Por Lourdes Lorence Quiñones

 

Premisa 1: México es un país que tiene una frontera de 3,185 km con Estados Unidos.

Premisa 2: Estados Unidos es el principal poder político y militar del mundo. Respecto al económico, su dominio está ya puesto en jaque por China (el resto de los BRIC un poquito después) y la Unión Europea.

Premisa 3: La economía mundial está basada en la fase ulterior de un sistema, que para fines didácticos, denominamos “capitalismo”. Dicha fase ulterior se basa en que las corporaciones multinacionales y los organismos económicos multilaterales (es un decir, pues, participan del reparto de poder post-Segunda Guerra Mundial – hegemonía de Estados Unidos – y están por enfrentar la misma competencia descrita en la premisa 2) determinan el funcionamiento, equilibrio de los precios y prioridades económicas de los estados nacionales.

Premisa 4: Nuestro estado nacional nunca participó del proceso denominado “Acumulación Originaria de Capital” (osea, capitalizarse teniendo colonias o anexando territorios por la vía militar y explotando los recursos y la población de dichas colonias/territorios o importando mano de obra esclava).

Premisa 5: Como no participamos del proceso económico de la premisa 4, somos un estado nación proveedor de mano de obra barata y materia prima, para alimentar el sistema descrito en la premisa 3.

Premisa 6: Somos además, un estado nación que evolucionó con uno de los mercados internacionales de mayor preponderanca en la actualidad: el narcotráfico y sus delitos asociados (trata de blancas, blanqueo de capitales, tráfico de armas, etc.). Pasamos de ser un país de paso a un país consumidor, productor y exportador de drogas. No se olvide que este papel fue alimentado por Estados Unidos el siglo pasado, para que nuestro país participara del financiamiento de la trama Irán Contra, que financió a la contra nicaraguese, en el intento de Estados Unidos por evitar que los sandinistas tomaran el poder en su país.

Premisa 7: La cooperación política de nuestro país (especialmente siendo frontera) es una de las prioridades geoestratégicas de nuestros vecinos del norte.

El PRI y el PAN han gobernado un país con estas características, básicamente porque garantizan la premisa 7 y porque no se meten con el negocio de la premisa 6 (ni sus asociados). De lo contrario, ante el primer intento de cambiarlo habríamos experimentado una situación como el golpe de estado en Honduras en 2009 (inmediatamente apoyado por Estados Unidos y España).

Con esto en mente, es completamente comprensible que lo escépticos del proceso electoral a llevarse a cabo el domingo 7 de Junio, tengan razones de sobra para argumentar que no hay ninguna razón para alimentar el sistema de partidos, especialmente cuando, más allá de todas las condiciones económicas, políticas y militares internacionales, nosotros vivimos el día a día de las consecuencias de tener un estado mafioso.

Y es un estado mafioso especialmente cruel con su oposición, con una maquinaria bien aceitada por la corrupción y la impunidad – que son una dupla indispensable de su operación -.

Ninguna de las opciones políticas de oposición en el terreno electoral, desafían directamente las premisas 5, 6 y 7 (ni tendrían la capacidad sin el país completo organizado) y funcionan bajo las mismas reglas del juego que las opciones “conservadoras” (por llamarlas de alguna manera).

Aun así, significan una gran diferencia respecto a la posibilidad a futuro de la operación macro de los fraudes económicos, que operados por el PRI y el PAN, han significado que además de todas las condiciones externas bajo las cuales funcionamos, estemos sometidos a la esclavitud fiscal por generaciones enteras; empobrecidos no sólo (y a menor escala) por la ratería de los funcionarios públicos, sino a partir de políticas públicas suicidas (a mayor escala) y fuera de toda lógica sustentable.

Hemos pagado sólo la mitad del FOBAPROA/IPAB, que integró dentro de sus pasivos, las deudas privadas de las compañías favorecidas por el compadrazgo mexicano. Es un delito increíble y los sanearon bajo nuestras narices. Es más, fue negociado por una persona (Felipe Calderón, entonces Presidente Nacional del PAN, grupo con los números en bancada suficientes para que ganara la negativa a aprobar la socialización de la deuda) ¡que luego fue Presidente del país!

Las mineras, los ferrocarriles, los bancos, las carreteras… nombren el sector y una búsqueda fácil en internet da respuestas sobre la forma en la que fueron vendidos y comprados fraudulentamente, por funcionarios priístas y panistas que luego son miembros de los consejos directivos de las empresas que los compraron; o dueños y socios de empresas que operan en el sector (como productoras, concesionarias o consultoras – de lobbying, principalmente -).

Es una verdad absoluta que el voto por sí mismo, no sirve ni servirá para cambiar nuestra forma de gobierno. La única manera de cambiar algunas de estas cosas de manera profunda, es acompañar el voto con el movimiento social, la organización, el papel activo ciudadano.

Sin embargo, esto no va a suceder mientras gobierne el sector conservador de nuestro sistema político, simplemente porque ellos no tienen ningún problema con echar mano del ejército y la combinación de policías locales-estatales-federales con el crimen organizado para reprimir, asesinar, desaparecer a la oposición no electoral, que es mucho más combativa y plantea cambios mucho más profundos.

No hay respuesta fácil. No hay partidos perfectos y libres de corrupción en ningún lugar del mundo, lo que tenemos ahora es la posibilidad de comenzar a pavimentar el terreno, para que el movimiento social tenga menos resistencia oficial, que en este momento cuanta con poder y voluntad de fuego; y a partir de ahí, desde la ciudadanía, comencemos a construir un estado más digno.

El movimiento social que viene empujando los cambios, está luchando por la democratización de los medios, la inclusión real de las comunidades indígenas que son parte del presente nacional, y que son además propietarias de tierras ricas en materias primas (oro, plata, minerales, bosques, etc.). Lucha también por la inclusión de los sectores marginados social y económicamente, por la democratización de los sindicatos, porque ya no haya más Romero Deschamps, ni Víctor Flores o Elba Esther Gordillo. Lucha por conservar los recursos estratégicos y por lo tanto, la autonomía económica del proyecto nacional.

Esta lucha vale la pena y no va a haber cambio pacífico sin el empujón del sector electoral, que además está integrado por algunas personas que también participan del movimiento social y sus causas.

Si dejamos pasar este momento, en cuanto el PRI gane, viene la privatización del agua (ya se aprobó este cambio en Comisiones en el Congreso).

No pretendo ser alarmista, no hay forma de ponerse apocalíptico en un país que, sin tener conflicto armado declarado, es el país de las fosas, los desaparecidos, los desplazados, los reprimidos, los despojados… esto ya es el apocalipsis y este es el momento para comenzar a cambiarlo.

 

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