Por Carlos Eduardo Luján Andrade

 

X: Hoy escuché en la radio a un profesor universitario criticando el nivel educativo de los congresistas de la república, lamentando que no hubiera intelectuales de prestigio en la política.

Y: Seguro uno de ellos habrá dicho o hecho alguna burrada, no me extrañaría, desde hace mucho los requisitos para ser representante no son muchos; con las justas se requiere que sea alfabeto y mayor de 30 años, ¿no es así?… Es una pena el bajo nivel de la política peruana, al parecer no hay mucha diferencia entre los escándalos de vedettes y futbolistas con las escenas y declaraciones de los políticos. Me pregunto qué ha pasado con el país. Antes ser congresista era un honor, ahora estos cargos han sido degradados por los irrespetuosos de hoy. Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Haya de la Torre, Manuel Seoane, Jorge Basadre como Ministro de Educación, entre otros muchos, le dieron prestigio al Congreso y la Política, que en estos últimos 25 años se ha perdido. No dudo que quizás haya gente preparada, lo lamentable es que la prensa les dé el micrófono y la cámara a los más vulgares, impulsivos y corruptos. La prensa se queja del nivel de la política, pero ellos son los que les dan tribuna a sus peores representantes.

X: Sí, pero no confundas educación con intelecto. Un título universitario o un diploma escolar no garantizan que éstos tengan el mejor desempeño como políticos. Existen civilizaciones que no han necesitado esos certificados para evolucionar. Más aún, en este país tampoco las escuelas o universidades garantizan una educación de calidad.

Y: Entonces, ¿cómo se podrá elegir a un representante de calidad si no tenemos siquiera instituciones que nos garanticen esto?

X: Pero olvidas que el problema principal no parte de ahí, sino de aquellos que en realidad están calificados…

Y: Te refieres a su desinterés y a su falta de compromiso con el país; es un problema de identidad, de una educación falta de conciencia nacional…

X: No te apresures, no me refiero a un tema tan amplio como ese en el que quizás tengamos que analizar la currícula educativa de los colegios, sino a una cuestión de sentido común; a un tema que parte de la misma formación intelectual.  Te diré que un intelectual tiene que desarrollar su capacidad de abstracción para procesar la cantidad de información que adquiere y posteriormente analizarla una vez que tiene un nivel de conocimiento alto. Como verás, aquí no tiene nada que ver la educación propiamente dicha. No todos los que estudian pueden hacer esto, la mayoría son simples tecnócratas que se limitan a repetir sin mucha innovación lo que han aprendido en su experiencia académica o laboral. Se han quedado en la etapa del procesamiento de la información. Y continuando, un individuo del que te hablo, un intelectual —que, al parecer, es lo que se necesita— por su mismo método de aprendizaje requiere diferentes puntos de vista para tener una idea propia. Si lo ves con detenimiento, podemos deducir que este tipo de razonamiento es poco político, ya que su estructura mental está basada en la búsqueda de una verdad que en la práctica política pueda ser poco estratégica y hasta impertinente.

Y: El político también busca la verdad para así encontrar el bienestar de la comunidad.

X: No mezcles los conceptos, el político actúa bajo criterios distintos, no están involucrados en sus acciones las reglas de la moral y la ética, la historia nos enseña eso; muchas civilizaciones han sido formadas con base en actos arbitrarios que se fundamentaban en la razón de un pueblo, defendiendo lo que ellos consideraban digno de defender; a partir de ahí es que se genera el concepto de las leyes, hasta de la moral. El poder que da la política tiene la capacidad de ordenar todo un mundo en el territorio donde se detenta. Recuerda que el poder político surge cuando se usa éste para influir, condicionar o determinar la conducta del pueblo.

Y: ¿Y eso qué tiene que ver con los individuos educados o los intelectuales?

X: Mucho; la política representa la esfera de las relaciones de poder y dominación, como decía Max Weber. Para que un intelectual sea parte de esa esfera tiene la obligación de interactuar en esas relaciones de poder y dominación. Por lo tanto, esa búsqueda de la verdad estaría condicionada en qué tanto ésta ayuda a conseguir lo que en la política se busca. Y aquí se presenta el primer bache: ¿qué intelectual podría estar dispuesto a entregar su integridad académica para manipular al resto?  Y de hacerlo, sabe que es un camino sin regreso, porque el interés por la verdad se pervierte por el interés de dominar al otro. Puede manipular sus conocimientos para convencer al resto de hacer lo que él quiere que se haga.

Y: El conocimiento es atractivo cuando no estás dentro de esa esfera, pero los intelectuales siempre han trabajado con factores ajenos a su voluntad: interpretando, analizando el poder político que tiene incidencia en el poder social, y de ahí obtener sus propias conclusiones.¿No crees que en esa tarea sientan alguna impotencia?, ¿no crees que luego de estudiar la sociedad como un ente que se mueve inexorablemente y hallar en ella los errores cometidos, no nacerá una inquietud por evitar que vuelvan a cometerse?

X: Tienes razón, y creo que justamente ésa es la motivación por la cual muchos hayan dado ese paso.

Y: ¿Entonces?

X: Normalmente aquellos intelectuales tienen delirios de grandeza…

Y: Ja ja. Eso me lo tienes que explicar.

X: No me quiero desviar del asunto que motivó esta conversación, así que sólo te diré que un intelectual que pretenda intervenir con su acción en la política tiene alguna certeza que esa verdad ya la ha encontrado. Por lo tanto, lo único que necesita para completar su misión es aplicarla, de otra manera no se explicaría el porqué de su interés de actuar, ya que la labor del intelectual es analizar, buscar interpretaciones, diagnosticar. La política, bajo ninguna razón, puede ser el mejor lugar para hacer eso, y si se hace, se realiza con fines eminentemente prácticos, como un estudio de impacto ambiental antes de explotar una mina, esos estudios no tienen pretensiones intelectuales.

Y: ¿Qué crees que podría perder el intelectual de ser político, aparte de la credibilidad, si falla? Pues supongo que de equivocarse en sus acciones políticas no tendrá mucha autoridad intelectual para exponer sus futuras interpretaciones.

X: A eso es lo que quería llegar desde un principio. El intelectual sabe que ese proceso de ser parte de la esfera política implica la búsqueda del poder, ¿no es así? Y, para obtenerlo, tiene que ejercer la manipulación, la dominación y la comunicación masiva entre quienes considera que son su público. En este proceso no podrá usar ninguno de sus instrumentos académicos, ni el lenguaje que le permite buscar esa verdad “académica”, ya que, de hacerlo, nadie lo entendería. De tal manera es que tendrá que adaptarse a otro lenguaje más simple, populachero, que en un principio usará para conectarse con la masa; no obstante, con el transcurrir del tiempo será sólo su medio de comunicación, perderá su capacidad de abstracción porque la obtención del poder —que se exige si se desea mantener en esta esfera— hará que todo su discurso esté condicionado para conseguirlo. Hombres brillantes han encontrado su sepultura intelectual en las lides políticas. En otras palabras, la política degrada al hombre académico, lo que antes era un hombre innovador que sólo obedecía a la búsqueda del conocimiento termina siendo un instrumento del poder. Quizás por eso los cambios drásticos vienen en parte de hombres iletrados, revolucionarios que se convencieron con poco conocimiento de una verdad que terminó degenerada en una enfermiza necesidad de conservar el poder.

Y: Y mientras más educados sean los hombres de política, no estarán tan convencidos de sus verdades.

X: Lo malo es que normalmente son educados, pero no inteligentes para darse cuenta de que, en los periodos en los que obtienen el poder, éste ha sido obtenido por una  promesa latente, por algo que no han realizado aún; sin embargo, ellos creen que esa elección se debe a sus propias capacidades como individuo. Esa concepción pervierte su ego y los embrutece.

Y: Pero ha habido grandes estadistas, hombres que fueron líderes de su tiempo y justamente por los que se les conoce es por su amplia visión política, como Julio César, Winston Churchill o Pachacútec, por decir algunos.

X: Es un buen punto. Es que ellos no aspiraban a tener una verdad académica, no eran intelectuales, por decirlo de una manera, eran estadistas conscientes del significado del poder, no le daban virtudes a la política que en realidad no tiene.  El político no puede ser un intelectual porque esta práctica lo atrofia, lo vuelve un imbécil. Por eso no se debe asociar al intelectual con un tipo de ser que puede trasladar su aptitudes a la política; pensar lo contrario es creer que el motor de una grúa puede mover un ferrocarril, cada uno tiene funciones distintas.

Y: Es decir que un político no debe aspirar a ser un intelectual, pero sí a ser un gran estadista.

X: Así es, y viceversa, un intelectual no debe aspirar a la política, sino a encontrar una verdad, aunque nunca lo logre o le tome toda su vida hacerlo. Como ves, si el intelectual es consciente de esto, no tendrá tiempo para pensar en ser el rey de su comarca.

 

 

 

Sobre el autor. Carlos Eduardo Luján Andrade (Lima – 1978) Ha publicado un poemario bifronte (Soundtrack / Miles de Misiles) el 2011, el primero obtuvo una Mención de Honor en los Primeros Juegos Florales Nacionales de la Universidad Peruana. También ha publicado virtualmente tres poemarios el 2012 (El Descenso de la Realidad, Clase de Anatomía y El Mundo Inventado). Ha dirigido revistas como El Círculo de Tiza, Lanceros y Poetas Inmortales Colectivo. También ha sido incluido en algunos libros colectivos de poesía. 

Ilustración de Ozzo Ozzbourne. Síguelo en su facebook.

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