensei de Ango Sakaguchi).

Si bien Murakami ha señalado que ha removido todo aquello “específicamente japonés” de sus historias,  la mayor parte de su obra carece de una perspectiva histórica: los hechos que se presentan en sus escritos carecen de una vinculación real con el pasado colectivo del Japón (Sayle, 2002). Todo suceso aparece, a los ojos del lector poco conocedor de la historia del país del sol naciente, como algo nuevo, fascinante, hermoso, terrible. Olvidando por completo que, en la literatura japonesa de los siglos XVI al XIX, las historias de amor, los terremotos, las ciudades que se incendian, los cultos religiosos, los complots políticos, los asesinatos y los suicidios ya existían.

Esta a-historicidad empata perfectamente con el discurso del Partido Liberal Democrático (LDP, por sus siglas en inglés), instituto político hegemónico que ha gobernado Japón desde 1955, en el que se presenta a Japón como un promotor de la paz, no solo local, sino regional, ubicándolo como un mediador entre sus vecinos. Pero este es un discurso maniqueo. Actualmente, la plataforma político-económica del gobierno de Japón es de corte neoliberal, y con el apoyo de los gobiernos de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, se busca reformar la Constitución de 1947 que prohíbe terminantemente el mantenimiento de fuerzas armadas, marítimas o terrestres, con propósitos bélicos (Bix, 2013). El primer paso para convencer a los electores de aceptar dichas reformas es, por supuesto, hacerlos olvidar las invasiones, las masacres y otros crímenes de guerra cometidos por el Ejército Imperial de Japón en la Segunda Guerra Mundial (Aksular, 2010).

Si bien Haruki Murakami no es un escritor nacionalista, pro-milicia, y a favor del rearme de Japón; también es cierto que la literatura light con la que ha inundado las estanterías de las tiendas de libros y las bibliotecas, ha restado importancia y atención a otros escritores japoneses, y a otras literaturas, que hoy más que nunca, frente a una agenda política que busca la transformación de un Japón pacifista a un aliado militar de los Estados Unidos de América en Asia, deberíamos revisar.

El Japón actual no solo es producto del esfuerzo, la tenacidad y la disciplina de su población. También, es producto de las relaciones históricas, políticas y económicas que ha establecido con sus vecinos de Asia, con las potencias “occidentales” (es decir, Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos), y con el resto de los países del mundo. En el mundo hispanohablante, el éxito comercial de Murakami es producto del consumo promovido por las editoriales españolas, en especial TusQuets, y los críticos favorables a una prosa llana, emotiva y llena de lugares comunes no solo en España, sino en países latinoamericanos como Chile, Perú, Bolivia, Argentina o México.

Si bien es comprensible que, en el mundo capitalista en que vivimos, la obra de un escritor se vuelva también un objeto de consumo, es una pena que el “escritor contemporáneo más reconocido de Japón” no tenga una visión crítica sobre la historia y el desarrollo social de su país, un aspecto central que ha definido a la mayoría de los escritores que alcanzaron el Premio Nobel de Literatura.

 

Referencias

Abe, N. (2014) “Ue o Muite Arukou” by Kyuu Sakamoto – “Sukiyaki” Song. About Education. Disponible en:http://japanese.about.com/od/japanesemusic/a/Ue-O-Muite-Arukou-By-Kyuu-Sakamoto-Sukiyaki-Song.htm

Aksular, A. D. (2010) War Crimes and Human Right Violations of Imperial Japan Army in the Second Sino-Japanese War between 1937 and 1945. Disponible en: http://ardadeniz.com/BELGE/WarCrimesofImperialJapan.pdf

Bix, H. P. (2013). Japan Under Neonationalist, Neoliberal Rule: Moving Toward an Abyss?  ネオナショナリズム、ネオリベ政策のもとで深淵に近づく日本. The Asia-Pacific Journal 11:15 (2). Disponible en: http://www.japanfocus.org/-Herbert_P_-Bix/3927

IEU. (2013). Worldwide cost of living index 2013. The Economist Intelligence Unit. Disponible en:http://www.eiu.com/public/topical_report.aspx?campaignid=Wcol2013

Iwabuchi, K. (2002). Recentering Globalization: Popular Culture and Japanese Transnationalism. Durham and Londres: Duke University Press.

JICS MEDIA. (2015) Japanese Market Opportunity for Foreign Music. Japan Music Marketing. Disponible en:http://japanmusicmarketing.com/article1.htm

Kelts, R. (2014). Haruki Murakami’s Cool Japan. The Japan Times. Disponible en:http://www.japantimes.co.jp/culture/2014/08/22/general/haruki-murakamis-cool-japan/#.VLHu1Mn1GSo

Meslow, S. (2014) Your literary playlist: A guide to the music of Haruki Murakami. The Week. Disponible en:http://theweek.com/article/index/267001/your-literary-playlist-a-guide-to-the-music-of-haruki-murakami

METI. (2014). Cool Japan Initiative. Disponible en:http://www.meti.go.jp/policy/mono_info_service/mono/creative/141211CoolJapanInitiativeDecember.pdf

McGray, D. (2002). Japan’s Gross National Cool. Foreign Policy. Disponible en:http://homes.chass.utoronto.ca/~ikalmar/illustex/japfpmcgray.htm

Nagata, K. (2012). Exporting culture via “Cool Japan”: METI promoting art, food, fashion abroad to cash in on “soft power”. The Japan Times. Disponible en: http://www.japantimes.co.jp/news/2012/05/15/news/exporting-culture-via-cool-japan/?+japantimes+%28The+Japan+Times%253A+All+Stories%29#.VLHl9cn1GSp

Numbeo. (2015). Cost of Living in Japan: Prices in Japan. Disponible en: http://www.numbeo.com/cost-of-living/country_result.jsp?country=Japan

Sayle, M. (2002). Haruki Murakami: Japan’s most popular novelist has finally woken up to events in his own country. But can this ageing adolescent really grow up? Prospect Magazine. Disponible en:http://www.prospectmagazine.co.uk/features/haruki-murakami

Stevens, C. S. (2008). Japanese popular Music: Culture, Authenticity and Power. New York: Routledge.

Tobin, J. (2004). Pikachu’s Global Adventure: The Rise and Fall of Pokémon. Durham: Duke University Press.

Wikipedia. (2015) Sukiyaki (song). Wikipedia: the Free Encyclopedia. Disponible en:http://en.wikipedia.org/wiki/Sukiyaki_%28song%29

Yano, C. R. (2013). Pink Globalization: Hello Kitty’s Trek Across the Pacific. Durham: Duke University Press.

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Christian Emmanuel Hernández Esquivel es Licenciado en Letras Latinoamericanas y Maestro en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de México. Egresado de la Maestría en Estudios de Asia y África, especialidad Japón, de El Colegio de México. Ex-becario de la Fundación Japón en México y la Japan Student Services Organization. Fundador del Taller de cultura e Idioma japonés. Escribe el blog http://www.hernandezesquivel.blogspot.mx/

Ilustraciones de Eduardo Salvatori. Conoce más de su trabajo en su página.

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