Por Gilberto Nava Rosales

I’m ready for everything but that scent.

Sin City

 

I. Turbo Lover by Judas Priest

“Uno debe comenzar por admitir los vicios personales; por ejemplo, el mío recae invariablemente en el voyerismo”.

Ese idiota había sacado la carta indispensable. Salimos tarde hoy, viernes, y decidimos beber hasta la guacareada y más allá. Después de dos cervezas, mi amigo se me antojaba imbecilísimo: dos minas buenas (en toda la extensión de la palabra) habían insistido en acompañarnos, a nosotros, los Poetas del instituto. No cabe duda: la moda hipster beneficia a los nerdos. Para ser atractivo en estos lares no se requiere demasiado: llevar la bandera de izquierda, decir que uno escribe (aunque uno no publique ni en blogspot), que a uno le encanta el jazz y la pintura, despotricar contra el mal sistema educativo, dejarse el cabello largo y usar gafas (mejor aún si la miopía no es fingida). Por fortuna, los dos reuníamos las características precisas.

“… voyerismo”.

Voyerismo, ¡qué raro suena esa palabra! Vo-ye-ris-mo (decila con acento argentino, che, suena mucho más delicioso ese “ye” y la ese aspirada hasta parece un breve ahogo, como si decirla ocasionara inevitablemente un orgasmo en el paladar, una palabra que te hace terminar y trae breve charla postcoital en la última sílaba: “mo”, “mo”re? Yes, more and more and more and…).

Ya sé lo que esa frase significa: terminaré en otro video haciendo un cuarteto. «Material de análisis para relaciones interpersonales entre dos o más personas completamente ellas mismas, como las echaron al mundo pues, para ver cómo se relacionan en esto que dicen que es lo que nos quedó tras perder el paraíso». Sí, che, te lo compro (dame dos); como sea, pásalo, que según vos debemos admitir los vicios, ¿no? Ambos sabemos que en realidad es material para otros análisis de índole táctil, para no perder la costumbre ni la certeza de que uno mismo se basta para estos menesteres en urgencias extremas.

Vamos hacia “el depa”, un piso rentado que amueblamos antiminimalistamente (para vernos nada mainstream); una especie de galería. Todas las piezas exhibidas consistían en “arte reciclado”: chatarra que se sueña/finge arte. El colmo del ornamento: colillas de cigarros desperdigadas por doquier «Es un performance doiéstico, tío». ¿No me digás? «Somos los nuevos psicólogos de conducta social, boludo, no te pongás así».

Las dos chicas hablan con él. Yo camino detrás del grupo como un espectro al que jalan; un íncubo, juguete de Caín y anexadas para su ritual de fertilidad. No miré el calendario por pavor de ver la fecha 30 de Abril y confirmar otros temores: ser realmente un diablo vulgar que (según la tibia labia de la RAE) tiene comercio con mujer. (Hasta los demonios tenían limitado su accionar, ¿por qué no súcubos lésbicos? ¿Por qué no íncubos gay? Hasta de los ínferos se hizo un lugar sexista).

“Llegamos”.

– ¡Ya era hora!

– Después de esta caminada tendrás que volver a convencernos.

“Tranquilas, niñas, tengo un par de ideas”.

Ya me sabía la rutina: a la más agotada le daría un masaje de pies (fetiche ineludible tanto para quien lo da como para quien lo recibe) mientras la otra observaría disimuladamente entre trago y trago de vino tinto (tiene que ser vino tinto, del barato, pero tinto). En realidad, no había que reconvencer: cuando se llega a la puerta con intenciones de cruzarla, se ha llegado al punto sin retorno; si lo cruzan, lo demás será coreografía, afán lúdico.

“Los condones” dice y pienso al unísono que mi colega. Los malditos condones. Nos gastamos la guita en las bebidas, pagamos cuentas hace poco y la despensa necesitaba un refill. Rezamos (los cuatro) porque haya un par en alguna alcoba.

“¡Bendito Dios!” (aunque uno sea ateo). Hallé una caja de doce a la mitad. Al menos para tres horas bastarían. Aunque, seamos honestos (recuerden, hay que admitir nuestros vicios): con las copas encima y con el cuerpo que se cargan éstas dos, será un milagro no tener que recurrir (al unísono para no romper costumbre) a la frase “Juro que es la primera vez que me pasa, dame un par de minutos”. Hasta Night Owl y Silk Spectre se reirían.

 

II. Lover Man by Charlie Parker

No. Carajo, no. No me quités la camisa aún. Mierda. ¿Por qué ese jodido afán de lamer mi oreja? ¿Qué pitos te ha hecho mi oreja para que la tratés así?

Leves gimoteos al oído. Mi soundtrack es una mala película porno.

Tengo la mala costumbre de ver la videograbadora cada quince minutos (está documentado en nuestra in-ves-ti-ga-ción).

Toco su boca, con dos dedos toco el borde de su boca, voy dibujándola hasta que abre su boca y de a poco engulle las uñas… No. Simplemente no. No en escala Farenheit. No en escala Kelvin.

«Los humanos son sencillos. Mirá. Hoy invitamos a un par de tíos y nos los tiramos frente a la cam. Mañana levantamos a dos minas (una colega y la otra no). Pasado mañana pillamos a dos primas (completas desconocidas para nosotros). Al día siguiente a una pareja curiosa (hetero o bisexual). Este es un país de malcogidos, ¿no lo ves? Todos y cada uno de ellos son unos malcogidos; por ende (aunque no necesariamente) son malcogedores». ¿Cuánta razón tiene ese hijo de puta? «El sexo se equipara a la muerte desde Freud y, diga lo que digan sus detractores, eso es inegable. Bataille lo confirma: el inicio de la vida y su final poseen la misma característica básica, el dolor suprahumano. Nosotros aún no somos malcogedores aunque nos han tocado malas experiencias, ¿que no? Pero así, de a poco en poquito se va cambiando el universo: una pareja de cópula (mínimo) por día». No pugna por la liberación sexual: este hippie quiere la revolución como ETS.

 

III. Pequeñas cosas by Willie González

Quiere un cunnilingus. Accedo. En realidad me encanta esa parte: nunca lo esperan, nunca lo piden, sólo miran con ojos encendidos que reclaman la misma atención que ellas han tenido minutos antes; además tiene ventajas fisiológicas y sensitivas: ellas llegan múltiples veces y uno puede volverse Ulises regresando a Ítaca infinitamente.

Su vientre sabe a pan (ya había probado uno así antes), pero su sexo… No. No puede ser. Nunca.

Willie González resuena en mi cabeza: “No es casualidad que tú y yo nos encontremos”. “Dios no juega a los dados”. Y quiero morir en su piel, quiero morir en su piel, que no es la piel que debería ser, pero huele igual (¿Por qué no volverse Jean Baptiste Grenouille?). Su cuerpo (no el que tengo debajo, sino el otro) me dice “no podrás escapar de mí”. Yo digo que no importa mientras tenga ese cuerpo de seda. Su boca en mi boca, su pecho en mi pecho, amarnos sin freno. Veo su cara (por primera vez desde que nos desnudamos). “Hazme olvidarla, por favor, hazme olvidarla” susurro “hazme sentir que no es la única mujer”. Ella no entiende. Pobre. Nunca entendería, ¿para qué explicarle? Si Eddie Santiago ya pone en mi boca la frase definitiva: “devórame otra vez”. – ¿Qué? “Ven, devórame otra vez, que la boca me sabe a tu cuerpo”. Ella no entiende pero hace. Y la dejo hacer.

Quiero saciarme otra vez de ella. “Déjame saciarme de ti” susurro sin querer. Ella entiende otra cosa. (No pilla, pobre, no puede). Acomoda su cuerpo. Somos el signo de cáncer.

 

IV. Fields Of Desolation (Outro) by Arch Enemy

Tenemos más material de filmación, digo, de investigación. Me agradecen la velada. Detesto eso: una vez leí que dar las gracias era como pagar con tarjeta de crédito por prostitución. I don’t feel cheap.

Ella me mira. Nos volvemos a preguntar nombres. Doy mi pseudónimo de potencia sexual latinoamericana. Ella me responde aquel que pone en su credencial. Mariela.

El nombre lo explica todo. Mariela. Explica las ansías. Me permite saber por qué mi orgasmo supo a inconclusión perfecta. Por qué ese vientre sabía tan nuevo y tan conocido y especialmente explica el aroma tan suave (casi imperceptible) como era/como seguramente debió ser. Estúpidos amores pasados remotos y no tanto. Todos inconclusos, aún si se llegó a la alcoba. Siempre quedan inconclusos, perpetuamente inconclu…

Tenés razón, loco pervertido, claro que la tenés. Tras esta noche algo cambia: algo muere inevitablemente (y esperemos que nada nazca).

“Che, me voy. Tengo cosas que hacer. Ahí nos vemos”.

Tenés razón, loco pervertido, claro que la tenés.

 

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